Crisis política paraliza la reconstrucción de Haití

Pese a los avances para recuperarse luego del sismo que en 2010 dejó más de 220 mil muertos, existe preocupación en el país por los miles que siguen sin hogar.
Opositores exigen la renuncia del presidente Michel Martelly.
Opositores exigen la renuncia del presidente Michel Martelly. (Hector Retamal/AFP)

Puerto Príncipe

Haití no consigue recuperarse aún del devastador terremoto de 2010 y, a cinco años de la tragedia que mató a más de 220 mil personas, el país caribeño podría entrar en su próxima gran crisis política.

Hoy también se vence el mandato del actual Parlamento, por lo que el gobierno del presidente Michel Martelly solo podría seguir gobernando por decreto.

Pese a los avances de la reconstrucción, sobre todo en la capital Puerto Príncipe, decenas de miles de personas siguen viviendo además en campos de refugiados provisionales, en la que es considerada la nación más pobre del hemisferio occidental y que depende también en gran medida de la ayuda internacional.

El balance de los logros de los últimos cinco años es "bastante mixto, pero sobre todo negativo", lamenta Chiara Liguori, experta de la organización defensora de los derechos humanos Amnistía Internacional (AI).

Pese a que la mayoría de refugiados tiene un hogar, gran parte de los más dos millones de personas que el terremoto dejó sin casa viven aún en condiciones de pobreza. Según cifras de AI, más de 85 mil personas continúan en 123 campamentos provisionales en Haití.

"Las condiciones en muchos de esos campos son terribles", señaló la misma organización en un informe publicado el 8 de enero en el que enfatizó que "un tercio de las personas que viven en ellos no tienen acceso a una letrina".

El terremoto de siete grados Richter que sacudió Haití en la mañana del 12 de enero de 2010 dejó más de 220 mil muertos y más de 300 mil heridos, mientras que dos millones se quedaron sin hogar. En 2011, la compañía de seguros Swiss Re estimó los daños en unos 10 mil millones de dólares.

Liguori critica también que diversas medidas fueron de corto plazo. "Lo que falta son soluciones sostenibles para los desplazados", pide.

Según AI, el gobierno y algunas organizaciones humanitarias concedieron en los últimos años subsidios de corta duración por un monto de 500 dólares a desplazados para conseguir sacarlos de los campamentos.

Un estudio de la organización en 2013 reveló que hasta la mitad de los beneficiarios, tuvieron que dejar sus nuevas casas después de que se acabara el subsidio. Y según AI, se desconoce lo que ocurrió con este tipo de afectados debido a que las estadísticas no suelen recoger datos sobre lo que les ocurrió.

En Puerto Príncipe ya "no son muchos" los campamentos de refugiados, explica a su vez el conocido cineasta haitiano Arnold Antonin. "El problema es que se han desplazado los campos", a las afueras de la ciudad, agrega.

En Canaan, unos 20 kilómetros al norte de la capital, se formó una nueva aglomeración urbana que organizaciones humanitarias estiman en unas 200 mil personas si bien denuncian, el área no reúne las condiciones adecuadas para vivir.

El gobierno de Haití se niega a reconocer los asentamientos en la zona, casi despoblada antes del terremoto.

Por ello AI condena que los pobladores levanten ahí sus casas sin apoyo y sin algún plan urbanístico.

"Los desplazados estaban en las principales plazas de la ciudad. Ya no están ahí, pero el problema social no está resuelto", resume Dirk Guenther, director en Haití de la organización no gubernamental alemana Welthungerhilfe.

"Se ignoró la sugerencia que desde la sociedad civil habíamos hecho, y que era la creación de una institución autónoma de la reconstrucción", protesta el cineasta Antonin.

Ello hubiera impedido que la reconstrucción cayera en manos "de la vida política haitiana", dice. El director organiza desde casi 30 años con otros intelectuales y personalidades de la sociedad civil un foro semanal en el que discuten los problemas del país.

Ahora miran también con preocupación hacia el futuro. Haití está, otra vez, en medio de una grave crisis política. Debido a una disputa desde hace años entre el gobierno y la oposición, el país antillano no logra celebrar desde 2011 unos comicios legislativos pendientes.

Hoy que se cumplen los cinco años del terremoto, se vencen también todos los mandatos de la cámara baja del Parlamento y el Senado, de 30 integrantes, que se quedará solo con 10.

Si este vacío político ocurre, Martelly solo podrá gobernar a través de decretos.

Mientras tanto, se espera una solución a la disputa política para que el país pueda volver a centrar sus esfuerzos en la reconstrucción.