Irak elige su parlamento mientras violencia deja 57 muertos

Las fuerzas de seguridad comenzaron a votar dos días antes de los primeros comicios legislativos en el país árabe, en los que el primer ministro, el chiita Al Maliki, candidato a un tercer ...
Una iraquí residente en el área metropolitana de Detroit deposita su voto para las elecciones de Irak en Dearborn, Michigan
Una iraquí residente en el área metropolitana de Detroit deposita su voto para las elecciones de Irak en Dearborn, Michigan (AFP)

Bagdad

Las fuerzas de seguridad iraquíes comenzaron a votar dos días antes de las primeras elecciones legislativas tras la partida en 2011 de las tropas estadunidenses del país, donde hoy murieron al menos 57 personas en ataques contra colegios electorales. El primer ministro, el chiita Nuri al Maliki, candidato a un tercer mandato, es el favorito a pesar de las múltiples críticas y la cólera del pueblo, provocada por un elevado desempleo endémico, la corrupción y la carencia absoluta de servicios públicos. A todo esto se une además el recrudecimiento de la violencia.

Este lunes, último día de la campaña electoral, estuvo marcado por varios ataques sanguinarios contra oficinas electorales y convoyes del ejército cuando se dirigían a votar. Más de 70 personas resultaron heridas, según fuentes policiales y sanitarias. El ataque más mortífero, que dejó al menos 30 muertos, tuvo lugar en Janakin, una ciudad iraquí poblada mayoritariamente por kurdos, cerca de la frontera con Irán.

Un kamikaze hizo estallar su cinturón de explosivos cerca de un grupo de personas que se habían reunido a ver un video que al parecer mostraba al presidente iraquí, el kurdo Jalal Talabani, votando por anticipado en Alemania, donde está hospitalizado desde 2012. En un colegio electoral al oeste de Bagdad, un atentado suicida dejó al menos siete policías muertos y 15 personas heridas.

En Kirkuk, un kamikaze hizo detonar su carga en otra mesa de votación matando a seis policías, según responsables de seguridad. También se llevaron a cabo ataques en Tuz Jurmatu, al norte de Bagdad, Mosul (norte) y Ramadi, 100 km al oeste de Bagdad, que dejaron una quincena de muertos. Los iraquíes residentes en el exterior votaban a partir del domingo, y las fuerzas de seguridad desde el lunes para poder controlar y vigilar el desarrollo de las actividades del miércoles.

Por temor a los ataques, las autoridades decretaron cinco días feriados -desde el domingo hasta el jueves- para intentar brindar mayor seguridad a estas elecciones en las que están convocados más de 20 millones de votantes. La espiral de violencia ha ubicado la cuestión de la seguridad en el centro de los debates, por lo que Maliki y su partido, Alianza para el Estado de Derecho, han basado su campaña en la necesidad de unirse respaldando al gobierno para poner fin al actual baño de sangre.

En 2010, Maliki no fue refrendado en su puesto hasta ocho meses después de las elecciones, tras unas largas y difíciles negociaciones entre los diferentes grupos políticos. Este escenario podría repetirse, en particular por la aparición y multiplicación de pequeños partidos de inspiración religiosa o tribal, algo que fue denunciado por la ONU, que ve esto como un "mayor factor de división".

A pesar de ser acusado de corrupción, y tildado de "dictador" por sus detractores, en particular los miembros de la minoría sunita, que se considera discriminada por las autoridades chiitas, Maliki continúa siendo el favorito frente a una oposición dividida y por la ausencia de un potencial sucesor, subrayan los analistas y diplomáticos.

Los desafíos para el próximo gobierno son numerosos, desde la seguridad y el petróleo hasta "las relaciones entre sunitas, chiitas y kurdos", destaca Ayham Kamel, director para Oriente Medio y norte de África del Eurasia Group consultancy. Estas elecciones tienen lugar en un momento particularmente violento. Unas tres mil personas han muerto en atentados en lo que va del año, sin que el ejército ni la policía, muchas veces blanco de estos, hayan podido contenerlos.

La violencia está particularmente alimentada por la guerra civil en la vecina Siria, que desde hace tres años enfrenta a los rebeldes, mayoritariamente sunitas, con el régimen de Bashar al Asad, dominado por un clan alauita, una rama del islam chiita. Muchos iraquíes, tanto chiitas como sunitas, se han embarcado en los combates, ya sea apoyando al gobierno o a los rebeldes.

Desde hace varios meses, miembros del grupo sunita del Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), aliados con tribus e insurgentes, tomaron la ciudad iraquí de Faluya (a 60 km al oeste de Bagdad), y algunos barrios de la ciudad de Ramadi, en la provincia de Al Anbar, e intentan aproximarse a la capital. El único elemento positivo de la situación actual en Irak es que la producción de petróleo ha aumentado.

Sin embargo, esta buena noticia sólo ha servido para alimentar la cólera de los electores, que lamentan que el aumento de las exportaciones de crudo no tenga casi ninguna incidencia en el mercado laboral, y que los ingresos por la venta de petróleo sean desviados a causa de la corrupción masiva que impera en el país.