Europa se enfrenta a un momento histórico ante la crisis de los refugiados

El diario "Le Monde" advierte sobre el fin de la UE como un proyecto común ante la crisis de éxodos.
Migrantes en la frontera de Grecia.
Migrantes en la frontera de Grecia. (Dimitar Dilkoff | AFP)

París

Ya no se sabe qué expresión utilizar. Bajo el shock de la ola migratoria, Europa se disloca, se desintegra, se deconstruye. Salvo algún sobresalto de aquí a una próxima "cumbre" europea en abril, los historiadores le pusieron ciertamente fecha a esta situación, 2015, el comienzo de la descomposición de Europa. Dijeron que fue un buen proyecto el que comenzó a mediados de los años 1950 y que se acabará antes del primer cuarto del siglo XXI.

El espíritu europeo se habrá hecho sentir, con el apoyo de los pueblos, más de medio siglo, antes de que el proyecto se extinga, al volverse impopular, víctima de su incapacidad para renovarse, lastrado por la ausencia de dirigentes políticos de envergadura.

Una vez más, no hay que desesperar ante una posible remisión. Pero los hechos están ahí, duros, irreductibles (...). Los europeos se desgarran ante la crisis de los migrantes. Los europeos ya sea que no quieren o no pueden hacer nada de manera conjunta. Ellos saben que no hay una solución unilateral —salvo sacrificar a uno de ellos, Grecia, que se transformaría en un inmenso campo de refugiados. No ignoran que las interrogantes planteadas por la afluencia de sus cohortes que desgraciadamente huyen de las guerras de Irak y de Siria son por naturaleza transnacionales.

Pero los 28 se han vuelto ineptos para la acción colectiva, salvo para la gestión del mercado único. La tragedia de los refugiados fracturó políticamente a los europeos, con una Europa del Este que no aprueba de manera alguna la necesidad de una acción colectiva solidaria; los países llamados "de Visegrád" [Checoslovaquia, Hungría, Polonia, N. de la T.] no ven en qué ellos están concernidos. La tragedia también los fracturó jurídicamente: aun cuando han sido votadas y figuran en los reglamentos, las decisiones tomadas por las cumbres de los jefes de Estado y de gobierno son violadas sin vergüenza por los países miembros, que no se consideran obligados por su firma.

El espectáculo dado en los últimos días es más bien el de una Europa en plena ruptura. En principio, los países miembros se pusieron de acuerdo en septiembre sobre la "relocalización" de unos 160 mil refugiados, acogiéndolos cada Estado miembro según sus posibilidades. Pero bajo la fuerza del flujo migratorio —más de un millón de personas el año pasado, otros tantos esperados este año—, el pánico gana. Uno por uno, los Estados han ido suspendiendo los acuerdos de Schengen sobre la libre circulación en el seno de la Unión Europea (UE).

(...) Ridiculizando las decisiones tomadas en las reuniones europeas, Austria convocó para este lunes (antier) en Viena una suerte de cumbre informal de países que forman la "vía de los Balcanes". Es la ruta que toman los refugiados para ganar la frontera austriaca a partir de Grecia. Los representantes de Bulgaria, Rumania, Croacia y Eslovenia, miembros de la UE, y los de Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia decidieron reunirse para "aislar" a Grecia: es decir, contener lo más posible a los refugiados en de este lado de las fronteras griegas.

Ni Grecia ni la Comisión Europea, menos Alemania, vecina de Austria, fueron prevenidos. Todo ocurrió fuera del marco de la UE, como si ella no existiera. (...) En Budapest, el primer ministro, Viktor Orban, quiere organizar un referendo para rechazar la acogida de varios cientos de refugiados atribuidos a Hungría, argumentando la preservación del "perfil cultural, religioso y étnico" de su país. En tanto que Bélgica, amiga de Francia, restableció los controles en las fronteras por temor de un flujo de migrantes provocado por el desmantelamiento parcial de la "selva" de Calais...

Así la cosas, una suma de reflejos nacionales, conflictivos y pendencieros. Como antes de "Europa"...