Dilma ofrece diálogo, pero pide tolerancia

La presidenta brasileña se dice dispuesta a seguir escuchando los reclamos de los sectores que exigen su salida, ante la crisis económica.
La mandataria está preocupada por la “intolerancia” de algunos de sus críticos, afirma vocero.
La mandataria está preocupada por la “intolerancia” de algunos de sus críticos, afirma vocero. (Ueslei Marcelino/Reuters)

Brasilia

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, está dispuesta a intensificar el diálogo para atender los reclamos de los manifestantes que protestaron contra su gobierno el domingo, pero está preocupada con la intolerancia de algunos de sus críticos, dijo ayer uno de sus voceros.

"El gobierno quiere intensificar el diálogo porque reconoce que pasamos por un momento de dificultades, que queremos superar con diálogo, pero mientras se respeten las instituciones y sin ese ambiente de intolerancia", afirmó el ministro de Comunicación Social, Edinho Silva, en rueda de prensa.

Silva señaló que las protestas fueron el principal asunto abordado por la jefe de Estado en la reunión de dos horas que tuvo ayer con varios de sus ministros, con sus voceros en el Congreso y con los líderes de los partidos oficialistas.

Agregó que la mandataria considera que las manifestaciones fueron importantes y normales dentro de la democracia, y que está dispuesta a dialogar con quienes protestan, pese a que las marchas de ayer movilizaron menos personas que las dos precedentes convocadas por organizaciones sociales este año.

"Es evidente que hubo una reducción. No lo digo yo, lo dice la prensa. Pero para nosotros no dejan de ser importantes. Reconocemos su importancia y que (sus demandas) tienen que ser consideradas", dijo.

Las protestas del domingo, con cerca de 900 mil participantes en 205 ciudades según la prensa, fueron convocadas por grupos opositores ajenos a la política formal. En marchas anteriores se habían movilizado hasta 2.5 millones de personas en 250 ciudades.

Según Silva, la jefa de Estado quiere intensificar el diálogo que inició este mes con los partidos políticos, el Congreso, los empresarios y los movimientos sociales para atender también las demandas de quienes se manifestaron contra el gobierno.

Añadió que el gobierno también seguirá trabajando con la agenda con la que intenta superar las dificultades económicas enfrentadas por el país, que incluye un ajuste fiscal y diversas medidas sugeridas por el Congreso.

Según Silva, Rousseff, cuya popularidad cayó al mínimo histórico de 8 por ciento, considera que las propias dificultades que enfrenta el país son las que alientan las manifestaciones.

Además de una crisis política y del malestar generado por el gigantesco escándalo de corrupción en la petrolera Petrobras que ha salpicado a decenas de grandes empresas y políticos, Brasil enfrenta una grave crisis económica.

Según analistas, la economía se contraerá cerca de 2.0 por ciento en 2015 y de 0.15 por ciento en 2016, lo que configura una recesión, que ya es sentida por la población, que enfrenta la mayor inflación del país en los últimos 12 años y una tasa creciente de desempleo.

En las manifestaciones fueron comunes las pancartas pidiendo la salida de Rousseff y de su antecesor y padrino político, el ex presidente Lula da Silva, así como adjetivos despectivos contra el Partido de los Trabajadores (izquierda), una de cuyas sedes fue invadida la noche del domingo en el cuarto ataque contra el partido oficialista este año.

"El impeachment (juicio político) puede ser un remedio muy amargo, y los efectos colaterales muy penosos" y "traumáticos", estimó Michael Mohallem, experto en política y derecho de la universidad privada Fundación Getulio Vargas (FGV).

"La clase media quiere sacarla del poder de cualquier forma, pero nuevamente, ¿para qué? El empresariado y la élite piensa que su salida sería aún peor", añadió

La prensa brasileña parece tener ahora la misma opinión: tras haber publicado un fotomontaje con la cabeza de Rousseff en una bandeja, ahora defiende en editoriales que ella termine su mandato.

Para el historiador británico Kenneth Maxwell, autor de varios libros sobre Brasil, un impeachment sería un retroceso. "Dilma puede sobrevivir básicamente porque las alternativas también son malas. Y hasta los que desean verla fuera, al final, pueden preferir una presidenta debilitada a que integrantes del Congreso controlen el país", dijo Maxwell al diario O Globo.