Después de Crimea, ondas de choque en el Cáucaso

Tras el conflicto en Ucrania, Putin demostró que las fronteras de los Estados nacidos de la desintegración de la URSS ya no son intocables; sin embargo, Armenia, Azerbaiyán y Georgia difieren.
Reunión de cancilleres de la ex república sovietica ayer en Moscú.
Reunión de cancilleres de la ex república sovietica ayer en Moscú. (Kirill Kudryavtsev/AFP)

Moscú

El mundo nunca había visto un ritmo tan rápido de cambio del paisaje geopolítico en Eurasia: ni en 1917, ni en 1945, ni en 1991", afirma el periódico armenio Golos Armenii.

"En 17 días, el Kremlin puso a Europa y la mitad de Eurasia patas arriba, al operar una revolución geopolítica, poniendo de manifiesto la indecisión de los estadunidenses y de los europeos en relación con las sanciones, la dependencia de la economía europea frente a Rusia y la fatiga de la comunidad internacional frente el caos de los últimos años", añade el diario.

Para Armenia, en conflicto con el vecino Azerbaiyán respecto del Alto Karabaj, el enclave separatista armenio, independiente de hecho desde 1992, el ejemplo de Crimea es motivo de entusiasmo.

El 18 de marzo pasado, el parlamento del Alto Karabaj saludó en una declaración "al pueblo crimeo por llevar a cabo esta oportunidad histórica", la de ejercer su "derecho a la autodeterminación".

"Crimea mostró de manera definitiva que las fronteras administrativas de las ex repúblicas soviéticas ya no son sagradas", afirma el director del Instituto del Cáucaso, Serguei Minasian, citado por el sitio ruso Kavkazski Ouzel.

Pero evidentemente el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliev, no tiene la misma opinión: él ha reiterado su decisión de "restaurar la integridad territorial del país, basado en el derecho internacional", pero sin dejar de señalar, observa el diario en línea ruso Vzgliad, que "el vector de la fuerza pasó al primer plano".

Por ello, Azerbaiyán, cuyo presupuesto militar tiene un crecimiento de entre los más elevados del mundo, "continuará reforzándose".

En Georgia, donde las dos regiones independentistas de Abjasia y Osetia del Sur fueron reconocidas por Moscú en 2008, el tono varía entre el temor expresado por el periódico Resonansi de ver a Moscú "incorporar a Osetia del Sur a manera de respuesta frente a las sanciones internacionales", y un llamado a la prudencia y al pragmatismo del diario Sakartvelo da Msoplio.

"El Kremlin mostró que el espacio pos soviético es su zona de influencia, y que no le asusta la confrontación ni una nueva guerra fría con Occidente", analiza el diario.

Para el gobierno de Georgia, "todo dependerá del buen sentido de las autoridades y de la sociedad georgianas" que deberán privilegiar "los intereses nacionales a las emociones".

El presidente ruso Vladimir Putin, añade, "se encargará probablemente de presentar su proyecto de Eurasia y explicará a los pueblos de los países pos soviéticos su visión de la cohabitación y de la resolución de los conflictos provocados por la desintegración de la URSS".

Es posible entonces que Georgia sepa lo que "el hombre espera del país, y lo que le propone".