Crimea y los orígenes de la guerra química

Semáforo.
Semáforo
(Especial)

Ciudad de México

Un modo de entrar en la ciudad sitiada: el caballo de los aqueos. Se abren las puertas y el invasor accede a la ciudad sin ser advertido. Troya es tomada mientras celebra una falsa victoria. Otro modo: Caffa, una ciudad portuaria de Crimea, en Ucrania, que después se llamó Teodosia y hoy es Feodosia. Wikipedia registra solo cuatro nombres de famosos feodosios: un marino pintor de marinas, dos boxeadores y Wiska, una actriz porno. Pero es el lugar que cambió la historia del mundo occidental.

Caffa tiene sus orígenes en 1266, cuando los navegantes genoveses acordaron establecer un puerto de transacción para competir con el comercio veneciano. Seda y especias de Asia, junto con esclavos rusos, circasianos y tártaros para las subastas de Constantinopla y el Próximo Oriente. Cerca de 500 esclavos por año (dice Neal Ascherson) pasaron por la enorme puerta en la muralla marítima que fortificaba Caffa. Ochenta años después, el kan Djani-Beg, rey de la Horda Dorada, sitió la ciudad en dos ocasiones. En 1343, las fuerzas genovesas pudieron sobreponerse al sitio; pero en 1347 sucedió algo distinto: Djani-Beg volvió a cercar la ciudad, tomó control del puerto y todo parecía dirigirse a la capitulación de Caffa. Sin embargo, como se cuenta al inicio de la Ilíada, los soldados invasores se vieron presa de bubas y de la muerte negra. La peste bubónica es resultado de la contaminación por picadura de pulgas infectadas con la Yersinia pestis (Aunque Thomas J. Johnson dice que la peste en Caffa se debió a la Xenopsylla cheopsis, especie oriental). Seguirá siendo un gran misterio cómo pudo Homero relacionar la peste con las ratas, si no había noción de las bacterias. Pero los aqueos pudieron sobrevivir su epidemia porque hicieron sacrificios a Apolo Smintheus (Apolo de los ratones, literalmente). En cambio, Djani-Beg, en vez de sacrificios, inventó una de las más siniestras tácticas de guerra. Ordenó apilar a los muertos junto a las catapultas. Unos dicen que fueron solo las cabezas; otros, que todo el cuerpo. Utilizó los despojos de sus propios soldados para librar la muralla e iniciar la guerra química contra los genoveses. La peste se desató al interior de la ciudad. Algunos genoveses lograron huir y embarcarse de vuelta. En octubre de 1347 llegaron los barcos a Génova. De Italia a España, luego Francia... en 1350 la peste había llegado hasta Escandinavia. Un tercio de la población de Europa, 25 millones de personas, murió infectada. En Asia fue peor: casi 60 millones.

Petrarca, Boccaccio, Chaucer y los grabados de Holbein de La danza macabra son resultado de la peste. Es decir, dos cosas surgieron de aquel puertito de Crimea: el establecimiento de las lenguas vulgares como recurso superior para narrar la historia y cierta imaginería de la muerte. El mundo de hoy no necesita nuevas imágenes mortuorias ni nuevos iconos lúgubres. En un referéndum de la semana pasada, Crimea votó (97 por ciento a favor) por dejar de ser parte de Ucrania para unirse a la Federación Rusa. El mundo se espanta, con razón, y parece imperativo actuar. Esperemos que los orígenes griegos de Occidente recurran al caballo troyano, antes que a las tácticas siniestras de los tártaros.