Gobierno socialista francés obtuvo la confianza del parlamento

El primer ministro, Manuel Valls, mantendrá su política de reformas económicas a pesar de lograr una mayoría más débil que en abril en la Asamblea Legislativa.
El primer ministro francés, Manuel Valls, se dirige a los diputados antes de la votación de confianza
El primer ministro francés, Manuel Valls, se dirige a los diputados antes de la votación de confianza (AFP)

París

El gobierno del primer ministro francés Manuel Valls obtuvo hoy la confianza de la Asamblea Nacional (Cámara Baja), tras pronunciar un discurso de política general en el que defendió su programa de reformas económicas.

Doscientos sesenta y nueve diputados votaron a favor, 244 votaron en contra y 53 se abstuvieron. Se trata de una mayoría más débil que la de los 306 votos obtenidos en abril por el primer gobierno de Valls.

Entre los abstencionistas figuran 31 socialistas, opuestos al giro liberal de la política del gobierno, según una fuente cercana a la bancada del PS. Los diputados de la oposición de derecha y los del Frente de Izquierda (izquierda radical) votaron en contra, mientras la mayoría de los ecologistas se abstuvo.

"Estaré a la altura de esta confianza", dijo Valls tras anunciarse el resultado, estimando que con él "los parlamentarios decidieron continuar la ruta hasta el fin del mandato (del presidente François Hollande) y de la legislatura".

En su discurso de política general, previo a la votación, el primer ministro excluyó un cambio de rumbo de las reformas económicas destinadas a sanear las finanzas del país, pese a las críticas que las mismas provocan, incluso dentro del Partido Socialista.

"Nada debe hacernos desviar de nuestro compromiso de realizar 50 mil millones" de euros de recortes en tres años, dijo, agregando que "es necesario controlar la evolución de los gastos públicos". Aludiendo implícitamente a Alemania y la Comisión Europea, Valls sostuvo que "Francia decide sola lo que debe hacer" en materia económica y presupuestaria.

Estimó asimismo que la próspera Alemania, país que visitará la semana próxima, debe "asumir sus responsabilidades" frente al crecimiento anémico de la zona euro. "El acuerdo entre nuestros dos países es indispensable para reactivar el crecimiento y devolver al proyecto europeo su verdadera ambición", dijo. Alemania y Francia tienen una "responsabilidad común" que es "histórica", afirmó.

Con este voto de confianza, tradicional después de una reorganización gubernamental pero no obligatorio, el ejecutivo hizo frente a quienes, en la oposición y en parte de la opinión púbica, consideran que ha perdido legitimidad.

Lastrado por la impopularidad récord de Hollande, el gobierno socialista ha vivido un verano calamitoso: reorganización en agosto con la partida de tres ministros críticos con la austeridad, malas cifras económicas, con la postergación de la meta de reducción del déficit público, y la dimisión del efímero secretario de Estado de Comercio Thomas Thévenoud, tras descubrirse que no pagó sus impuestos durante varios años.

Para coronar todo ello, la publicación de un libro vengativo de la ex compañera de Hollande, Valérie Trierweiler, de la que el mandatario se separó en enero, tuvo efectos devastadores. "Desastre", "naufragio", "descenso a los infiernos", los editorialistas franceses no escatimaron las hipérboles sobre la situación del ejecutivo.

Y en la opinión pública, el 62% de los franceses desea la dimisión del jefe de Estado, según un sondeo del instituto Ifop. Valls advirtió hoy a la oposición que "reclamar la disolución de la Asamblea Nacional, llamar a la dimisión del jefe de Estado es cuestionar nuestras instituciones, y por tanto debilitar a Francia".

Rebelión entre socialistas

Paradójicamente, lo principal para Valls hoy era convencer a los refractarios de su propio campo, los diputados socialistas "rebeldes" que lo acusan de aplicar una política de derecha favorable a los patrones, cuando el país atraviesa una crisis social grave con un desempleo récord.

En un mensaje destinado evidentemente a ellos, el primer ministro reivindicó en su discurso "los valores caros a la izquierda" y criticó a la principal asociación patronal francesa, que en los últimos días cuestionó el salario mínimo y el tiempo legal de trabajo, propuestas que Valls calificó de "provocación".

Anunció además una serie de medidas económicas para los hogares más modestos. "Sí, nosotros reformamos y vamos a seguir haciéndolo. Pero reformar no es romper, reformar no es retroceder", dijo. La moción de confianza obtenida por el gobierno permitirá al presidente Hollande afrontar con mayor serenidad la conferencia de prensa que dará el jueves.