Dar en el blanco: el atractivo plan de miles de turistas

La idea de disparar un arma de gran calibre es para muchos tan seductora que la integran a su ruta de vacaciones.
Shayna Zerbe trabaja como instructora en Machine Guns Vegas.
Shayna Zerbe trabaja como instructora en Machine Guns Vegas. (John Locher-AP)

Las Vegas

La muerte de un instructor de armas a manos de una niña de 9 años, que disparaba una Uzi automática, pone de manifiesto la cara trágica de lo que se ha convertido en una práctica comercial muy popular en Estados Unidos: el turismo armamentista.

Mientras las leyes mantienen a las armas de gran calibre fuera del alcance de la mayoría de la gente, los campos de tiro privados con ese tipo de armamento han pasado a ser de gran atractivo para el ciudadano común.

Turistas japoneses abarrotan diversos centros de tiro como el de Waikiki, Hawai, y la decena que se ha abierto en Las Vegas, Nevada, que ofrecen despedidas de solteros y bodas con profusión de balas, en las que los novios pueden disparar ametralladoras y posar con Uzis y cintos con cartucheras de balas.

“La gente quiere experimentar situaciones que no puede experimentar en otro sitio”, explica Genghis Cohen, propietario de Machine Guns Vegas. “No hay una película de acción en los últimos 30 años sin una ametralladora”.

La muerte accidental de un instructor de armas en Arizona suscitó un enérgico debate y mucha gente se pregunta qué clase de padres permite que niños pequeños manipulen una ametralladora.

El instructor Charles Vacca, de 39 años, estaba al lado de la niña el lunes pasado en el campo de tiro Last Stop en White Hills, Arizona, a unos cien kilómetros al sur de Las Vegas, cuando la pequeña apretó el gatillo. El sacudón elevó el cañón de la Uzi y Vacca fue impactado en la cabeza.

Los fiscales dijeron que no presentarán cargos. La identidad de la niña y de su familia no se ha dado a conocer.

Atracciones similares operan desde los años 80 en Las Vegas, aunque se han multiplicado en los últimos tiempos. El entusiasmo por las armas tiende a aumentar en momentos en que se cree que podrían imponerse mayores restricciones, dice Dan Sessions, gerente general de Discount Firearms and Ammo, que opera el Vegas Machine Gun Experience.

También entra al tema el costo prohibitivo de un arma automática: un M5 puede costar 25 mil dólares, mientras que la ocasión de disparar a blancos con apariencia de zombis con un AR-15 y otras tres armas cuesta menos de 200.

Turistas de Australia, Europa o Asia, cuyos civiles tienen prohibido el manejo de muchos tipos de armas, buscan aprovechar el derecho constitucional de los estadunidenses a poseerlas.

“La gente tiene una fascinación por las armas”, dice Cohen, originario de Nueva Zelanda, quien calcula que 90 por ciento de sus clientes son turistas. “Ven las armas como una característica de la cultura estadunidense y quieren experimentarla”. Pero, aparte del machismo, los propietarios admiten que un movimiento en falso puede terminar en tragedia. El negocio de Cohen está instalando un sistema de contención para impedir que el caño de las ametralladoras salte hacia arriba después de disparar, el mismo movimiento que segó la vida de Vacca. En 2008, un niño de ocho años murió al herirse en la cabeza con una Uzi en una exposición de armas cerca de Springfield, Massachusetts. Christopher Bizilj disparaba contra calabazas cuando el arma se sacudió y lo mató.