Dividida, Grecia decidirá hoy su futuro en las urnas

Diez millones de electores estan convocados para aceptar o rechazar las condiciones de los socios europeos y el FMI para el rescate financiero del país.

Atenas y Berlín

Divididos, los griegos observaron ayer una jornada de reflexión, la víspera de un histórico referendo que determinará el destino del país en la zona euro y la suerte del gobierno de izquierda de Alexis Tsipras.

Tras una campaña de apenas una semana, los griegos votarán hoy "sí" o "no" a las condiciones planteadas por los acreedores (la UE y el FMI) para cerrar un acuerdo que siga cubriendo las necesidades financieras del país.

Después de cinco años de profunda crisis, la población está muy dividida ante la consulta, lo que quedó claro en las masivas manifestaciones rivales del viernes por la noche en el centro de Atenas.

Los partidarios del "no", defendido con ardor por el gobierno para negociar "un mejor acuerdo" con los acreedores, creen que ésta es la vía de salida a una austeridad contraproducente.

Los partidarios del "sí" creen, en cambio, que está en juego la permanencia del país en la Eurozona y la Unión Europea (UE), y ven el "no" como la vía abierta al "caos", el "aislamiento" y la vuelta al dracma, la antigua moneda nacional.

Los dos últimos sondeos publicados el viernes apuntaban a un resultado muy apretado en el referendo, que tendrá lugar en pleno corralito y es el primero en el país desde 1974, cuando se votó por abolir la monarquía.

En virtud del control de capitales instaurado durante una semana para evitar el derrumbe total de los bancos, los griegos solo pueden retirar desde el pasado lunes un máximo de 60 euros por día y persona en los cajeros automáticos.

Desde el martes, el país se encuentra en default ante el FMI, al no abonarle un pago de unos mil 550 millones de euros, y tampoco tiene acceso a la asistencia financiera de sus socios de la Eurozona, que ante la falta de acuerdo sobre un programa de ajustes y reformas no prolongaron su programa.

El diario londinense Financial Times escribió que ante la debilidad de los bancos griegos, los clientes con depósitos de más de ocho mil euros podrían sufrir quitas del 30%. El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, no tardó en desmentirlo y en tacharlo de "rumor malintencionado".

En declaraciones al diario español El Mundo, Varoufakis acusó además a los acreedores (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo) de "terrorismo" y de querer "humillar a los griegos".

"¿Por qué nos han forzado a cerrar los bancos? Para infundir miedo en la gente. Y cuando se trata de extender el terror, a ese fenómeno se le llama terrorismo", declaró.

Muy lejano parece aquel día de mayo de 2010, en el que el entonces premier socialista, Yorgos Papandreou, anunció el pedido del primer plan de rescate.

La odisea anunciada por Papandreou, al que la idea de un referendo a fines de 2011 le costó el cargo, se tradujo en seis años seguidos de recesión (2008-2013), a la que contribuyó en buena medida la austeridad impuesta por los acreedores.

En ese tiempo, el producto interno bruto (PIB) se contrajo 25%, el desempleo se desbocó, obligando a emigrar a miles de jóvenes griegos, y la escena política local vigente desde hace 40 años voló por los aires con la emergencia de nuevas fuerzas políticas como el radical Syriza, del lado de la izquierda, o los neonazis de Amanecer Dorado.

Tsipras repitió el viernes que con un "no" su gobierno tendrá un arma poderosa para negociar un buen acuerdo que incluya una reducción de la deuda pública, cercana a 180% del PIB.

Pero en la partida de póquer en que se han convertido las negociaciones, los socios europeos no se arredran y el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, advirtió el viernes que aunque gane el "sí", la reanudación de las conversaciones "llevará tiempo".

Varoufakis dijo esta semana que el ejecutivo podría en ese caso dimitir, aunque según él, sea cual sea el resultado, terminará habiendo un entendimiento, porque "Europa necesita un acuerdo y Grecia necesita un acuerdo".

Mientras en Grecia imperaba la jornada de reflexión, varias ciudades europeas como Londres o Dublín albergaron ayer, al igual que en días anteriores, manifestaciones en apoyo al gobierno del primer ministro heleno.

"Miseria y FMI, ¡fuera!", proclamaban unas 600 personas en Lisboa en una concentración frente a la representación de la Comisión Europea, quienes también coreaban el lema: "España, Grecia y Portugal, nuestro camino es internacional."

En los tres últimos sondeos publicados el viernes, en tan solo uno ganaba el "no", aunque en los otros dos el "sí" ganaba por apenas unas décimas o muy pocos puntos.

Ayer, militantes de Syriza y de la oposición conservadora intentaron convencer a los indecisos, que según diversos sondeos se ubicarían entre 11 y 18%.

Diez millones de griegos con derecho a voto están convocados a las urnas. La pregunta de la consulta es larga y técnica: "¿Debe ser aceptado el borrador de acuerdo que presentaron la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI del 25 de junio 2015 y que consta de dos partes, que conforman su propuesta unitaria?"


Reclamo a Angela Merkel en Berlín

Activistas griegos protestaron ayer contra las condiciones de ahorro fijadas a su país gritando consignas y mostrando carteles durante un acto de la mandataria alemana, Angela Merkel, en la sede de su partido en Berlín.

La decena de manifestantes aprovecharon la jornada de puertas abiertas de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel para ingresar en la sede del partido con pequeños carteles en los que se leía "oxi" ("no"), en rechazo a la política de reformas y ahorro.

La protesta aludió así al referendo en el que los griegos votarán hoy "sí" o "no" a las condiciones impuestas a Grecia por sus acreedores internacionales a cambio de más ayudas.

Después de unos minutos, el personal del lugar acompañó a los activistas a la salida sin necesidad de intervención policial.

Merkel reaccionó diciendo: "Para que la cosa vuelva a estar equilibrada, digamos 'nai', es decir, 'sí' en griego", a lo que el auditorio respondió con un aplauso.