Hungría, ¿una ventaja en el juego de Putin?

A pesar de formar parte de la Unión Europea, el gobierno de Budapest se encuentra bajo la influencia de Moscú.
Las ideas del presidente ruso, Vladimir Putin, ven en Hungría una carta interesante en su crisis con la UE.
Las ideas del presidente ruso, Vladimir Putin, ven en Hungría una carta interesante en su crisis con la UE. (Alexey Druzhinin/AFP)

Viena

Hungría, que tomó las armas en 1956 contra la tutela soviética, se ha convertido en una carta ventajosa en el juego del presidente ruso Vladimir Putin, aunque el país sea parte de la Unión Europea (UE) y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Esta paradoja, cuando Europa enfrenta una crisis aguda con Rusia, se acentuó con los resultados de las legislativas del 6 de abril. Los ganadores del escrutinio, el partido Fidesz del nacionalista conservador Viktor Orban (44.5%) y el Jobbik, el partido de extrema derecha de Gabor Vona (20.3%), denuncian al unísono la derrota moral de Occidente y se encuentran, en distinto grado, dentro de la esfera de influencia de Moscú, punta de lanza de la "unión eurasiana".

En la actualidad, el Fidesz no necesita del Jobbik para gobernar. Pero la situación podría cambiar en caso de un agravamiento de los problemas económicos.

Los vínculos del Jobbik con Moscú no han dejado de reforzarse, según el análisis publicado, bajo el título de The Russian Connection, por el Political Capital Institute de Budapest.

Moscú aparece como el principal mecenas del partido Vona, en virtud de lo que la "doctrina eurasiana" de Putin, expuesta en 2011 en el periódico Izvestia, llama los "medios activos" para sostener a los partidos "amigos" en toda Europa.

En su programa de 2010, el Jobbik subraya la importancia de las buenas relaciones con "una Rusia cada vez más influyente". En mayo de 2013, durante una conferencia en la universidad Lomonosov de Moscú, Vona presentó a Rusia como la guardiana de la herencia europea, a diferencia de la Unión Europea (UE) que sería el "traidor". Todavía en 2013, durante la reunión, en Kaliningrado, del Grupo de trabajo interparlamentario Rusia-UE, el diputado europeo del Jobbik, Bela Kovacs, le preguntó a un senador ruso si veía "una posibilidad, en el futuro, de que un país miembro de la Unión Europea pudiera iniciar negociaciones con vistas a adherir a la 'unión euroasiana'".

Como numerosos partidos de extrema derecha, el Jobbik quiere participar en el Foro Nacional ruso previsto en San Petersburgo, el 4 y 5 de octubre próximo. Los objetivos de ese vasto encuentro (mil 500 invitados) son definir una "nueva doctrina nacional para Rusia y Europa".

La derecha extremista húngara ama a Putin —lo mismo que Orban admira al hombre fuerte de Turquía, Recep Erdogan—. Ella se puso de su lado en la controversia sobre Ucrania, como ya lo había hecho en 2008 durante el conflicto armado entre Rusia y Georgia.

La anexión de Crimea y la perspectiva de una estructura federal en Ucrania le permiten soñar una suerte similar para los territorios habitados por las minorías magiares, separadas de Hungría por el tratado de Trianon en 1920 después de la Primera Guerra Mundial.

¿Pero qué hay respecto del Fidesz? Antes de regresar al poder, en 2010, Orban construyó su leyenda sobre el discurso que pronunció en junio de 1989 en Budapest para exigir la salida de los soldados soviéticos. "Luego Putin tomó conciencia de que Orban podía ser un aliado muy útil", dice Peter Balazs, ex canciller y ex representante de Hungría en Bruselas.

En pleno auge de las tensiones en Ucrania, a mediados de enero, Orban firmó un contrato de 10 mil millones de euros con Moscú para aumentar la capacidad de la central nuclear de Paks, un verdadero caballo de Troya introducido por Moscú en la fortaleza europea.

La sorpresa provino de la precipitación de Orban, que afirmó que no tomaría ninguna decisión antes de las legislativas. Aún hoy se desconocen las razones de esta opción estratégica. ¿Se trató de engatusar a Moscú a fin de obtener mejores tarifas para el gas ruso?

Balazs, que negocia desde hace tiempo la adhesión de Hungría a la UE, ve los motivos de manera más pragmática: "La tecnología nuclear será aportada por los rusos. A los húngaros, les quedará el cemento. Pero cantidades fenomenales de cemento", dice. No obstante, el rey del cemento en Hungría, Lajos Simicska, dueño de la empresa Kozgep, es un amigo de larga data de Orban. Si esta hipótesis es la correcta, arroja una luz siniestra: porque lo más inquietante, destaca un diplomático en activo en Budapest, es menos la penetración electoral del Jobbik, que el surgimiento, dentro de la UE, "de un sistema oligárquico" semiautoritario sobre el modelo de la Rusia de Vladimir Putin.