Embajada de Estados Unidos en Cuba, historia de rencor

El imponente edificio de la Sección de Intereses fue construido en 1953. En 1961, el presidente Dwight Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con la isla.
Una reliquia vehicular, de las miles que sobrevivieron al bloqueo, frente a la construcción de EU.
Una reliquia vehicular, de las miles que sobrevivieron al bloqueo, frente a la construcción de EU. (EFE/Ernesto Mastrascusa)

La Habana

Escenario de múltiples episodios de tensión en el largo contencioso entre La Habana y Washington, el imponente edificio de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba recuperará hoy el rango de embajada, máximo símbolo de los nuevos tiempos de reconciliación de dos antiguos enemigos.

Al contrario que Cuba, que celebrará en Washington una ceremonia formal de apertura de su embajada, EU no ha organizado para hoy ningún acto oficial en tan emblemática jornada: no se izará la bandera ni se instalará la nueva placa oficial hasta la visita prevista para los próximos días del secretario de Estado, John Kerry.

Levantado sobre la emblemática avenida del Malecón habanero, mirando al vecino del norte, el edificio fue construido en 1953 para albergar la embajada estadunidense, gobernada por el dictador Fulgencio Batista.

La bandera de EU fue retirada en enero de 1961, cuando su entonces presidente, Dwight D. Eisenhower, rompió relaciones diplomáticas con Cuba en respuesta a las expropiaciones del gobierno revolucionario de Fidel Castro.

No fue hasta septiembre de 1977, tras la llegada a la Casa Blanca de Jimmy Carter, el único ex presidente de EU que ha visitado la Cuba revolucionaria, cuando se abrió en la Sección de Intereses en la isla, al amparo de la misión diplomática suiza.

Como jefe de la oficina se designó a Lyle Franklin Lane, relevado dos años después por Wayne Smith, diplomático que desde hace años se muestra a favor del restablecimiento de relaciones ahora en marcha.

Inicialmente la sección estadunidense, que desarrollaba fundamentalmente servicios consulares, contó con un total de diez funcionarios del Departamento de Estado, más un destacamento de marines para velar por su seguridad, aunque hoy su personal ronda las 360 personas, entre estadunidenses y cubanos.

La instalación fue escenario de desencuentros, como el éxodo marítimo por el puerto cubano de Mariel que en 1980, con Carter aún en la presidencia, llevó en oleada a unos 25 mil cubanos a las costas de Florida.

Pasadas casi dos décadas, en 1999, el caso del balserito cubano Elián González causó un agrio contencioso entre La Habana y Washington, y en medio del choque por su repatriación a la isla, el presidente cubano ordenó levantar una tribuna permanente en la explanada que queda justo enfrente de la Sección norteamericana.

La denominada "Tribuna Antiimperialista José Martí" fue el escenario de la batalla verbal y de una serie de manifestaciones para reclamar la devolución del niño cubano a su padre y tras su regreso en junio de 2000.

Seis años después, la Sección de Intereses comenzó a emitir noticias, artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos y mensajes políticos desde unos gigantescos paneles instalados en lo alto de la fachada de su sede y el episodio reavivó las acusaciones cubanas de que se promovían actividades subversivas internas.

La respuesta de Cuba fue la creación de 138 mástiles en los que se izaron banderas negras con una estrella blanca en el centro en homenaje a las víctimas cubanas del terrorismo, una por cada año de lucha contra el "imperio", desde 1868.

Y aunque la Sección de Intereses apagó la pantalla electrónica en 2009, el llamado "Monte de las banderas" ha permanecido en el lugar —aunque hace tiempo que no se izan banderas— junto a un gran "Patria o Muerte. Venceremos".

Desde este edificio rectangular acristalado de seis plantas y de estilo modernista, enclavado cerca del centro del barrio residencial El Vedado, se divisan otras zonas de la capital cubana, incluido el antiguo castillo de El Morro, símbolo de la ciudad.

El diseño y construcción fue obra de los arquitectos de EU, Max Abramovitz (1908-2004) y Wallace Harrison (1895-1981), a semejanza del Lincoln Center y la sede de la ONU en Nueva York.

En La Habana, la envergadura del edificio solo la supera la imponente construcción de la sede diplomática de Rusia, aunque no lo hace en cantidad de custodios, vigilancia policial y la multitud de personas que acuden a sus dependencias a diario.

Según datos de la oficina estadunidense, durante el año fiscal 2014, 37 mil 149 cubanos recibieron visados para visitar de manera temporal EU y a otros 20 mil 552 se les dio la de inmigrante.

La afluencia de público ha estimulado incluso la iniciativa privada en su entorno, con pequeños negocios que ofrecen desde alojamiento a los que vienen de otras provincias hasta gastronomía y asesoramiento para cumplimentar la documentación requerida.