Escocia: El expreso Ivanhoe

Una nueva vía ferroviaria ofrecerá un viaje rápido hacia la región que inspiró a Sir Walter Scott.
La torre se mantiene como un recuerdo permanente del tumultuoso pasado de las Borders.
La torre se mantiene como un recuerdo permanente del tumultuoso pasado de las Borders. (Shutterstock)

Escocia

Viajé yo solo a las Scottish Borders (las Fronteras Escocesas), pero nunca estuve solo: el escritor Sir Walter Scott, me acompañó todo el camino, como el compañero tan entretenido y esclarecedor que cualquier visitante quisiera tener.

No por nada es el área alrededor de la terminal de la nueva Borders Railway, que iniciará operaciones el 6 de septiembre, conocida como Scott’s Country (“El país de Scott”). El abogado nacido en Edimburgo, quien se convirtió en una de las mayores sensaciones literarias internacionales del siglo XIX y que también fue el mejor cronista y defensor de la región de las Borders.

Así que parecía lo correcto hacer un reconocimiento de la ruta en ferrocarril que armé con la primera obra de Scott, su Minstrelsy of the Scottish Border (“Poemas de la frontera escocesa”). Aunque tristemente descuidada hoy en día, esta colección de baladas con comentarios históricos y culturales fue un bestseller muy influyente cuando se publicó por primera vez en 1802.

El Minstrelsy tiene sus raíces en el amor por las fronteras que se fomentó cuando, después de un ataque de polio cuando era un chico, enviaron a Scott a quedarse en la granja de su abuelo cerca de Smailholm, 13 kilómetros al este de la última estación de la nueva vía ferroviaria, Tweedbank. Allí, quedó cautivado por la interpretación que hacía una tía de los cuentos y canciones locales y por la visión romántica de las ruinas cercanas de Smailholm Tower.

Ahora propiedad de la agencia de gobierno, Historic Scotland, la torre se mantiene como un recuerdo permanente del tumultuoso pasado de las Borders. Una firme estructura de piedra en un peñasco fácil de defender, Smailholm Tower era el tipo de casa que los antepasados de Scott necesitaban por seguridad de un asalto de reivers, como se conocían a los saqueadores de las Borders.

Al salir parecía un buen momento para dirigirse a Scott’s View, el mirador favorito del autor, donde podía observar por encima del brillante Río Tweed en los tres picos revestidos de brezales de Eildon Hills. Es un lugar tan querido por los locales que algunos hacen que sus cenizas se esparzan allí.

A unos minutos en coche y un agradable paseo a pie en el bosque hay un monumento menos modesto: una estatua del héroe escocés del siglo XII, William Wallace, que erigió hace 201 años el 11 Earl de Buchan, un contemporáneo de Scott, restaurado en la década de los 90. El paseo a la estatua de Wallace tuvo sus recompensas. Una espesa área de zarzas debajo de su pedestal me dieron mis primeras moras de la temporada. Y después está Dryburgh, sitio de un cuarteto de ruinas de abadías medievales que se ubican entre las mayores glorias de las Borders.

Fue en Dryburgh donde Scott eligió que lo enterraran, y a los acordes de un gaitero de boda en el jardín de un hotel cercano, encontré un asiento debajo de un árbol de 200 años y me sumergí de nuevo en el Minstrelsy. Rápidamente entré en una discusión de Scott sobre la religión en las Borders. Esta se caracterizaba más por la superstición que por una estricta fe cristiana, con un clero que podía ser casi tan agresivamente materialista que los reivers.

Aunque Scott era un articulado defensor de la unión con Inglaterra que eventualmente llevó paz y prosperidad a la frontera, sentía la necesidad de evitar que la identidad de Escocia se incorporara a la de su vecino más grande. A través de sus escritos y la realizar la orquestación de una visita real a Escocia del rey Jorge IV, el escritor hizo más que cualquier otra persona para establecer la autoimagen romántica nacional que perdura hasta nuestros días.

Un poco más adelante de Tweed se encuentra el mayor monumento de la búsqueda de Scott por unir el romance histórico y la modernidad: su casa en Abbotsford, que evoca a un pasado imaginado y también incorpora los componentes que se rescataron de las edificaciones antiguas genuinas, incluyendo la puerta de la prisión Tolbooth de Edimburgo.

Ya habia visitado la casa antes, pero esta fue mi primera oportunidad de pasar la noche. Una gran ala que construyó la nieta de Scott, Charlotte Hope Scott, se renovó a un nivel de comodidad de hotel boutique y se abrió a los huéspedes en 2013. Aunque menos gótico que el edificio principal, ahora un museo, el Hope Scott Wing tiene habitaciones encantadoras y acceso a un jardín cuidadosamente diseñado.

Al día siguiente, caminé hacia el lugar marco de una de las baladas de Minstrelsy más celebradas, Thomas the Rhymer (“Thomas el poeta”). Relata cómo una seductora reina de las hadas despierta al poeta Thomas de una siesta debajo del árbol Eildon, y descubre demasiado tarde que el precio de un solo beso son siete años de servidumbre en el país de las hadas.

Recorriendo 48 kilómetros de Edimburgo a Tweedbank, entre Melrose y Galashiels, la vía férrea es la nueva línea más larga que se construye en el Reino Unido desde el Channel Tunnel Rail Link, que se inauguró en 2007. Principalmente sigue la antigua ruta Waverley, que recibió el nombre del héroe de la primera novela de Walter Scott y que llegaba a Carlisle en Inglaterra hasta que cerró enfrentándose a una fuerte protesta local en 1969.