“La historia reservará para Lula y Dilma la puerta de atrás”

No esconde su rechazo al “Estado gordo” y al legado de los ex mandatarios brasileños de izquierda.
El también comunicador, asegura que no cobrará sueldo ni buscará la presidencia de su país en 2018.
El también comunicador, asegura que no cobrará sueldo ni buscará la presidencia de su país en 2018. (Rodrigo Paiva)

México

El alcalde electo de Sao Paulo, João Doria, es un empresario millonario y comunicador famoso en Brasil. Ganó en las urnas diciendo que no es un político. Además de afirmar que está  en contra de lo que llama “Estado gordo” (con muchos gastos) y de estar en favor de la desestatización de la economía.

Usted ha sido elegido con más de 50% de los votos en la primera vuelta y con la imagen del no político. ¿Pero cómo piensa gobernar siendo crítico de la política?

Yo seguiré siendo lo que fui en la campaña y en mi vida, un gestor, un administrador, un trabajador, pero en la vida pública. Yo respeto a los políticos, pero yo no soy un político. Soy hijo de un político y por lo tanto tengo motivos para respetar a los políticos ya sea en el Legislativo o en el Ejecutivo. Pero lo que la ciudad de Sao Paulo necesita en ese momento es un gestor y fue para eso que fui elegido. La gente ha creído en mí por eso, y no como político. Lo que tengo que hacer es mostrar a las personas, a los electores que los votos de ellos valieron la pena. Y no quiero reelección, nada de esto. Mi camino es diferente al de los políticos que llegan a los cargos. Ellos ya llegan pensando en cómo ser reelegidos, que acuerdos harán para perpetuarse en el poder. Yo no, no tengo esa visión.

Además de decir que no es político, usted dijo que no quiere salario.

Exactamente. Donaré los 48 sueldos que recibiré como intendente de Sao Paulo para el tercer sector. Haré una gestión innovadora, un amplio programa de desestatización en la ciudad, contrariando la política brasileña a la cual le gusta siempre el Estado gordo y yo no creo que ese sea el camino para Brasil. Y a mí me da alegría saber que el presidente Michel Temer tiene el mismo pensamiento, de un Estado más eficiente y menos gordo, y principalmente con sentimiento de modernidad. Y esa es la nueva ola de la política brasileña. La ola azul (del PSDB) que empezó en Sao Paulo con nuestra elección, que fue la primera en 26 años sin reelección desde que fue creada la reelección en Brasil (1994). Y Sao Paulo es la ciudad más politizada de Brasil, cuna de 12 grandes partidos, incluso del PT y del PSDB.

¿Cuál es su relación con presidente Temer (del PMDB)?

Es una relación respetuosa y muy republicana. Siempre fue así. Yo lo admiro y quiero mucho que su gestión sea pacificadora, estabilizadora y promueva el crecimiento económico y como consecuencia también el desarrollo social de Brasil. Yo tengo confianza en la gestión de Temer. Y a nivel de Sao Paulo también estamos construyendo una relación republicana con el PMDB para la gestión de la ciudad.

¿No le parece raro que usted haya sido electo en una votación expresiva y ahora diga que no quiere buscar ni la reelección? ¿Usted no quiere ser presidente?

Yo quiero ser intendente de la ciudad de Sao Paulo. Yo fui elegido para ser intendente. Y voy a cumplir con mi promesa. Y quiero trabajar para los 53% que votaron por mí y para los 47% que no lo hicieron.

¿Cuál es su evaluación acerca de la política? Es un momento en el cual Brasil vive una polarización inédita y hay un desgaste de la política.

Hay un desgaste real de la política. Y esa evaluación no es mía. Es del pueblo brasileño que está muy alejado de los políticos y rechaza principalmente la mala política. La vieja política. Y ese rechazo ha sido registrado en las urnas (en la primera vuelta de las elecciones municipales este mes en todo Brasil, con altos índices de votos nulos y blancos, por ejemplo). Eso pasó en la primera vuelta y se repetirá en la segunda vuelta (30 de octubre). Es importante que los políticos tradicionales entiendan que esa señal (de rechazo) ha golpeado a la puerta de ellos. Eso pasó ahora y podrá pasar en 2018 (elecciones presidenciales). Es muy claro ese sentimiento en todo Brasil.

