Destituyen a Yanukóvich y liberan a Timoshenko

El parlamento decidió liberar a la líder opositora y destituir al actual presidente de Ucrania. 
Ucranianos escuchan en la plaza de Maidán a la ex primer ministra.
Ucranianos escuchan en la plaza de Maidán a la ex primer ministra. (Darko Bandic/AP)

Kiev

El destino de Ucrania dio un vuelco ayer durante una jornada en la que el parlamento decidió la destitución de facto del presidente Víktor Yanukóvich y la liberación de la líder opositora Yulia Timochenko, presa en Jarkov (este) por más de dos años y medio acusada de abuso de poder.

Poco después de ser absuelta, Timoshenko anunció su candidatura para las próximas elecciones y viajó a la capital.

Ante unas 50 mil personas congregadas en Maidán (la plaza de la Independencia de Kiev y centro neurálgico de las protestas), la ex primera ministra, figura de la Revolución Naranja en 2004, pidió justicia para los manifestantes que perdieron la vida en choques con las autoridades.

Al menos 80 personas murieron esta semana, un nivel de violencia inédito en el joven país que se independizó de la Unión Soviética hace 22 años.

Mientras, Yanukóvich, elegido en 2010 y cuyo mandato terminaría en 2015, aseguró que no tiene la intención de dimitir, si bien un acuerdo que firmó el viernes prevé la adopción de las medidas votadas en el Congreso en vista de la formación de un gobierno de unidad nacional.

Anoche se desconocía su paradero. Según el presidente del parlamento, Olexandre Turchinov, Yanukóvich estaba escondido en su natal Donetsk, una zona pro rusa en el este del país.

“Intentó tomar un avión hacia Rusia, pero guardias fronterizos se lo impidieron”, aseguró Turchinov.

El presidente intentó sobornar a unos guardias fronterizos para que dejaran despegar su avión, según un vocero de los guardias fronterizos.

Las reacciones a esta jornada no se hicieron esperar. La alta representante de la Unión Europea, Catherine Ashton, llamó a los involucrados en la crisis a cumplir las aspiraciones democráticas del pueblo ucraniano.

La Casa Blanca saludó la liberación de Timoshenko y afirmó que son los ucranianos quienes deben “decidir su propio futuro”.

En cambio, el gobierno ruso acusó a la oposición de no cumplir el acuerdo suscrito el viernes y denunció a “extremistas armados y saqueadores que son una amenaza para la soberanía de Ucrania”.

Pese a lo alcanzado ayer, Kiev no ha salido de apuro. La economía será una de las principales preocupaciones de las nuevas autoridades. Antes de las marchas, Ucrania ya se encontraba al borde de la bancarrota y necesitaba urgentemente ayuda financiera.

Esta situación fue la que condujo a Yanukóvich a anunciar en noviembre, de forma repentina, una suspensión de la negociación sobre un acuerdo de asociación con la UE, para reforzar sus relaciones económicas con Moscú, lo que desató los disturbios.

Rusia le prometió más tarde un crédito de 15 mil millones de dólares y una rebaja en el precio del gas. A finales de diciembre le entregó tres mil millones, pero esta semana anuló un nuevo tramo de dos mil millones, y la entrega del monto restante es incierta.