Glasgow, la primera ciudad de Escocia, bulle por el referendo

La metrópoli se prepara para definir hoy en las urnas su futuro: pertener a Reino Unido o conformarse como país independiente.
Habitantes de la ciudad más grande del norte británico portan carteles a favor del “no”.
Habitantes de la ciudad más grande del norte británico portan carteles a favor del “no”. (Dylan Martinez/Reuters)

Glasgow

Glasgow, la mayor ciudad escocesa, con más de dos millones y medio de habitantes en su área metropolitana, es un hervidero de actividad y debate en la víspera del referendo que determinará el futuro rumbo de Escocia.

Junto a Dundee en el este, Glasgow, antiguo feudo laborista, se percibe ahora como campo favorable a la independencia y una encuesta este verano arrojó un apoyo de más de 53 por ciento a la escisión.

La desilusión con el Partido Laborista Británico, al que se había votado aquí en forma ininterrumpida desde 1930, creó un caldo de cultivo que ha abonado la campaña del “sí” a la independencia de Escocia.

Mientras que los partidarios de la unidad con Reino Unido, respaldados por los principales partidos británicos, han contado con el apoyo de famosos como la escritora J.K. Rowling y el ex jugador de futbol David Beckham, los separatistas se organizaron localmente en múltiples asociaciones para promover su causa.

“Independencia radical”, “Mujeres por la independencia”, “Empresas por la independencia” o el grupo de artistas “Colectivo Nacional” tienen su raíz en Glasgow, donde no hay más que dar unos pasos para ver a transeúntes con chapas de apoyo al “sí” y banderas escocesas, y adhesivos en puertas y ventanas.

En la calle Buchanan, principal arteria comercial, varios jóvenes independentistas intentaban todavía ayer atraer a los indecisos con minuciosas explicaciones sobre los beneficios de la escisión.

Sarah Gibbons, de 28 años, se tomó dos semanas libres en el trabajo para ayudar en estos puestos callejeros, en un esfuerzo por “compensar las informaciones tendenciosas y pro unionistas que aparecen en la prensa nacional”, afirma.

Aunque al principio era reacia, apoya ahora la independencia porque “ofrece la oportunidad de cambiar las cosas y eso atrae a mucha gente joven, decepcionada con los políticos tradicionales” y, en su caso, con los laboristas.

“La opción independentista ha llenado un agujero en el mercado, la gente está desesperada por un cambio”, asegura.

Como Gibbons, Eliza Campbell, de 30 años y portadora de una chapa del “sí”, votará por la independencia, aunque no le guste el Partido Nacionalista Escocés (SNP) de Alex Salmond —el máximo titular del gobierno escocés y partidario de la escisión—, al que, opina, se quitará del medio “en las primeras elecciones de 2016”.

La posibilidad de crear una sociedad más equitativa, más que el puro nacionalismo, mueve también al artista Dominic Currie, de 56 años y cuya exposición sobre el referendo, Animated Scaatland, acaparó la atención mediática.

Inspirándose en cómics y en la obra de Roy Lichtenstein, Currie creó una serie de acrílicos para la galería Veneer tanto favorables como contrarios a la independencia, “en un intento de incentivar el debate y animar a los indecisos”, explica.

Aunque los cuadros, que se han vendido como “pan caliente”, en este caso intentaban ser neutrales, este ex partidario de los laboristas es proclive a la secesión, “porque dará a Escocia la oportunidad de gestionar sus recursos e invertirlos de la mejor manera”.

En la universidad de Glasgow, cuyo impresionante edificio victoriano preside sobre el oeste de la ciudad, los estudiantes debaten hasta el último minuto sobre la independencia.

En una carpa donde se publicitan varias asociaciones estudiantiles, la llamada “Generación Sí”, grupo juvenil independentista, intentaba convencer a quienes, hasta ayer, todavía no sabían qué votar en el referendo de hoy.

Entre ellos, hay varios residentes de la comunidad europea que temen que la secesión les dificulte “la estancia o los estudios en Escocia”, como es el caso de la francesa Natacha Martin.

Opuesta a la independencia —aunque confiesa que no se atreve a decirlo en alto en esta ciudad en apariencia arrebatada por el “sí”— está Helena Landamore, investigadora académica de 37 años nacida en Inglaterra.

“Pienso que, si se independiza, Escocia tendrá menos dinero para la investigación científica. Además, yo no soy escocesa, soy británica, no quiero tener un pasaporte escocés. Y no quiero que se divida a la gente”.

Lo que parece claro es que el debate en torno al referendo ha creado dos campos, en Glasgow y en toda Escocia, y lo que queda por ver es cuánto tardarán en sanarse las heridas después de la cita con las urnas.