Deforestación de Amazonía aumentó en el último año: Izabella Teixeira

En meses recientes han desaparecido cinco mil 843 km cuadrados de selva, alerta el gobierno de Dilma Rousseff.
La ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, en conferencia de prensa.
La ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, en conferencia de prensa. (Andressa Anholete/Reuters)

Brasilia

La deforestación de la Amazonía alcanzó 5 mil 843 kilómetros cuadrados en el último año, lo que representó un aumento de 28 por ciento en relación al periodo anterior, que había sido el menor de la historia, informó el jueves la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Izabella Teixeira.

“Confirmamos un aumento de la tasa de deforestación de 28 por ciento, alcanzando 5 mil 843 kilómetros cuadrados”, informó la ministra en rueda de prensa.

El resultado, todavía provisional, se refiere al año calendario del gobierno brasileño, que va de agosto de 2012 a julio de 2013.

La titular de Medio Ambiente convocó a una reunión de emergencia con todos los secretarios de Medio Ambiente de los estados amazónicos para pedir explicaciones y aplicar medidas para revertir la situación. La reunión será el viernes de la semana próxima, para lo cual la ministra adelantará su retorno de la conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático en Varsovia, la COP19, que inició el lunes en la capital polaca y se extenderá en total dos semanas.

“El gobierno de Brasil no tolerará y considera inaceptable cualquier aumento de la deforestación ilegal”, dijo la ministra, que aseguró que el país sigue comprometido con sus obligaciones internacionales de reducir drásticamente la deforestación amazónica. También negó que el gobierno haya dejado de invertir en ese empeño.

“Nuestro compromiso es revertir cualquier aumento de la deforestación, nuestro objetivo es eliminar la deforestación”, aseguró la ministra.

Las cifras de la deforestación coinciden con grandes obras y leyes que afectan a la región, aprobadas por un Congreso que tiene una poderosa bancada favorable a los agronegocios en este gigante país productor de alimentos.

“El gobierno había mostrado una reducción muy positiva de la deforestación de la Amazonía —80 por ciento en casi una década—, pero hubo la aprobación del Código Forestal en el Congreso, hidroeléctricas, una menor creación de áreas protegidas, eso aumentó la especulación por tierras de un lado (personas que ocupan para revender esperando una mejora económica en la región), y el gobierno dio una señal de que no será tan duro en combatirlo”, expresó a la agencia AFP el especialista del Instituto Imazon, Adalberto Veríssimo.

La deforestación de la Amazonía en Brasil, la mayor selva del planeta, había alcanzado su menor nivel histórico de 4 mil 571 km cuadrados en 2012, tras un alarmante pico de 27 mil kilómetros cuadrados en 2004.

El resultado del último año es un jarro de agua fría a la voluntad del gobierno de seguir reduciendo la deforestación, pero aún así fue la segunda menor tasa histórica, todavía mejor que los 6 mil 418 kilómetros cuadrados de 2011.

Los estados de Pará (norte) y Mato Grosso (centro-oeste), con una gran ganadería y producción agrícola de soya, estuvieron entre los que lideraron el aumento, con una elevación de 37 y 52 por ciento respectivamente, explicó la ministra.

En Pará, la presión llamó la atención especialmente por el tamaño de los polígonos devastados, una parte en tierras públicas alrededor de la carretera 163 que cruza la Amazonía, mientras que en Mato Grosso, con áreas menores en propiedad privada, la deforestación se vinculó más a la expansión del cultivo de la soya, dijo Teixeira.

Potencia ambiental y agropecuaria, Brasil ha sido centro en los últimos años de un conflicto entre ambientalistas y agricultores, especialmente en torno a la reforma del Código Forestal, la ley que establece qué porcentaje de la selva cada productor tiene que respetar, y que alcanza 80 por ciento en la Amazonía.

Los indígenas del país también están en pie de guerra ante iniciativas en debate en el Congreso, como la posibilidad de instalar concesiones mineras y una eventual transferencia al parlamento, controlado por el lobby agropecuario, para que demarque sus territorios.