El éxito inexorable del aimara Evo Morales

Llegado al poder en el año 2005 con 54% de votos, el presidente indígena renovó la élite e incluyó al pueblo.
La ola azul
(David Mercado/Reuters)

La Paz

Azul, blanco, negro… Una marea de banderas ondea sobre la inmensa ciudad de El Alto, que rodea a La Paz, ubicada más abajo, a 3 mil 600 metros de altitud. “Son los colores del MAS, el Movimiento al Socialismo, del presidente Evo Morales”, sonríe Margot, una joven comerciante vestida de azul para la ocasión. Mineros, agricultores, funcionarios, sindicalistas; miles de bolivianos se reunieron en El Alto el 8 de octubre para dar su apoyo a Evo Morales, el mandatario y candidato.

“El presidente debe seguir, ya que está de nuestro lado, del lado de los pobres”, dice doña Nancy, que tiene un comercio en El Alto. “Él despertó a los pueblos indígenas y mostró el camino, no puede irse ahora”, insiste la mujer de unos 50 años, que porta con orgullo su pollera, la tradicional falda con pliegues del Atiplano.

Ex productor de coca de origen aimara, Evo Morales Ayma es el primer presidente sindicalista e indígena de Bolivia. Tras su impresionante victoria en la primera vuelta en el año 2005 con 54 por ciento de votos, muchos se preguntaron cómo el líder socialista logró colocarse al frente de un país convulso y que ese mismo año vio suceder a dos presidentes. En 2009, Morales no solo fue ampliamente reelecto, sino que ahora aspira a un tercer mandato con el país en pleno crecimiento y gozando de relativa paz social.

Las razones de su popularidad son muchas. Según Pablo Stefanoni, periodista argentino y ex consejero del líder socialista, Morales “guardó su aura de jefe popular” y dio paso al de “representante de la renovación de la élite”, privilegiando “a los indígenas y los campesinos, lo que nunca antes había ocurrido”.

Al carisma y la inteligencia política de Morales, se añaden los buenos resultados económicos desde 2006. En ochos años, el PIB creció seis veces y la tasa de extrema pobreza pasó de 38 a 21 por ciento. La Ley de Nacionalización de 2006, junto al alza en los precios de las materias primas (petróleo, gas, estaño), permitió al Estado aumentar el gasto público en beneficio de los más pobres.

Creó bonos de ayuda para la tercera edad y niños escolarizados, construyó escuelas, hospitales y centros recreativos y también asfaltó carreteras, instaló drenajes y financió la compra de tractores a los campesinos.

La ausencia de oposición, a falta de unión, abre de nuevo la vía a la victoria de Morales, que, desde 2009, ganó el apoyo de la población de la rica Santa Cruz (este) y de los empresarios, que al inicio se opusieron con fuerza pero eligieron ser pragmáticos, negociar y dejar de confrontar en pleno boom económico.

El sistema de poder aplicado por Morales no está exento de críticas, en especial en el ámbito de la justicia, demasiado a menudo al servicio del Ejecutivo. “La corrupción en las instituciones también fue denunciada pero muy poco sancionada”, dice el sociólogo George Komadina, quien habla de un “hiperpresidencialismo”, mientras que el MAS, que nuclea a la mayoría de los movimientos sociales, concentra todos los poderes.