Enfoque: Amar Salim, el pintor del genocidio yazidí

Este artista pinta en su pequeño departamento en el Kurdistán iraquí las decapitaciones y violaciones de miembros de la minoría religiosa por el Estado Islámico para que "el mundo lo vea".

Dohuk

Un yihadista degüella a un hombre, otros amontonan cadáveres o violan y matan a mujeres yazidíes. Los cuadros del iraquí Amar Salim retratan el calvario de esta minoría religiosa para que el mundo "vea" el "genocidio".

"La mayoría de la gente lucha con armas, la literatura o la prensa. Yo decidí combatir mediante el arte", explica Amar Salim. "Quiero que las personas vean lo que no han visto".

La serie de 20 cuadros que ha comenzado a pintar en su pequeño apartamento de Dohuk, en la región autónoma del Kurdistán iraquí, lleva por título "el genocidio de los yazidíes".

Para su último cuadro se ha inspirado en una fosa común hallada en la región del Monte Sinjar, bastión de la minoría yazidí. Representa a un centenar de personajes, entre los que destaca un yihadista degollando a un hombre y otro con una cabeza clavada en su fusil. Otros combatientes apilan cadáveres en trincheras.

Los yazidíes viven un suplicio desde que en agosto de 2014 el grupo Estado Islámico (EI) tomó el control de los alrededores de Sinjar, en el norte de Irak. El EI ha ejecutado a muchos hombres y secuestrado a cientos o incluso miles de mujeres yazidíes, a las que vende como esposas a los yihadistas o las convierte en esclavas sexuales, según Amnistía Internacional.

En uno de los lienzos, Salim pintó la violación y el asesinato de yazidíes y en otro aparecen yihadistas vendiendo y comprando a mujeres en Mosul, su bastión en el norte de Irak.

La mayoría de estas obras recuerdan las representaciones del infierno en el Renacimiento. Contienen escenas brutales y catárticas que permitirán "no olvidar jamás lo que ha ocurrido", explica el artista. Los yazidíes no son musulmanes ni árabes y el EI los considera herejes.

"Bosque del infierno"

Amar Salim huyó de su ciudad de Bashiqa (norte) cuando los yihadistas del EI ya estaban cerca de ella. El artista, que pinta desde que era niño, tuvo que abandonar las obras realizadas a lo largo de su vida, de un valor, según él, de 70 mil dólares. Su taller fue quemado.

Antes esculpía personajes de fantasía, como Popeye o Mickey, y pintaba decorados para obras teatrales para niños. Pero también representaba las páginas más sombrías de la historia iraquí.

Según Nada Shabut, especialista en arte iraquí contemporáneo en la universidad de North Texas (Estados Unidos), la representación de los traumas se ha convertido en un componente del arte visual iraquí en los últimos 25 años.

"El arte iraquí desde el comienzo de las sanciones (de la ONU en 1990), pasando por los años 90 y la invasión de 2003 (liderada por Washington), se ha centrado con frecuencia en los problemas del momento, expresando ira y sufrimiento", explica. "Cuando se tiene una vida estable, se puede producir belleza", explica Salim. "Pero cuando es desgraciada, hay que hablar de lo que uno siente por dentro".

Con esa finalidad recurre en ocasiones al mundo de la fantasía. Uno de sus cuadros, el "Bosque del infierno" muestra una carretera que lleva a un santuario yazidí, Lalish. Los árboles que la bordean adoptan la forma de mujeres encadenadas que imploran al cielo, teñido de un sol rojo sangre. Salim lo resume en un frase: El sufrimiento rige "toda nuestra vida".