Crisis de la basura deja casi una centena de heridos en Beirut

Cientos de personas protestan en la capital del país asiático ante las montañas de desechos que nadie recoge.
El primer ministro, Tammam Salam, reconoció ayer el “uso excesivo de la fuerza policial”.
El primer ministro, Tammam Salam, reconoció ayer el “uso excesivo de la fuerza policial”. (Hassan Shaaban/Reuters)

Beirut

La crisis de la basura se agravó aún más ayer en la capital de Líbano, donde por segundo día consecutivo estallaron choques entre la policía y manifestantes, con saldo de más de 70 heridos ayer y al menos 16 el sábado, lo que acentuó la presión sobre el gobierno libanés, paralizado por profundas divisiones internas.

Anoche, cientos de manifestantes exigieron al gobierno una salida a la crisis de la basura doméstica, que invade las calles desde hace semanas.

Según el titular de la Cruz Roja local, Georges Kétané, 43 manifestantes tuvieron que ser hospitalizados por principio de asfixia o fracturas a raíz de los gases de la polícía. Otros 200 sufrieron molestias y tuvieron que ser tratados en el lugar.

Además, unos 30 miembros de la policía resultaron heridos, uno de gravedad, según las autoridades que, sin embargo, no reportaron daños materiales o muertos que lamentar en ambas jornadas.

La campaña "Apestan" organizó varias manifestaciones en estas últimas semanas para hallar una solución global al problema de la recogida de basuras, además de llamar a la ciudadanía para concentrarse ayer, insistiendo en el carácter pacífico de la protesta.

La crisis estalló a mediados de julio con el cierre por vecinos del vertedero de Naameh, a las afueras de Beirut. Abierto en 1997 con la promesa de que iba a ser "transitorio", el basurero sigue activo 18 años después...

El parlamento, dividido y paralizado, no ha logrado votar hasta ahora una ley adecuada y el valle de Naameh, que debía tratar dos millones de toneladas de detritos, ha acabado recibiendo solo 15 toneladas.

Miles de manifestantes volvieron a reunirse el domingo en el centro de Beirut, luego de los choques registrados el sábado. Los enfrentamientos estallaron al final de la tarde cuando manifestantes intentaron retirar las alambradas de púas que rodean las oficinas de gobierno y lanzaron proyectiles —piedras y botellas con arena— en dirección a los agentes de policía.

Colocado en la primera línea de la crisis, el primer ministro, Tammam Salam, reconoció ayer que se había recurrido a un uso excesivo de la fuerza y se dijo dispuesto a castigar a los "responsables". "No podemos dejar pasar los hechos sin castigo", declaró el ministro a raíz de la golpiza a los manifestantes.

A los llamados al gobierno para que resuelva el problema de la basura, se sumaron ayer otros que exigen la renuncia de Salam y que se llame a elecciones parlamentarias.

Salam reconoció que el problema de la basura es la gota que hizo desbordar la furia de la población, aunque el tema es mucho más importante que esta gota de agua. Es el tema "de las basuras políticas en el país", afirmó un experto.

Como cada verano, además, el calor ha acentuado el tufo causado por la basura en Beirut y su periferia, unido a los racionamientos de electricidad que este año han sido más severos que lo habitual: en los barrios periféricos, los cortes llegan a ser hasta de 12 horas.

Para los libaneses más pesimistas, el país está en una regresión. Y el escándalo de los deshechos hizo estallar finalmente las disfuncionalidades de un Estado a punto de estallar, que no deja de debilitarse a fuerza de las crisis.

"He visto a Beirut ensangrentado y a Beirut en ruinas. Y ahora, Beirut bajo las montañas de basura", la menta Joyce Fayad, una habitante de la capital que tiene una tienda de juegos para niños.

"En un país que va a la deriva, donde nadie es responsable de nada, espero cualquier cosa", añade Fayad. El sentimiento de haber tocado fondo es compartido por todos.

En una campaña de prestidigitación, a la que la clase política está acostumbrada, un "plan de urgencia" para la capital libanesa fue anunciado por el gobierno 10 días después de que la basura comenzara a invadir las calles luego del cierre ya mencionado del basurero general de la capital y sus entornos. Pero nadie sabe con exactitud dónde están siendo llevadas las centenares de toneladas de desechos recolectados cada día, y las descargas salvajes se multiplican: en los terrenos abandonados de la ciudad, en los valles, en las carreteras, donde solamente a veces lo que se amontona es quemado...