Entrevista: "En una palabra, más respeto" para la mujer afgana"

Rula Ghani, de 66 años, libanesa-estadunidense de religión cristiana y primera dama afgana, es muy crítica con el velo integral islámico.
Rula Ghani, primera dama de Afganistán, está decidida a luchar por los derechos de la mujer
Rula Ghani, primera dama de Afganistán, está decidida a luchar por los derechos de la mujer (AFP)

Kabul

La primera dama afgana, Rula Ghani, libanesa de origen, cristiana, marcada por el mayo del 68 y muy crítica con el velo integral islámico, quiere usar sus múltiples identidades para promover la concordia en un país minado por 35 años de guerra, según cuenta a la AFP en una entrevista.

A principios de este año, Rula Ghani escandalizó a los observadores afganos cuando acompañó a su marido durante la campaña presidencial, un gesto inusual en el país. Actualmente, esta libanesa-estadunidense de religión cristiana intenta establecer las bases de su papel en tanto que primera dama de un país profundamente patriarcal.

Durante una entrevista con la AFP en el palacio presidencial, Rula Ghani, que habla cinco idiomas, recordó su época de estudiante en la prestigiosa Escuela de Ciencias Políticas de París, a fines de los años '60.

"Cuando comenzaron a surgir problemas respecto al velo y al hijab (velo integral) en Francia me sentí un poco escandalizada; la gente no parece tener mucha memoria", dijo.

El uso del velo integral en público fue prohibido por ley en Francia en 2011, lo que desencadenó una fuerte polémica sobre el valor de la libertad religiosa en comparación con la cohesión social. Ghani afirmó que ella apoyaba esa prohibición.

"Respecto a la legislación francesa contra el niqab y la burqa, que impiden que la mujer pueda moverse libremente y ver, porque el niqab es en cierta manera como llevar anteojeras, estoy totalmente de acuerdo con el gobierno de Francia", declaró a la AFP.

Es una opinión típicamente sincera de una mujer de opiniones fuertes que ya ha asumido un papel mucho más prominente que su predecesora, Zeenat Karzai, quien fue prácticamente invisible durante los 13 años que su marido, Hamid Karzai, fue jefe del Estado.

Rula Ghani reconoce que todavía está tratando de definir su papel, pero espera que cuando finalicen los cinco años de presidencia de su esposo, "los hombres en Afganistán estén más dispuestos a reconocer el papel que sus esposas decidan tomar". "En una sola palabra, más respeto", afirmó.

Exiliados a causa de la guerra

Rula Ghani, que tuvo una educación de primer nivel, con diplomas en las principales universidades de Francia, Líbano --donde conoció a su futuro marido-- y Estados Unidos, pasó tres años en Kabul con la familia de su esposo durante la década del '70 mientras él trabajaba como profesor universitario.

Luego partieron a Estados Unidos, donde Mohamad Ashraf Ghani, economista y antropólogo, continuó sus estudios de doctorado en la Universidad de Columbia, pero tuvo que contemplar impotente la invasión soviética de Afganistán.

Ghani dice que se beneficia de sus orígenes diferentes, a pesar de haber sido atacada por los rivales políticos del actual mandatario por ser cristiana. "Hay dos formas de hacer frente a esto: una es aferrarse a una sola identidad, y la otra es aferrarse a todas ellas, tratar de sacar ventaja de todas ellas", afirmó la primera dama.

Rula Ghani regresó a Kabul en 2002 cuando su esposo, quien en esa época era un exitoso economista del Banco Mundial, volvió a su patria como ministro de Finanzas.

Su época en la universidad, así como los dos años que trabajó en la Agencia France-Presse de Beirut, la entrenaron para "pensar en una forma muy lógica", explicó.

En la AFP su trabajo consistía en escuchar la radio en árabe y leer la prensa todas las mañanas buscando noticias relativas a las revueltas políticas a principios de los años '70. "Fue un excelente entrenamiento como periodista, porque me enseñó a ser rápida y al mismo tiempo precisa", dijo.

Ghani, quien actualmente tiene 66 años, elogió el trabajo de las valientes militantes y políticas que pelean por abrir nuevos caminos para las mujeres en Afganistán, a pesar de la discriminación y la violencia.