Elecciones a la presidencia: el escándalo a falta de propuestas

Los colombianos acudirán a las urnas el domingo tras una campaña sosa hasta que iniciaron las acusaciones "sucias".
El candidato uribista de ultraderecha, Óscar Iván Zuluaga.
El candidato uribista de ultraderecha, Óscar Iván Zuluaga. (Diane Sánchez/AFP)

Bogotá

Los escándalos, la guerra sucia, la falta de debates televisados con la participación de todos los candidatos a la presidencia colombiana y sus vagas propuestas, han enviado un mensaje de desconcierto a una sociedad consciente de que el país atraviesa un momento clave y un posible futuro de paz.

Los cinco candidatos, incluido el presidente Juan Manuel Santos, que aspira a la reelección, arrancaron hace más de dos meses sus giras por el país y han llenado de propaganda electoral las vallas pero también los medios de comunicación, pero cuesta identificar las propuestas de cada uno más allá del tema de la paz.

Y es que las negociaciones del gobierno de Santos con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que arrojan ya tres acuerdos preliminares, son el eje innegable de la campaña.

De hecho, el candidato de la Alianza Verde, el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, llegó a acusar a Santos de imponer la paz en la campaña para tapar los frentes que no ha atendido en su gobierno, que a su juicio son salud, seguridad e infraestructuras.

Las descalificaciones a la gestión de Santos y las críticas a la figura de la reelección marcaron también una primera fase de la campaña, en la que el tedio destacaba en un abanico de aspirantes sin gran carisma.

Para resolver esos vacíos, los publicistas de Óscar Iván Zuluaga [delfín del dos veces ex presidente Álvaro Uribe, opuesto al proceso de paz] lo identificaron con la "Z" del Zorro, mientras que Santos debió cambiar a su jefe de campaña cuando las cosas empezaron a irle mal y la candidata de la izquierda, Clara López, se soltó literalmente el moño que siempre ha destacado en su peinado para darle aire fresco a su propuesta.

Prensa, universidades y gremios convocaron debates a los que asistían siempre Zuluaga, López y la conservadora Marta Lucía Ramírez, pocas veces Peñalosa y nunca el presidente Santos. Ramírez llegó a llevar dos sillas de plástico a uno de los debates para evidenciar la ausencia de estos últimos.

La campaña se animó, para tristeza de la democracia, cuando a tres semanas de las elecciones comenzaron a aflorar escándalos y una tenaz guerra sucia entre los dos principales candidatos: Santos y Zuluaga, en empate técnico según las encuestas.

Uribe acusó públicamente a Santos de usar dinero del narcotráfico, tras conocerse que uno de sus más cercanos colaboradores, el venezolano Juan José Rendón, había recibió 12 millones de los capos, a lo que se sumó el descubrimiento de una operación de espionaje a los negociadores del gobierno y de las FARC en Cuba a fin de boicotear el proceso de paz, por parte de Zuluaga.

Detrás de esas ilegalidades se esconde, sin embargo, una Colombia que se asoma a un momento histórico, con buenos datos macroeconómicos y una mejora de su imagen en el exterior, pero atada a graves problemas sociales derivados de la desigualdad y el conflicto armado que desangra el país desde hace medio siglo.

Ningún candidato ha sido capaz de comunicar efectivamente su programa de gobierno, pese a que todos incluyen propuestas para mejorar los servicios, presentadas en un derroche multimedia en sus páginas de internet y redes sociales.

En educación, todos comparten la idea de mejorar la capacitación y situación salarial de los maestros, ampliar la cobertura y calidad de la educación de la primera infancia; y apuestan por renovar el privatizado sistema de salud para favorecer al paciente y no al empresario.

Solucionar los profundos problemas del campo, que han derivado en protestas en 2013 y 2014, es prioritario para la izquierdista López, que piensa renegociar los tratados de libre comercio y renovar el modelo de desarrollo impulsando industria.

Peñalosa propone un Ministerio del Bienestar Rural, Ramírez duplicar la producción agrícola y condonar las deudas a campesinos; Santos construirá más vivienda y empleo en el campo y Zuluaga ofrece reforzar el enfoque regional en un país centralista.

Mientras Zuluaga y Ramírez rescatan la "seguridad democrática" de su exjefe, Uribe, Santos propone crear el Ministerio de Seguridad Ciudadana, mientras Peñalosa y López se inclinan por fortalecer la justicia.

La gran ausente en estas campañas, según advierten la Defensoría del Pueblo y el actual vicepresidente Angelino Garzón, es una política firme de derechos humanos y reconciliación, como base del pos conflicto armado y la Colombia del futuro.