Cuba recordó también el asesinato de JFK

A pesar de ser el hombre que puso en marcha el bloqueo “más largo padecido por país alguno en el planeta”, en el decir oficial, el ex presidente es recordado pues su muerte ocurrió en un momento ...
John Fitzgerald Kennedy, en el Despacho Oval de la Casa Blanca durante la crisis de los misiles en Cuba
John Fitzgerald Kennedy, en el Despacho Oval de la Casa Blanca durante la crisis de los misiles en Cuba (Archivo)

La Habana

Como efeméride propia, aunque se trate de quien puso en marcha el bloqueo “más largo padecido por país alguno en el planeta”, en el decir oficial, los cubanos recordaron  hoy el aniversario 50 del asesinato del presidente John F. Kennedy y la llamada “conexión cubana”. Ningún sexagenario isleño ha olvidado dónde se encontraba aquel 22 de noviembre de 1963, al ocurrir la muerte de Kennedy en Dallas, Texas, porque entonces Cuba figuraba entre las principales prioridades de Washington y su futuro parecía pender de un hilo.

Invasión de exiliados en 1961, escenario de la crisis de los cohetes nucleares entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1962 y blanco de la “Operación Mangosta” de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el país caribeño se jugaba la vida en su desafío a EU, cuando el magnicidio lo situó en el centro de ese acontecimiento, cuyos pormenores constituyen todavía el secreto mejor guardado de la historia estadunidense.

“Tengo serias dudas de si (los investigadores) llegaron hasta el fondo del tiempo e influencia de Cuba y Rusia” sobre Lee Harvey Oswald, respondió recientemente el secretario de Estado John Kerry a la cadena NBC. Según encuesta de Gallup, 61% de los estadunidenses no cree en la conclusión del tirador solitario.

La versión oficial identificó a Oswald, un ex marine, como el único asesino y descartó una conspiración urdida por La Habana y Moscú, como se dijo de inmediato. También eludió referirse a sectores ultraconservadores en Washington enfrentados a Kennedy, quien al final de sus días se replanteaba la guerra en Vietnam y se inclinaba por un diálogo con Fidel Castro, iniciado en secreto poco antes de su muerte.

Entre las cabezas conocidas de ese enfrentamiento, el investigador cubano Gabriel Molina ha identificado a los ex presidentes Lyndon B. Johnson (incrementó la guerra en Vietnam),  Richard Nixon (acérrimo enemigo de Castro) y  George H. W. Bush (en 1963 oficial de la CIA). Todos se encontraban en Dallas el día del magnicidio y Bush, según Molina, es “uno de los pocos sospechosos sobrevivientes del crimen”.

Medio siglo después, la conclusión de que un solo hombre fue el asesino de JFK –como ocurriría también en 1968 con su hermano Robert Kennedy-, despierta tantas dudas como prolíferas son las hipótesis de conspiración. Entre las más recientes, la del español Francisco Javier Carretero, para quien los impactos en el mandatario fueron “por balas distintas, una convencional y otra explosiva”.

Otro estudio publicado en octubre pasado en Paris asegura que los tiradores “fueron cuatro”, todos agentes o vinculados a los servicios secretos estadunidenses y al menos uno de conocida militancia anticastrista. Dos de ellos habrían  herido a Kennedy, otro al gobernador  de Texas, John Connally, y el cuarto falló. Según esa versión, la misión de Oswald (asesinado 48 horas después de su arresto) se limitó a darle acceso a uno de los conspiradores al edificio desde donde se dice disparó el único asesino.

Los cubanos consideran  que el papel asignado a Oswald era “vincular a La Habana con el crimen, para lo cual se le había construido con antelación (en México y Nueva Orleans) la imagen de partidario de Fidel Castro, y justificar después una invasión al país”, aspiración sostenida por el exilio anticastrista radical hasta el presente. El criterio más generalizado aquí es que “se buscaba matar dos pájaros de un tiro: liquidar la reelección del presidente Kennedy y sus populares tendencias liberales, y acabar con el desafío de la revolución cubana”.

“A partir de mañana esos malditos Kennedy no serán más un problema”, habría dicho el entonces vicepresidente Lyndon B. Johnson en Dallas a su amiga íntima Madeleine Brown, 24 horas antes del crimen, según testimonio de ésta registrado por William Reymond en su libro JFK le dernier temoin.