Enfoque: La batalla del campo se mete en las urnas argentinas

Los Berdini y los Sardi, dos familias de ascendencia italiana, representan la opinión diversa de familias dedicadas a la agricultura ante las políticas de Cristina Kirchner.
El agricultor argentino Daniel Berdini revisa la calidad de su maíz en su plantación de Ramallo, en la provincia de Buenos Aires
El agricultor argentino Daniel Berdini revisa la calidad de su maíz en su plantación de Ramallo, en la provincia de Buenos Aires (AFP)

Buenos Aires

No hay lluvia, sequía o gobierno que le haya torcido el brazo a los Berdini, nietos de italianos inmigrantes que viven y cultivan en el campo, donde una mayoría votará en las elecciones argentinas contra las políticas agrícolas de la presidenta Cristina Kirchner. En las antípodas están los Sardi, también descendientes de italianos, agricultores y acopiadores de cereales, que apoyan al gobierno de Kirchner.

En las pampas argentinas son minoría los productores como los Sardi, que están de acuerdo con los impuestos a las exportaciones porque consideran que ayudan a controlar precios de los alimentos para gente de bajos recursos y solventar el presupuesto del Estado.

En el menú para los comicios del 25 de octubre figura el oficialista Daniel Scioli, primero en las encuestas con casi 40% de intención de voto. Está ligeramente a la derecha de su mentora, la peronista de centroizquierda Kirchner.

Los opositores tienen para elegir entre su principal rival, el conservador Mauricio Macri, el peronista de centroderecha Sergio Massa o la socialdemócrata Margarita Stolbizer. Los tres se declaran defensores del campo.

Las familias Berdini y Sardi integran un sector social de tan sólo 85 mil productores en un país de 40 millones de personas. Pero ocupan un lugar clave. Argentina es el mayor exportador mundial de aceite y harina de soja y el cuarto proveedor de maíz.

En contra

Enojado está Daniel Berdini (55 años). Nació y se crió en Ramallo, a 250 km al norte de Buenos Aires. Su casa se levanta en medio de un mar verde de trigo pulcramente sembrado. Más verde será el océano de plantas cuando siembre soja.

Es la gallina de los huevos de oro de la fértil pampa argentina. Cada año, los cereales y sus derivados derraman 30 mil millones de dólares desde Asia y Europa. "La mayoría del campo va a votar en contra del gobierno. Hay una incertidumbre con esperanza", afirma Berdini. Está desvelado por los precios de gasoil, fertilizantes y pesticidas que se fueron a las nubes. Posee 77 hectáreas y alquila otras 600.

A favor

Oscar Sardi, de 63 años, vive y produce en la ciudad de Junín y en la pequeña localidad rural de Laplacette, a 260 Km al noroeste. Con créditos de un banco del Estado compró 60 hectáreas de campo y construyó una planta para almacenar granos.

"El gobierno le está devolviendo impuestos a pequeños y medianos productores. A los que produzcan menos de mil toneladas. Estoy de acuerdo en recaudar para educación, salud, caminos y puentes", pontifica Sardi. El padre de Sardi era ferroviario y el abuelo albañil. Hubo épocas de vacas gordas. Pero no es el caso ahora.

Vacas flacas

Hace 20 años empezó a sufrir la ganadería, con sus famosas carnes. Se remataron millones de vacunos por bajos precios o para sembrar soja. Lo último es "la desaceleración de China que generó presiones bajistas sobre los precios de commodities", dice Dante Sica, de la consultora Abeceb.com.

El precio de la soja bajó de unos 500 a 330 dólares la tonelada. Un golpe al corazón sojero latinoamericano. Adrián Seltzer, de la firma Granar, dice que "hoy la soja no es rentable con la carga impositiva".

La parte del león

Nada acalla las protestas agropecuarias. Montaron en el Obelisco de Buenos Aires un mercado simulado de frutas y verduras. Denuncian que el kilo de manzana se lo pagan al productor un peso pero se vende al consumidor a 25 pesos (2.5 dólares).

Reclaman eliminar tributos y controlar a comercializadores que se quedan con la parte del león, la más grande y la mejor. "Fue el gobierno, con su apriete impositivo, el que lastimó las economías rurales. Ni peras ni manzanas se salvaron, se pudren. Hay que eliminar impuestos a maíz y trigo", pregona Berdini.

En el antiguo "Granero del Mundo", se desató en 2008 una puja por la renta. Cuando Kirchner trató de aumentar impuestos estalló una rebelión con marchas multitudinarias. El gobierno dio marcha atrás. Pero quedó vivo el rencor.

Berdini y su esposa Marisa tienen dos hijas, una licenciada y otra estudiante. Los cuatro hijos de Sardi y su mujer Graciela son profesionales. Típicas familias argentinas de clase media. Su lucha continúa dentro de una semana en las urnas.