Condena histórica en Camboya a dos ex dirigentes de los jemeres rojos

El ideólogo del régimen comunista que dejó casi dos millones de muertos entre 1975 y 1979, Nuon Chea, de 88 años, y el jefe del Estado jemer, Khieu Samphan, de 83, fueron condenados a cadena perpetua.
Soum Rithy (i), un sobreviviente del khmer rojo, se abraza a Chum Mey (d), sobreviviente de la prisión de Tuol Sleng (S-21), al oir el veredicto
Soum Rithy (i), un sobreviviente del khmer rojo, se abraza a Chum Mey (d), sobreviviente de la prisión de Tuol Sleng (S-21), al oir el veredicto (AFP)

Phnom Penh

Los dos máximos dirigentes todavía vivos de los jemeres rojos fueron condenados este jueves a cadena perpetua por un tribunal de Camboya, una sentencia histórica contra este régimen que dejó casi dos millones de muertos entre 1975 y 1979.

El ideólogo del régimen, Nuon Chea, de 88 años, y el jefe del Estado jemer, Khieu Samphan, de 83, fueron declarados culpables por "crímenes contra la humanidad, exterminio, persecución política y otros actos inhumanos", entre ellos evacuaciones y desapariciones forzadas, anunció Nil Nonn, el juez del tribunal del Phnom Penh apadrinado por Naciones Unidas.

El veredicto fue recibido con lágrimas y aplausos por varios supervivientes que estaban en el exterior de la sala de audiencias. Los dos condenados no expresaron ninguna emoción al conocer el veredicto y sus abogados anunciaron inmediatamente que lo recurrirán.

"Es injusto para mi cliente", declaró Son Arun, abogado de Nuon Chea mientras que Kong Sam Onn, abogado de Khieu Samphan, denunció una pena "demasiado severa".

A pesar de la perspectiva de un nuevo juicio de apelación, el portavoz del tribunal, Lars Olsen, afirmó que la sentencia supone "un día histórico para las víctimas camboyanas, que han tenido que esperar 35 años". Los dos ex líderes, acusados de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, estaban siendo juzgados desde 2011.

Para acelerar el juicio, el proceso fue divido en bloques y en este primer proceso sólo se trató de las evacuaciones forzadas llevadas a cabo por el régimen, las más importantes de historia.

Tras su llegada al poder en abril de 1975, los jemeres, que tenían el proyecto utópico inspirado en el marxismo de crear una sociedad agraria ideal sin moneda ni ciudades, obligaron a miles de personas a evacuar la capital del país.

Khieu Pheatarak, una mujer de 70, fue una de los casi dos millones de habitantes de Phnom Penh obligadas a evacuar la ciudad, bajo la amenaza de los soldados que ejecutaban a los que se negaban a irse. "Nunca me olvidaré del sufrimiento pero [este veredicto] es un gran alivio. Es una victoria y un día histórico para todos los camboyanos", afirmó.

Tras dos años de audiencia, la acusación había pedido en octubre cadena perpetua para los dos acusados, la pena máxima prevista por el tribunal que decidió desde el principio excluir la pena de muerte.

Nuon Chea y Khieu Samphan, detenidos en 2007, negaron en todo momento las acusaciones. En cuatro años, la Kampuchea Democrática, el nombre oficial del régimen, provocó la muerte de una cuarta parte de la población de Camboya, que murió por agotamiento, enfermedades, torturas o ejecuciones.

Cuando empezó el juicio en 2011, y antes de la decisión de dividirlo en procesos más pequeños, había cuatro personas en el banco de los acusados. Pero Ieng Thirith, la ministra de Asuntos Sociales del régimen, fue considerada incapaz para ser juzgada y liberada en 2012 mientras que su marido, Ieng Sary, exministro de Relaciones Exteriores, murió el año pasado a los 87 años.

Hasta ahora el tribunal sólo había dictado otra sentencia definitiva, cuando en 2012 condenó a cadena perpetua a Kaing Guek Eav, apodado Douch, antiguo jefe de la prisión Phnom Penh S-21, llamada también Tuol Sleng, donde quince mil personas fueron torturadas antes de ser ejecutadas en el exterior de la capital.

El segundo juicio contra Nuon Chea y Khieu Samphan empezó en julio y abarca acusaciones de genocidio -referidas únicamente a los vietnamitas y a la minoría musulmana cham-, matrimonios forzados y violaciones así como crímenes cometidos en varios campos de trabajo y prisiones, entre ellas la S-21. Pol Pot, el máximo líder de los jemeres rojos, murió en 1998 sin haber sido juzgado.