Entrevista: "El dictador de Tailandia es un mediocre sin cerebro"

A sus 81 años, el activista tailandés Sulak Sivaraksa, nominado al Nobel de la Paz en 1994, no ahorra criticas al dictador que dirige su país desde mayo: Prayuth Chan-ocha.
Sulak Sivaraksa, activista tailandés de 81 años, es un duro crítico del actual régimen político
Sulak Sivaraksa, activista tailandés de 81 años, es un duro crítico del actual régimen político (Wikipedia)

Bangkok

A sus 81 años el activista tailandés Sulak Sivaraksa, nominado al Nobel de la Paz en 1994, continúa agitando la vida política y sociedad de su país, regido desde el pasado mayo por el dictador Prayuth Chan-ocha: "un mediocre de segunda y sin cerebro".

Tras la asonada acaecida el 22 de mayo, el actual Gobierno militar lleva meses trabajando en la reforma del sistema político, económico y social del país, y en "devolver" la felicidad al pueblo, con una estrategia similar al pan y circo del "Imperio Romano".

"Ellos sólo pretenden complacer a los americanos y a Occidente, pero no creen en la democracia", declara Sulak, quien en 1995 fue galardonado por el Parlamento de Suecia con del premio Right Livelihood, conocido como "premio Nobel alternativo".

Con tono calmado y sonrisa apacible, el veterano activista afirma durante una entrevista con Efe en su residencia de Bangkok que a su edad ya no tiene miedo a nadie.

Sulak rememora las dos ocasiones que se vio obligado a vivir en el exilio y los problemas legales, con dos periodos de prisión, que le han conllevado sus revolucionarias ideas en un país acostumbrado a "seguir al líder".

Acusado en cinco ocasiones de vulnerar el artículo 112 del Código Penal, la conocida "ley de lesa majestad" que amenaza con 5 años de cárcel a quien lance comentarios lesivos contra la monarquía tailandesa, Sulak se define como un fiel defensor de la institución real dentro de un régimen constitucional y alejado del "absolutismo".

El delicado estado de salud del rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, quien a sus 87 años ha pasado largas temporadas hospitalizado y permanece alejado de la vida pública, se refleja en el actual momento de debilidad que vive la Casa Real.

"La monarquía debería ser más transparente, más responsable, más abierta a las críticas. Sin ello no podrá ser fuerte", apunta el activista que exhorta a la Corona a distanciarse del Ejército del país.

El vigente Ejecutivo no electo por las urnas y repleto de antiguos generales trata de promover con sus políticas el regreso de la esencia de la cultura tailandesa, a lo que la Administración se refiere como "Thainess".

Una regresión al "vasallaje", según Sulak, a través de un pensamiento basado en la "fantasía" y la "mentira" y cuyo objetivo final es que la población "se deje llevar sin salir de la línea" por sus líderes.

"Si quieres devolver la felicidad a la gente, ve y habla con los pobres. Escúchales. El futuro del país depende de los pobres. Ellos son la mayoría del país y son explotados", denuncia el tailandés, afamado difusor de los preceptos del budismo.

Para mediados de año está previsto que la Asamblea Legislativa Nacional, un puñado de parlamentarios electos a dedo por la junta militar, sancione la nueva Carta Magna que a día de hoy se encuentra en proceso de discusión y redacción.

"Ahora se trabaja en un borrador para una nueva Constitución. Muchas personas están trabajando en ello, pero ninguna tiene moral. Todos intentan evitar los temas críticos, eso es lo peor de este país".

El activista también carga contra la "mafia" amarrada a los organismos educativos, la "basura" en la que se han transformado los medios de comunicación y el "mercantilismo" introducido en la actual religión budista.

"Ninguno de los rectores de las universidades ha desafiado el golpe. Ellos prefieren estar escribiendo el borrador de leyes. Así nuestra educación está mal. Todo se mueve por dinero y poder. No se atreven a hablar con la verdad". "Los medios (...) dicen que tienen libertad porque se limitan a protegerse a si mismos", agrega Sulak.

Desde hace una década, Tailandia vive una profunda crisis política que cada uno o dos años desemboca en manifestaciones callejeras. Para solventar estos atolladeros, los militares optaron en 2006 y 2014 por hacerse con el poder mediante la fuerza.

Sulak, quien aboga por un país más descentralizado como solución para los problemas de Tailandia, alaba la valentía de un pequeño grupo de 20-30 estudiantes universitarios que se oponen abiertamente al régimen de Prayuth. "Muy pocas personas se atreven a decir lo que piensan" en Tailandia, sentencia el octogenario con fama de rebelde.