Gobierno y FARC aplazan nuevamente negociaciones de paz

Al cumplirse el primer año de iniciar el diálogo en La Habana, ambas partes pospusieron la reanudación del mismo hasta el 28 de noviembre.

La Habana

Las negociaciones de paz entre el presidente Juan Manuel Santos y las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) cumplirán mañana un año de iniciadas en La Habana, con la sombría perspectiva de un nuevo aplazamiento hasta el 28 de noviembre. En un comunicado de 97 palabras, las partes anunciaron la posposición de las pláticas que debieron comenzar este lunes, alegando el “propósito de afinar visiones” sobre el nuevo tema a debatir –el tráfico de drogas-, con los cual se dispararon las especulaciones sobre la salud de las conversaciones.

El nuevo aplazamiento, al menos segundo en lo que va de año, busca “intercambiar documentos y analizar las diferentes propuestas recibidas de distintos sectores de la sociedad (en el tema de las drogas). En el próximo ciclo, además, se escucharán expertos y se recibirán las conclusiones de los foros organizados por la oficina en Colombia de la ONU y el Centro de Pensamiento de la Universidad Nacional”, dice el comunicado conjunto.

En Colombia, el debate sobre la validez de estas negociaciones para poner punto final a medio siglo de conflicto armado, se multiplicó desde el domingo, encabezado por el ex presidente Álvaro Uribe, la cara más visible de los opuestos al diálogo. Sin embargo, entre periodistas que siguen este proceso desde su arrancada, prevalece el criterio de que “aunque en condiciones contradictorias y muy difíciles”, tanto el presidente Santos como las FARC, “por razones distintas,  quieren llegar a un acuerdo de paz”.

Por su parte los gobiernos de Cuba y Noruega, garantes de estas negociaciones por acuerdo de Santos y de las FARC, no han dado la más mínima señal de desánimo. Hasta el momento las pláticas han transcurrido a puertas cerradas y solo han alcanzado acuerdos parciales en el primero y segundo tema de la agenda de seis puntos,  referidos a la democratización  y modernización del sector agrario colombiano –donde radica una de las esencias del conflicto, según las partes- y en cómo sería la incorporación de las guerrillas a la vida política del país, una vez que depongan las armas.