54 años después, bandera de EU ondea en La Habana

En una ceremonia encabezada por el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, la bandera de ese país fue izada en su embajada.

La Habana

Ocurrió a las 10:38 de la mañana. Fueron tan solo unos segundos. Exactamente ocho segundos que hoy, aquí en La Habana, hicieron un poquito de historia...

Tres marines, vestidos de gala con trajes azules, zapatos de charol, sombreros y guantes blancos, empapados por el malvado calor veraniego de La Habana, caminaron marcialmente hasta tres ancianos, también uniformados.

Esos viejos no eran hombres comunes: ellos fueron quienes, hace 54 años, arriaron la bandera de Estados Unidos cuando su país rompió relaciones con Cuba. Uno de los viejos le dio a un marine una bandera nueva de Estados Unidos doblada.

Los tres militares en activo giraron 180 grados, dieron siete pasos y se detuvieron frente al asta. Desdoblaron lentamente el lábaro.

El percusionista de una banda militar estadunidense tamborileaba acordes de suspenso mientras los marines engarzaban la bandera al cordel que la elevaría a lo largo del tubo de metal. La enorme tela con las barras y las estrellas ascendió hasta el punto más del asta. Ocho segundos. Y ya: la bandera de Estados Unidos ondea de nuevo en La Habana.

De inmediato los acordes del himno nacional de Estados Unidos también sonaban por primera vez en La Habana en 54 años, desde aquel 3 de enero de 1961, cuando faltaban unos días para que el presidente Dwight Eisenhower traspasara el poder a John F. Kennedy, y se rompieron las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Cuba del comandante Fidel Castro, apenas dos años después de que triunfara la Revolución Cubana.

El secretario de Estado John Kerry sonreía. Decenas de invitados al patio de la embajada de Estados Unidos, justo al lado del Malecón habanero, agitaban fervorosamente abanicos del color de su bandera, más que por patriotismo, por la severa humedad que les hacia chorrear cascadas de sudor. Aplaudían. Algunos proferían grititos de júbilo.

Afuera, cientos de cubanos que llegaron a curiosear, y que eran contenidos por vallas metálicas, murmuraban de asombro y tomaban fotos con sus teléfonos móviles hacia el patio de la, ahora sí, Embassy of the United States of America.

Una mujer cubana ataviada con una camiseta estampada con la bandera gringa, lloraba:

"Mi país va a cambiar, mi país va a cambiar...", anhelaba.

Algunos jóvenes a su lado decían que nada cambiará aquí mientras no haya plena libertad de expresión. Otros le entraban al debate y alzaban la voz para decir que lo importante es que termine el embargo y eso derive en mejoras económicas para los bolsillos de los cubanos.

Los cubanos todo el tiempo debaten y por todo. Pero por hoy, más allá de las cálidas frases de Kerry en español y sus amistosas oraciones en inglés:

- "Este es momento de acercarnos como dos pueblos que ya no son ni rivales ni enemigos, sino vecinos".

-"Es tiempo de izar nuestras banderas para que el mundo sepa que nos deseamos el bien".

-"La política de Estados Unidos hacia Cuba (la del embargo) no era correcta".

- "El futuro de Cuba debe ser forjado por los cubanos" (en alusión al patrocinio de Estados Unidos hacia disidentes).

-"No hay nada que temer: serán muchos los beneficios de los que gozaremos cuando permitamos a nuestros ciudadanos visitarse con más frecuencia, realizar negocios de forma habitual, intercambiar ideas y aprender unos de los otros".

Más allá de todas esas frases diplomáticas, la imagen histórica fue la que duró ocho segundos a partir de las 10:38 de la mañana: al ondear la bandera de Estados Unidos en la Habana, y al ondear la bandera de Cuba en Washington D.C desde julio pasado, el último vestigio de la Guerra Fría en América se esfumó.