Hillary, candidata natural del Partido Demócrata/I

La ex canciller y ex primera dama lleva una ventaja amplia sobre el resto de candidatos potenciales en su campo.
La ex secretaria de Estado ayer en campaña.
La ex secretaria de Estado ayer en campaña. (Rick Wilking/Reuters)

Washington

Muy pronto vendrá el tiempo de una nueva decisión difícil. Con esta frase concluyen las memorias de la ex secretaria de Estado publicadas por Hillary Clinton en 2014, Hard Choices (Tiempo de decisiones, Fayard). Ese tiempo ha llegado.

Tras haber formado un equipo y alquilado locales de campaña en Brooklyn, Clinton oficializó su candidatura el 12 de abril.

En el fondo, nadie dudaba de la voluntad de la ex primera dama de volver a intentarlo luego de la dolorosa derrota durante la carrera por la investidura en 2008, cuando partió como favorita.

Clinton, entonces senadora del estado de Nueva York desde su elección en 2000, fue desbordada por la campaña de un joven senador de Illinois elegido en 2004, Barack Obama, que apareció muy tarde como potencial outsider, siendo el menos experimentado de los ocho candidatos inscritos en las primarias.

Ocho años más tarde, con 67 años, la ex diplomática se lanza a la contienda con otro contexto.

Desprovista de cualquier función oficial desde hace tres años [cuando debió dejar la secretaría de Estado por razones de salud, N. de la T.], Clinton domina la competencia de una manera aún más aplastante que en 2008.

Un promedio de las intenciones de voto medidas desde hace varias semanas le dan un avance de 40 puntos respecto de un puñado de candidatos potenciales de los cuales ninguno, hasta ahora, se ha atrevido a salirle al paso.

La polémica surgida el 2 de marzo, después de la revelación de The New York Times del uso exclusivo de una dirección y de un servidor personal para su correspondencia electrónica durante sus cuatro años pasados en Foggy Bottom, el barrio de Washington donde opera el Departamento de Estado, no ha llegado a cuestionar, por el momento, ese estatus, aunque ha hecho resurgir en cambio una crítica a la personalidad de Clinton que sus años en el Senado y en la cancillería habían hecho pasar a un segundo plano: la de esposa manipuladora y obsesionada por el secreto, un ataque que surgió a raíz del escándalo inmobiliario Whitewater que manchó el primer mandato de su marido en la Casa Blanca.

La hoy señora Clinton pone de relieve una debilidad del campo demócrata: su capacidad coyuntural para hacer emerger nuevas figuras carismáticas, John Edwards en 2004, o bien Obama cuatro años más tarde.

Este último "congeló" a su partido en 2012, seguro de recibir automáticamente la segunda investidura. Al mismo tiempo, una nueva generación de republicanos emergió gracias a los éxitos obtenidos durante las elecciones de medio mandato, en 2010 y en 2014, tanto en el Senado de Washington como en los puestos a gobernador.

Los republicanos son por otro lado mayoritarios también tanto en el Senado como en la Cámara baja y al frente de los estados (cerca de dos tercios de los gobiernos son republicanos). Entre los candidatos potenciales se encuentran Martin O'Malley, Joe Biden, Bernie Sanders y Elizabeth Warren.