De éxito en éxito, la marcha triunfal del magnate de NY

Contra todo pronóstico, el conservador multimillonario se queda sin rivales en la carrera por la nominación republicana.
Hace menos de un año el empresario anunció su precandidatura en la Trump Tower de Manhattan.
Hace menos de un año el empresario anunció su precandidatura en la Trump Tower de Manhattan. (Joe Raedle | AFP)

Washington

Es probable que Donald Trump haya ganado las primarias de Indiana el pasado viernes 12 de febrero. Ese día, la dirección del gigante del aire acondicionado Carrier anunció la deslocalización de unidades de producción en México y la supresión de mil 400 empleos en Indianápolis. Dos días antes, otra empresa, United Technologies Electronic Controls, ya había hecho pública la transferencia de fábricas en el mismo país y el cierre de 700 empleos en Huntington, en el norte de Indiana. Trump no dejó de recordar estos cierres en los últimos días de la campaña, y también en su discurso de victoria pronunciado hace dos noches en su cuartel general, la Trump Tower de Manhattan. Fue ahí donde todo comenzó hace menos de un año.

Cuando el magnate inmobiliario descendió la escalera mecánica par anunciar su candidatura a la primaria republicana, el 16 de junio, desarrolló de inmediato su principal ángulo de ataque: el nacionalismo económico con fórmulas que golpean los ánimos: su voluntad de construir un "muro" en la frontera con México para impedir la infiltración de indocumentados, "de violadores", dijo, que traen "la droga". Pero la lucha contra una inmigración considerada amenazante para los empleos en EU no es más que un aspecto de la línea política que él esquematizaría más tarde, el 27 de abril, con el eslogan "Estados Unidos primero".

Ahora, la bola de demolición de Trump destruyó el último obstáculo en Indiana abriendo la vía hacia la investidura republicana para la elección presidencial del 8 de noviembre, aplastando sin que éste opusiera resistencia a su adversario más tenaz, el senador por Texas, Ted Cruz. Distanciado por más de 16 puntos en el terreno que él escogió, ya que lo consideraba favorable para detener al empresario, éste asumió las consecuencias del último revés al anunciar que suspendía su campaña, sin una sola palabra para su adversario.

Hace una semana, a raíz de sus aplastantes victorias en los cinco estados del noreste, Trump ya se había proclamado "candidato natural" del Partido Republicano, aunque una amenaza planeaba sobre sus ambiciones: sus rivales, Cruz y el senador por Ohio, John Kasich —que ayer también anunció su retiro de la contienda— juraron hacer todo lo posible para impedir que Trump obtuviera el número de delegados necesarios a fin de lograr la investidura en forma automática.

Cruz no escondió que él apostaba sus últimos chances al aparato que él había creado para llegar a construir una mayoría alternativa, entre los delegados, si Trump no lograba armar su juego durante la primera votación en la convención de julio, siendo que los delegados están libres de elegir a quien quieran a partir de la segunda vuelta.

Con la renuncia de Ted Cruz, nada deberá impedir que Trump, que hasta la noche del martes contaba con más de mil delegados, logre los mil 237 votos esperados. Al magnate inmobiliario que habló desde su cuartel general en Nueva York pareció que le faltó tiempo ante el anuncio sorpresivo de Cruz.

Su discurso de victoria, improvisado, se limitó a la repetición de sus fórmulas habituales, si bien rompió con las pequeñas frases asesinas que venía destilando desde las últimas semanas destinadas a su rival. Cruz no fue el único blanco de la solicitud del multimillonario. Los otros candidatos y la dirección del Partido Republicano, a menudo acusado de los peores males, fueron igualmente cubiertos de elogios.

Trump aseguró que su intención era ahora "reunificar" un partido paralizado por las divisiones. Se trata de la condición necesaria para enfrentar realmente a la candidata demócrata tal vez más detestada del campo republicano: Hillary Clinton.

Sobre el ascenso de Trump, James Thurber, director del Centro de Estudios Presidenciales y Parlamentarios de la American University, dijo a la agencia AFP que "la derecha está enojada con el establishment, que no hizo lo que habían prometido, es decir, reducir el rol del Estado, abolir la reforma de la salud, evitar el matrimonio gay y otros avances sociales".

Añadió que sus votantes "vienen de esa derecha enojada, tienen la impresión de haber sido abandonados".