Oriente Medio: los riesgos de un compromiso

La Casa Blanca se ha vuelto a involucrar en Irakpara combatir a los yihadistas, aunque sin garantías.
Barack Obama.
Barack Obama. (Kevin Lamarque/Reuters)

París

Al momento de entrar en la Casa Blanca, Barack Obama anunció una parte de su legado a la Historia. Quería ser el presidente que pusiera fin a dos desafortunadas aventuras de Estados Unidos en el exterior: Irak y Afganistán.

Para Irak, al menos, eso fracasó. Washington se ha vuelto a comprometer en ese país. Incluso si no se trata más que de una campaña aérea, esta puede ser "larga", dijo Obama el 10 de septiembre. La misión es compleja: derrotar al Estado Islámico (EI), el grupo yihadista que controla una vasta porción del territorio en el norte de Siria y de Irak.

Al hacerlo, Estados Unidos se implica en un inverosímil embrollo en esa región, al intervenir en dos guerras civiles —en Siria y en Irak. Pero éstos son la expresión de un conflicto regional más amplio, a la vez estratégico y religioso, como es la batalla entre la mayoría sunita del mundo árabe y su minoría chiita que es apoyada por esa potencia no árabe que es Irán...

Decir que el terreno está minado pone de manifiesto un delicado eufemismo. Y las precedentes intervenciones estadunidense en la región no invitan al optimismo. Pero la interrogante que se plantea es la siguiente: ¿Tenía Obama opción? La pregunta va dirigida también a Francois Hollanda, el más comprometido de los europeos ante Estados Unidos en este asunto.

Producto de las tragedias que se inflinge el mundo árabe, el Estado Islámico es un movimiento terrorista poderoso, rico, portador de una ideología totalitaria y que no retrocede ante ninguna forma de violencia. Se apropió de un territorio, vende el petróleo de contrabando, se apoderó de la segunda ciudad de Irak, amenaza los suburbios de Damasco y también con desestabilizar, en un futuro, a Jordania y Líbano.

Obama consideró, sin duda con razón, que era del interés de Estados Unidos frenar esta carrera hacia el abismo en una región ya encaminada hacia el caos y recibió el apoyo de los europeos y, más particularmente, de Francia.

Los europeos saben que EI ha seducido a numerosos jóvenes musulmanes de Europa, con el propósito anunciado de involucrarlos en la acción terrorista. "No se puede dejar que se cree un santuario islamista a cinco horas de vuelo de París", se dice en la capital francesa. Sin duda con razón, también en este caso.

Por ahora, Obama tiene el apoyo masivo de la opinión pública de su país, que los actos bárbaros del EI han vuelto a volcar a su favor. Tiene también el apoyo del Congreso, tanto de los demócratas como de los republicanos (lo cual no es forzosamente una buena señal...).

Oficialmente, también tiene el apoyo del mundo árabe. Además de Irak y de Arabia Saudí, diez países árabes al menos dijeron que en París iban a aportar su asistencia logística y financiera a esta campaña –pero, curiosamente, ninguna participación directa en las operaciones militares.

Deseoso de proteger a la mayoría chiita en el poder en Irak, Irán no lo dijo pero se ha colocado activamente, en el terreno, junto a Estados Unidos en este asunto.

Bombardear bases diseminadas en un vasto territorio y, a menudo, en medio de las ciudades, no será fácil. Más difícil todavía es el necesario acompañamiento político. Hay que forzar a Bagdad a hacer la paz con sus minorías. Hay que presionar para poner un término a la tragedia siria. Esto implica una inversión político-diplomática masiva. Al menos tanto como una intervención militar.