Impunidad de colonos, un azote en Cisjordania

La política de Benjamín Netanyahu alienta la violencia contra la población palestina, despojada de sus tierras.
Una familia palestina fue quemada por un ultraortodoxo israeli.
Una familia palestina fue quemada por un ultraortodoxo israeli. (Ammar Awad/Reuters)

París

Antes incluso de las conclusiones de la investigación policial, el jefe del gobierno israelí denunció "un acto de terrorismo en todos los sentidos" y su ministro de Defensa estigmatizó la acción de "terroristas judíos". Pero Benjamín Netanyahu y Moshe Yaalon tendrían que haber ido más lejos y preguntarse sobre una tragedia inseparable de la política que ellos llevan a cabo. Porque el atentado del 31 de julio —un bebé de 18 meses quemado vivo, sus padres entre la vida y la muerte, con quemaduras en 90 por ciento del cuerpo, y un segundo niño, de cuatro años, también herido gravemente— está, de una u otra manera, ligado a la colonización continua de la Cisjordana ocupada.

Es sobre la base de esta política que Netanyahu se hizo reelegir, en marzo, para un cuarto mandato, al frente de un gobierno de derecha y de extrema derecha, que promueve, oficialmente, la expansión ininterrumpida de las colonias judías en territorio palestino. Nunca el "partido de los colonos" había estado tan fuertemente representado en un gobierno en Jerusalén.

Esta realidad política abre la puerta a todos los desbordes. Desde hace meses, sino años, que las autoridades han demostrado indulgencia en relación con los colonos que, a nombre de quién sabe cuál derecho divino, se entregan a agresiones y actos de vandalismo contra los palestinos. Armados, los colonos dicen actuar a título de "venganza" —una manera de denunciar los obstáculos que pueden encontrar, de parte de los palestinos o de las autoridades israelíes, en la extensión de la colonización—. Sus malas acciones quedan, la mayoría de las veces, impunes ya que disponen de vínculos al más alto nivel del Estado.

La política de los asentamientos contiene en sí misma el tipo de drama que tuvo lugar a primera hora del viernes en Duma, en el norte de Cisjordania. Según los responsables de la seguridad israelí, los colonos arrojaron cocteles Molotov por las ventanas de dos casas del poblado. Antes de huir, escribieron en los muros: "el precio a pagar" y "venganza". Tal vez se trataba de "vengar" la destrucción por el ejército, el 29 de julio, de dos viviendas construidas ilegalmente en la colonia de Bet El a raíz de una decisión de la Corte Suprema israelí.

Pero como para "compensar" esta decisión, Netanyahu anunció, el mismo día, la construcción inmediata de 300 nuevas viviendas en la parte "legal" de la colonia de Bet El, por convicción o para apaciguar a la ultraderecha de su mayoría parlamentaria. En el fondo poco importante, el resultado es el mismo: la reafirmación de una voluntad de anexar una buena parte de Cisjordania, como lo reclaman los partidos en el poder. Esta política hace dudar de la voluntad del gobierno de llegar a algún acuerdo de paz con los palestinos, y no pude desembocar más que en un aumento de la violencia —de una parte y de la otra—. Tampoco responde a ningún objetivo de seguridad, al contrario sino que es el producto de una ideología que alimenta a todos los extremismos –la cual, hace veinte años, llevó a un joven colono a asesinar al primer ministro Isaac Rabin.

El "partido de los colonos" es un azote para los palestinos de Cisjordania, pero también supone un perjuicio para su país.