Desolación palestina

Al abrigo de una tregua de 72 horas, los gazatíes regresan a sus barrios bombardeados y destruidos por Israel.
Una marcha de apoyo a Gaza se realizó ayer en Saná, Yemen, frente a la embajada de Egipto.
Una marcha de apoyo a Gaza se realizó ayer en Saná, Yemen, frente a la embajada de Egipto. (Yahya Arhab/EFE)

Beit Hanun

Jairy aprovechó la calma de las primeras horas de la tregua para regresar a su hogar, pero el espectáculo que encontró en la ciudad de Beit Hanun, convertida en un campo de ruinas, supera todo lo que había imaginado.

Cuando Israel anunció, después de días de bombardeos, el inicio de su ofensiva terrestre en la Franja de Gaza, Jairy Hasan al Masri, su esposa y sus tres hijos abandonaron de inmediato su bonita casa blanca, con su patio con césped, su palmero y su limonero.

De vuelta por primera vez el martes, en las primeras horas de la tregua de tres días entre Israel y Hamás y de la retirada de los soldados israelíes, descubre la magnitud de los daños.

"¿Esta es mi ciudad?" se pregunta, pasmado, ante unas viviendas aplastadas o derrumbadas. Al borde de las calles de arena en las que los tanques han dejado grabadas las huellas de sus orugas, yacen sin vida unos burros embestidos.

La estructura de su casa sigue en pie, pero las paredes están llenas de boquetes. La habitación de su hijo Hasan, de 11 años, está cubierta de casquillos. En el salón hay un mortero abandonado, en el primer piso, un lanzagranadas. En una pared está dibujado un mapa del barrio, con inscripciones en hebreo que sugieren que los soldados israelíes se sirvieron de su casa antes de marcharse.

Jairy ha vuelto solo para ahorrarle la experiencia a su familia. "¿Qué voy a decirles a mis hijos y a mi mujer? ¡No quiero que vean esto! Se van a volver locos. ¿Cómo explicarles todo esto?", suspira mientras avanza entre los escombros. "¿Qué le hemos hecho, nosotros, a Netanyahu?", lanza, refiriéndose al primer ministro israelí.

Como Jairy, miles de gazatíes han ido a comprobar si su vivienda seguía en pie. Zakia Shaban Baker Masri, viuda de 74 años, con voz aguda y la cara luminosa adornada por un velo verde, camina con el corazón encogido en lo que queda de la vivienda familiar.

"En cuanto entré, me puse a llorar", dice. "Los ahorros de toda mi vida estaban aquí, en mi habitación. Pero ya no me queda nada", dice esta abuela, que luego regresará a la periferia de Gaza.

La desolación es la misma en el norte del enclave palestino. Mohamed, 22 años, volvió para ver el departamento familiar totalmente reventado e incendiado por los ataques. En la planta baja, deambulan unos gallos perdidos al son de un avión sin piloto que atraviesa el cielo.

"Todo está destruido. Los edificios ya no son habitables. Tendremos que tirarlo todo y reconstruir. De aquí a entonces, no tenemos dónde vivir", excepto los refugios de la ONU o la familia, asegura.

"Miles de vivienda quedaron totalmente destruidas, a las que se suman todas las que han sido parcialmente dañadas", dice Mufid Hasayneh, ministro palestino de Obras Públicas. Espera el fin definitivo de los combates para poder iniciar, con la ayuda de fondos extranjeros, la laboriosa reconstrucción de Gaza.

El Ministerio de Finanzas calcula que las necesidades más urgentes de la reconstrucción requieren entre cuatro mil y seis mil millones de dólares.

Los gazatíes de momento esperan y no se proyectan en la reconstrucción. Vienen a tomar el pulso a la espera del fin de la pesadilla.

Un puñado de valientes duermen esta noche entre los escombros, como Jadar al Masri. Ha instalado una colchoneta sobre una losa de hormigón que amenaza con ceder en cada momento. "Es peligroso, pero bueno. Voy a quedarme durante la tregua. Si se reanuda la guerra, volveré" a un refugio. "Todo esto, es una prueba de Dios, pero que nadie se equivoque: nos levantaremos de nuevo".

La Franja de Gaza está sometida desde 2006 al bloqueo israelí por aire, mar y tierra. En sus escasos 362 km2 y 1.8 millones de habitantes, 43.4% de la población tiene menos de 14 años. La actual ofensiva ha dejado hasta ayer 267 mil 970 desplazados en 90 escuelas de la ONU, más otros 200 mil al menos alojados con familiares o amigos. Según los socorristas locales, mil 867 palestinos murieron y nueve mil 500 fueron.