Dinero maldito

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Con el ataque de los Kouachi se puso a Charlie Hebdo a la vista de todo el mundo.
Con el ataque de los Kouachi se puso a Charlie Hebdo a la vista de todo el mundo. (Paris Match)

Ciudad de México

Hace unos días el semanario francés París-Match publicó prácticamente en exclusiva varias fotografías que muestran a los hermanos Kouachi tendidos en el piso en medio de charcos de sangre, rodeados por un grupo de policías forenses. Los hermanos Kouachi fueron abatidos por los servicios de seguridad franceses luego de asesinar a una docena de redactores y dibujantes de Charlie Hebdo a modo de venganza por las frecuentes referencias burlonas de la publicación satírica a sus creencias religiosas. Algunas de las imágenes, consideradas por París-Match como documentos históricos, aparecieron en blanco en negro, ya que "era demasiado difícil verlas en colores", según explicó un funcionario de la redacción. La sangre derramada, de hecho, parece todavía muy fresca, incluida la de las víctimas de la masacre.

Cuando el ataque de los Kouachi puso a Charlie Hebdo a la vista de todo el mundo, quienes se empeñaban en mantener a flote a la publicación llevaban largos años luchando contra la adversidad. La suya no es una revista marginal pero está lejos de ocupar un lugar destacado en el mercado francés de las ediciones periódicas. Dirigida a un sector muy definido de las minorías ilustradas, les habla sobre todo a los estudiantes y profesores universitarios y a los intelectuales de izquierda, que festejan siempre su irreverente humor muy politizado. Los 30 mil ejemplares que colocaba cada semana en los quioscos garantizaban a sus periodistas una sobrevivencia más o menos cómoda pero sin lujos para nadie.

Aunque el estilo provocador de sus cartonistas, muy agresivo y a veces un tanto burdo, no es compartido por las mayorías, Charlie Hebdo ha vivido una larga luna de miel con prácticamente todos los sectores de la sociedad francesa a partir de los atentados que diezmaron su redacción. Su primera edición después de la incursión de los hermanos Kouachi alcanzó los siete millones de ejemplares y se agotó en unas cuantas horas. Un ejemplar de esa edición fue subastado a través de internet en más de tres mil dólares. En solo tres días, mientras los franceses reaccionaban con indignación ante los sangrientos acontecimientos, Charlie Hebdo ingresó en su cuenta alrededor de un millón de euros en donativos.

Pero ahora, casi tres meses después del atentado, los medios franceses dan cuenta de las disputas que comienzan a ensombrecer de nuevo el horizonte de Charlie Hebdo. Como nuevos ricos que son, los integrantes del equipo están pidiendo cuentas claras y una distribución justa de los ingresos tan inesperados como cuantiosos. El asunto comienza a despuntar en estos días pero está claro que los hermanos Kouachi no lo pudieron calcular mejor. Metieron al diablo donde reinaba la armonía, sembraron la discordia en nombre de la solidaridad y consiguieron introducir en el semanario un mecanismo de destrucción que tal vez consiga dar la puntilla a quienes se han burlado largamente de su religión.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa