El miedo controla Gaza, que sigue sumando muertos

Los palestinos no tienen adónde ir, mientras crece la intensidad de la operación Margen protector.
Tanques patrullan cerca de la frontera con la franja.
Tanques patrullan cerca de la frontera con la franja. (Amir Cohen/Reuters)

Ciudad de Gaza

Tras el estruendo de las explosiones, Salman Hamouda, de 14 años y su hermana pequeña, Ruba, de 10, corren hasta la ventana para ver los dos pesados pilares de humo negro que sustituyen lo que hasta hace un momento eran viviendas.

“¡Ohhh! Esas columnas de humo parecen dos monstruos”, compara Ruba con miedo desde su casa en la Ciudad de Gaza.

La abarrotada ciudad ha sido testigo de cientos de bombardeos israelíes desde el inicio el 8 de julio de la operación israelí Margen protector contra el movimiento islamista Hamás en Gaza. Desde entonces son centenares de casas las que han sido demolidas por misiles durante la operación, hecho que ha provocado la reacción de voces israelíes e internacionales recordando a Israel que viola la ley internacional cuando bombardea áreas pobladas y especialmente viviendas.

El hermano de Ruba tiene un pensamiento más terrenal: “Dios mío, puedo escuchar las sirenas de las ambulancias que, según parece, van a ese lugar. No sabemos cuánta gente ha muerto o ha sido herida allí”.

Compartiendo vecindario y apellido con Salman y Ruba, Ahmed Hamouda, de 38 años, vive con su madre al oeste de la capital junto a sus dos hijos, Husam e Iman. Escucha las noticias en el radio y, de pronto, grita alarmado “¡hay un ataque aéreo sobre el Ministerio del Interior, que está aquí al lado! ¡Apártense de la ventana!”.

“Nos quedamos en casa sin hacer nada... Comemos, bebemos y con mucha dificultad, dormimos. Esta guerra se inició hace días y no sabemos cuánta gente morirá hasta que se llegue a un alto al fuego”, se lamenta.

En Gaza la vida se detiene durante este tiempo. Tiendas cerradas, calles desiertas. El miedo mantiene a los ciudadanos recluidos en sus hogares, mientras la cifra de fallecidos aumenta cada día.

Nunca desaparecen los aviones de guerra, los helicópteros, los drones de reconocimiento que surcan el cielo de la Franja de Gaza una y otra vez mientras las explosiones continúan sobre casas, edificios, coches y motocicletas. Y siempre su sonido es absorbido por el de las ambulancias.

En una ofensiva que aumenta en intensidad, el ejército israelí efectuó durante los últimos días más de mil 300 ataques sobre posiciones de Hamás, Yihad Islámica y otros grupos de milicianos en Gaza.

Sus objetivos, además de las viviendas, construcciones o coches también incluyen granjas o tierras de cultivo. Hamás, por su parte, superó los 800 cohetes disparados contra Israel, algunos hasta ciudades norteñas como Haifa, Afula o Hadera, además de apuntar hacia Tel Aviv o Jerusalén.

El temor cobra protagonismo cuando un helicóptero lanza dos misiles a un piso situado en un edificio de la zona suroeste de Ciudad de Gaza, sesgando la vida del doctor que allí residía.

Y el miedo a cuál será la siguiente vivienda atacada paraliza a la población, lo que les obliga a abandonar sus hogares, aún a sabiendas de que no hay un lugar seguro en el que permanecer.

Om Mohamed y su marido Mahmud, que habitan en el edificio contiguo, narran cómo se disponían a preparar el desayuno antes de un día de ayuno de Ramadán cuando su casa, literalmente, comenzó a temblar tras la explosión.

“Sabíamos que los dos misiles israelíes no buscaban al doctor, sino que apuntaban hacia otro edificio cercano, pero por error uno de ellos impactó en la casa familiar del médico”, explica Mohamed.

Mahmud, de 55 años, está furioso: “Todos los cohetes que Hamás y otras milicias disparan a suelo israelí no son nada en comparación con los misiles. Es una guerra injusta. El mundo nos mira en silencio mientras Israel derrama nuestra sangre.

Tras conocer que el ejército prepara una operación a gran escala en Gaza, parte de la población que vive en las proximidades de la frontera con Israel deja sus hogares y busca refugio en las ciudades, más pobladas, junto a familiares o amigos.

Nazir Wafa, de 51 años, impela a su mujer e hijos a salir de su casa inmediatamente. Llama a su cuñado, en Ciudad de Gaza, y le avisa de que se disponen a pasar unos días con él porque tienen miedo de la invasión.

“Esperamos que esta tragedia termine pronto”, desea, “porque mientras la guerra prosiga, habrá más víctimas y dolor”.