El Estado Islámico expande sus dominios /y II

Para el Pentágono, el reto que supone la ofensiva de los yihadistas ultrarradicales y mesiánicos del grupo EI en Irak y Siria sigue en pie, cuando la estrategia de Barack Obama parece no estar ...
Desplazados sunitas de Ramadi son auxiliados por militares.
Desplazados sunitas de Ramadi son auxiliados por militares. (Yuri Gripas/Reuters)

Washington

El reemplazo, bajo la presión de la administración Obama, del primer ministro iraquí Nuri Maliki por Haider Abadi, un chiita al igual que Maliki pero presuntamente menos sectario que su predecesor, sumado a los 3 mil 900 raids aéreos llevados a cabo por la coalición militar encabezada por Washington, de los cuales 2 mil 400 fueron sobre Irak –el resto en Siria, también contra el Estado Islámico (EI)– y el envío de 3 mil soldados y consejeros militares estadunidenses, no han permitido sin embargo al ejército regular de Abadi golpear de manera perdurable la máquina de guerra yihadista.

Hasta ahora, Washington limitó su implicación en Irak a una campaña de bombardeos aéreos. Primero para contener el empuje del EI, luego desmantelar su estructura económica, en particular sus filiales de exportación de petróleo y finalmente para apoyar las contraofensivas en tierra del ejército iraquí como en Tikrit, en marzo. Obama excluyó el envío de tropas de tierra fuera de ataques específicos como el que condujo el sábado en Siria, cerca de Deir ez-Zor. Diversos cuadros del EI fueron muertos durante esa operación especial, entre ellos Abu Sayaf, presentado como el responsable del aprovisionamiento de hidrocarburos.

Pero esta táctica ha tardado en rendir sus frutos. La reconquista de Tikrit no hubiera sido posible sin las milicias chiitas, cuyo rol ha sido determinante, aun cuando su movilización haya complicado la coordinación con el ejército estadunidense, que ve con malos ojos a los grupos paramilitares, compuestos en ocasiones por oficiales iraníes, que intentan amedrentar a las poblaciones sunitas. El gran ataque a Mosul, anunciado para la primavera, fue enviado así a las calendas griegas.

Para el secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, así como para el próximo jefe del estado mayor, Joe Dunford, nombrado el 5 de mayo y que debe ser confirmado por el Senado, el desafío sigue ahí.

Se considera que el Estado Islámico es hoy por hoy el actor militar número uno en la inmensa zona sunita, que se extiende sobre las provincias de Al Anbar en Irak y de Deir ez-Zor en Siria, donde el EI dispone de un bastión muy valioso.

Además de los abundantes depósitos de armas, que tal vez no tarden en ser empleadas en el campo de batalla, la toma de la ciudad iraquí de Ramadi le confiere también al EI una victoria psicológica muy importante en el duelo a distancia que lo opone a Arabia Saudí. La renovación sunita que se esfuerza en encarnar el rey Salman y su entrada en guerra contra las milicias pro-iraníes (chiitas) en Yemen, fueron muy aplaudidos en los medios islamitas sunitas, en ocasiones sensibles al discurso violentamente antichiita de Abu Baghdadi, el jefe del EI.

Esta ofensiva, así como los progresos de los rebeldes que luchan contra el presidente sirio Bashar Asad [pro iraní, N. de la T.] en el norte de Siria, han desestabilizado al EI, que gusta de presentarse como la única fuerza que combate a Irán en la región. Al conquistar Ramadi, los yihadistas se han colocado en la primera línea del combate contra el gobierno de Irán.