“Delirante e irrealista”, el plan de ayuda a Grecia

El compromiso entre Atenas y sus acreedores despierta serias dudas sobre su eficacia para el pueblo heleno.
El Parlamento griego aprobó anoche el draconiano plan de ajustes del FMI y la Unión Europea.
El Parlamento griego aprobó anoche el draconiano plan de ajustes del FMI y la Unión Europea. (Alkis Konstantinidis/Reuters)

Atenas

Punitivo, paliativo, riesgoso. Mientras su versión final aún no ha sido adoptada, numerosos economistas se preguntan sobre las posibilidades de éxito del compromiso concluido entre Atenas y sus socios europeos el pasado lunes. Y, en particular, sobre su capacidad para relanzar realmente el crecimiento griego. “Algunos aspectos son prometedores, pero soy muy pesimista en cuanto al impacto real que tendrá sobre la economía griega”, analiza Gabriel Sterne, economista de Oxford Economics y ex miembro del Fondo Monetario Internacional (FMI).

A cambio de un tercer programa de ayuda de 86 mil millones de euros, el gobierno del primer ministro Alexis Tsipras se comprometió a adoptar, ayer, un conjunto de medidas draconianas: reforma de las pensiones, alza al IVA, privatizaciones… Bajo reserva de que el acuerdo sea adoptado por los demás países miembros de la eurozona, Grecia deberá igualmente instaurar un mecanismo de recortes automáticos en los gastos públicos aun cuando las metas presupuestarias no se hayan definido.

Por último, sus acreedores (la ex-troika) del FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE) podrán vigilar las legislaciones claves votadas por el país. Una injerencia que una parte de la coalición oficialista de izquierdas Syriza y de la izquierda europea califica de intolerable.

Este punto de vista es compartido por numerosos expertos. Sin embargo, el programa presenta al menos dos ventajas, consideran. La primera, se descarta la amenaza inminente del Grexit (la salida de Grecia de la eurozona). También, “incluye numerosas reformas estructurales susceptibles de reforzar positivamente la economía griega”, afirma Diego Iscaro, economista del IHS Global Insight. Por ejemplo la apertura de las profesiones protegidas o de la lucha contra la corrupción.

El problema es que el efecto positivo de tales reformas sobre el crecimiento se hará sentir recién dentro de muchos años, unido a que el plan incluye medidas que, a corto plazo, tendrán un efecto muy negativo sobre la actividad económica.

En total, las alzas de impuestos y las bajas en el gasto público revan a contraer el presupuesto de más de seis mil millones de euros en 2015 y 2016, es decir 3.4% del producto interno bruto (PIB). “Un objetivo delirante, sobre todo porque Grecia volvió a caer en recesión a fines de 2014”, comenta Eric Dor, economista en el Iéseg. Además, las medidas contribuyeron en un primer tiempo a aumentar el peso de la deuda pública en el PIB (177% hoy), el cual sigue contrayéndose.

“El plan reproduce los mismos errores que los precedentes, con una austeridad mal dosificada: la troika no aprendió nada”, lamenta Iscaro.

En 2013, el propio FMI reconoció haber subestimado el impacto recesivo de las medidas de ajuste exigidas al anterior gobierno de Grecia. “Lo que me angustia es que este plan prolonga la agonía de la economía griega en lugar de acortarla”, afirma Sterne.  Peor aun cuando éste se aplica en un contexto todavía más delicado que en 2010 o 2012.

“Los bancos están cerrados y al borde de la asfixia, las pequeñas y medianas empresas ya no tienen acceso a ningún financiamiento y la desconfianza de los inversores hacia Grecia nunca ha sido tan elevada”, explica Ludovic Subran, de Euler Hermes. Y el riesgo del Grexit inquieta de nuevo a todos.

La duda de los economistas se refiere igualmente a la creación de un fondo de privatización. Según el Eurogrupo, su objetivo será acumular 50 mil millones de euros: 25 mil millones servirán para reestructurar a los bancos, mientras que los otros 25 irán al servicio de la deuda y a las inversiones. “Este objetivo de 50 mil millones de euros es irrealista e inalcanzable, ya que los precios de los activos privatizables cayeron mucho con la recesión”, afirma Iscaro. Un análisis compartido por el propio FMI. “Sin hablar de la lentitud del sistema judicial y de las fuertes resistencias, en especial de los sindicatos, que  frenarán cada proyecto de privatización”, añade.

Lentitud, resistencias, oposición... La aplicación de las reformas demandadas por los acreedores tropezará con el mismo tipo de obstáculos.