¿Pero no le parece peligroso ese rechazo a la política?

La vieja política, la que los brasileños rechazan, es la que cree que la mentira es una manera de hacer política. Cree que robar no hace mal. Y eso fue lo que el PT introdujo con enorme fuerza en la vida pública brasileña en estos 13 años (2003-2015). No es que en el pasado no hubiera eso, pero el PT logró poner eso en la máxima potencia posible. La vieja política es tener gente poco capaz, de poca responsabilidad y sin interés en servir. Y en vez de querer servir quiere servirse de la política. Para mí esa es la mala política.

¿Qué pasará con la actual y severa crisis brasileña? ¿Cuándo llegará la recuperación de la economía brasileña?

Yo creo que el gobierno de Temer y la gestión del ministro (de Hacienda) Henrique Meirelles proporcionarán la estabilidad de la economía en 2017 y retomará el crecimiento en 2018, y como consecuencia el desarrollo social. Hoy Brasil vive el flagelo de 12 millones de desempleados. Apenas en la ciudad de Sao Paulo son dos millones de desempleados. Y la vuelta del crecimiento permitirá el retorno de las inversiones y de la generación de trabajo.

El impeachment, en su visión, ¿fue entonces algo positivo? ¿No es demasiado traumático y no afecta la imagen del país?

En mi visión, más que positivo, el impeachment de Dilma fue legítimo. La presidente Dilma hizo por merecer el impedimento que ha recibido del Congreso Nacional. No hubo ningún golpe en Brasil. Lo que hubo fue respeto a las reglas, a la democracia.

¿Qué lugar reservará la historia para Lula y para Dilma?

La puerta de atrás.

¿Pero, y los 30 millones de brasileños que dejaron la pobreza como marcan Lula y Dilma? ¿No es un hecho importante?

Con 12 millones de desocupados y tres años de recesión, desconfianza internacional en Brasil y el mayor asalto a las cuentas del país, te pregunto, ¿qué legado es este? Es un legado para las páginas tristes de nuestra historia.

Aquí también en la Argentina Mauricio Macri dice ser un gestor. Como usted, no usa corbata. ¿La nueva política, como usted la llamó, también tiene estas simbologías?

Sí (risas). La verdad es que yo quiero mucho a los argentinos y a la Argentina y yo miraba con mucha tristeza el camino bolivariano hacia donde la estaban llevando, antes de Macri. Argentina es un país poderoso, fuerte, de gente creativa, talentosa, que estaba siendo ahogada por un régimen totalitario, de izquierda. Pero la ola bolivariana apenas ha generado desocupación y comportamientos y actitudes inadecuados y sin justificación. Lo que veo ahora es la Argentina volviendo a crecer, volviendo a tener vida. Los argentinos volviendo a tener mejor perspectiva. Yo creo que el presidente Macri puede ser el gran agente de ese cambio. Él que viene del sector empresarial, que tiene un estilo simple y directo y que quiere a la Argentina.

¿Usted mantendría planes sociales?

Lo que más me preocupa no son los planes, sino la generación de empleo. Es lo que la población brasileña y de mi ciudad necesita, empleo y también oportunidades, no de benevolencia o programas asistencialistas. La población necesita de salud, educación, transporte público.

Usted comentó acerca de los “bolivarianos”. ¿Cómo ve a Venezuela hoy?

Venezuela vive una dictadura disimulada en democracia. Esa triste historia de Venezuela incluye corrupción y populismo, y espero que los venezolanos logren cambiar esas páginas.

Después de ser intendente de Sao Paulo, ¿qué hará?

Volveré a mi vida empresarial.