Hollande se defiende de las críticas de Trierweiler

El presidente de Francia, que este mes bate ya récords de impopularidad, rechazó las acusaciones lanzadas por su ex pareja en su libro, como su insensibilidad con los pobres, y lamentó los ataques ...
El presidente de Francia, Francois Hollande, se defendió de las críticas de su ex pareja desde la cumbre de la OTAN en Newport, Gales
El presidente de Francia, Francois Hollande, se defendió de las críticas de su ex pareja desde la cumbre de la OTAN en Newport, Gales (AFP)

París

El presidente de Francia, François Hollande, se defendió hoy de las críticas lanzadas por su ex pareja Valérie Trierweiler en su libro Merci pour ce moment, y lamentó que su contenido haya atacado la función presidencial.

"No aceptaré jamás que se pueda cuestionar el compromiso de toda mi vida, de todo lo que ha fundado mi vida política, mis compromisos, mis responsabilidades, los cargos que he ejercido", dijo en una conferencia de prensa al término de la cumbre de la OTAN en Newport (Gales) transmitida por la cadena de televisión BFM.

La obra de Trierweiler, con una tirada de 200 mil ejemplares y que ya ha agotado sus existencias en la mayoría de los puntos de venta, cuenta su versión de la relación y de la ruptura, pero ataca también a su imagen pública al desvelar su supuesta hipocresía y su obsesión con los sondeos.

Uno de los extractos que más repercusión ha alcanzado en Francia ha sido aquél en el que la periodista revela que Hollande desprecia en privado a los más desfavorecidos y se refiere a los pobres como "los sin dientes", una expresión que se ha vuelto viral en las redes sociales.

"No dejaré que se cuestione la concepción de mi acción al servicio de los franceses, y principalmente la relación humana que tengo con los más frágiles, los más modestos, humildes, pobres, porque estoy a su servicio y porque esa es mi razón de ser", indicó el presidente desde Gales.

Hollande subrayó que "la función presidencial debe respetarse", no para defender a la persona que esté al frente de Francia, sino porque respetar esa función, en su opinión, es preservar las instituciones del país.

El jefe del Estado galo se defendió también de quienes plantean dudas sobre su continuidad en el poder ante el elevado nivel de impopularidad que arrastra en las encuestas, que está en mínimos históricos desde comienzos de 2013.

"Fui elegido para cinco años. Estoy a mitad de mandato y no hay sondeo, por difícil que sea, que pueda interrumpir el mandato que da el pueblo al presidente de la República", añadió Hollande, quien destacó también que su deber no es ceder a la presión, sino solucionar "las grandes cuestiones" que se le presenten a Francia.

Récord de impopularidad

Hollande descartó que sus niveles récord de impopularidad en Francia puedan provocar su abandono del poder. "No hay sondeo que pueda interrumpir el mandato que da el pueblo", dijo. Hollande afirmó también que está "al servicio de los más pobres", lo que es su "razón de ser". Hollande dará una gran conferencia de prensa el próximo 18 de septiembre.

Hollande vive el período más sombrío de su mandato, con una impopularidad récord, desastrosas revelaciones sobre su vida privada y una economía nacional estancada. "¿Hasta dónde puede aguantar el presidente"? se preguntaba hoy el diario conservador Le Figaro. "Inexorablemente, se acerca el momento en que François Hollande se hallará totalmente paralizado (...). Ese día, habrá que darle la palabra a los electores", asegura.

Hollande, que asumió la presidencia en mayo de 2012 tras ganar las elecciones presidenciales al anterior jefe de Estado, el conservador Nicolas Sarkozy, ha vivido dos semanas devastadoras, política, económica y personalmente. El primer choque se produjo el 25 de agosto, cuando el primer ministro Manuel Valls presentó la dimisión de su gobierno, tras días de duras críticas del ministro de Economía Arnaud Montebourg contra la propia política económica del ejecutivo.

El nuevo gobierno, que sigue presidido por Valls, marcó un claro giro liberal, dejando de lado al ala izquierda del partido socialista, buena parte del cual se identifica cada vez menos con la política económica del gobierno. Solo nueve días después de ser nombrado, el secretario de Estado de comercio exterior tuvo que dimitir el jueves, debido a problemas con el fisco.

Pero este incidente es menor si se compara con las mediocres estadísticas económicas y sociales, que ensombrecen la presidencia de Hollande: un crecimiento nulo y un récord histórico de desempleo (casi el 11%). Desde la elección de Hollande hace algo más de dos años, Francia cuenta con 500 mil nuevos desempleados.

El golpe de gracia

Finalmente, llegó esta semana lo que la prensa francesa ha llamado el "golpe de gracia": la inesperada aparición del libro de la ex primera dama Valérie Trierweiler, de la que Hollande se separó en enero. Se trata de un despechado ajuste de cuentas, en el que Trierweiler relata situaciones y anécdotas incómodas y algunas hasta devastadoras para el jefe de Estado francés.

El gobierno francés ha intentado una contraofensiva para desacreditar el libro, presentado como una grotesca diatriba. Pero la curiosidad ha podido más que la "dignidad" reclamada por Valls, y el libro, en su primer día de ventas el jueves, se convirtió en el máximo "best seller" de los últimos cinco años en Francia.

Bajo mínimos

Los últimos sondeos de opinión reflejan la precaria situación de Hollande: según el barómetro de TNS-Sofres para el Figaro Magazine --realizado antes de la "bomba" provocada por el libro de Trierweiler-- la popularidad del jefe de Estado cayó cinco puntos en dos meses, a apenas un 13%, récord histórico para un presidente. "Su nivel de popularidad es tan bajo que difícilmente puede caer más", admite el politólogo Philippe Braud.

Por delante, le queda a Hollande un programa complicado: el 16 de septiembre, el gobierno tendrá que afrontar un voto de confianza en el parlamento sobre su política general. Los socialistas tienen mayoría absoluta en la asamblea (290 escaños sobre un total de 577), pero hay que contar con unos 40 diputados rebeldes del ala izquierda del partido.

Si estos críticos con la política gubernamental hacen caer al gobierno de Valls, una disolución del parlamento sería inevitable, y catastrófica para el Partido Socialista que claramente perdió las pasadas elecciones europeas y municipales ante la derecha y la extrema derecha.