La histórica condena al Plan Cóndor en Argentina

Tras 16 años de investigación, 15 militares y agentes de inteligencia son hallados culpables de múltiples crímenes.
El dictador chileno Augusto Pinochet fue uno de los cerebros.
El dictador chileno Augusto Pinochet fue uno de los cerebros. (Reuters)

Buenos Aires

Con un fallo considerado histórico culminó en Buenos Aires el juicio al Plan Cóndor, que por más de 16 años investigó los crímenes de las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, con la participación activa de Estados Unidos.

El así llamado Plan Cóndor fue un operativo coordinado de represión entre 1970-1980, y el viernes fueron condenados de ocho hasta 25 años de cárcel 15 militares de la región y agentes de inteligencia. Los cargos: "asociación ilícita" y responsabilidad en la detención y desaparición de 105 personas procedentes de esos países, más otras 69 que pasaron por el principal centro clandestino que usó el Plan Cóndor para operar, un tristemente célebre taller mecánico de Buenos Aires: Automotores Orletti.

Fue el 28 de noviembre de 1975 cuando representantes de Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia se sentaron a la mesa de la Primera Reunión de Inteligencia Nacional para fundar el Plan Cóndor, un acuerdo secreto para perseguir y eliminar a militantes políticos, sociales, sindicales y estudiantiles.

Los archivos desclasificados por el Departamento de Estado de EU sirvieron para el juicio y revelan cómo se crearon tres instancias para coordinar la represión. Primero se creó una base centralizada con información de grupos guerrilleros, partidos de izquierda y activistas políticos o sindicales. Luego se identificó y aniquiló a los llamados "enemigos" a escala local. Por último se amplió la persecución al resto de América Latina e incluso Europa.

Pero EU no solo tuvo conocimiento del Plan Cóndor, sino que además ayudó a las dictaduras con logística y recursos. Los miembros del Cóndor tenían además un sistema de comunicación encriptado, Condortel, cuyo centro estaba en una base de EU en el Canal de Panamá.

Debieron pasar más de 40 años, pero la justicia argentina reconoció finalmente la existencia de esta asociación ilícita criminal.

No obstante, el fallo llegó tarde para que lo oyeran desde el banquillo los máximos responsables: el dictador chileno Augusto Pinochet, el argentino Jorge Videla, el boliviano Hugo Banzer, el paraguayo Alfredo Stroessner y el uruguayo Juan M. Bordaberry, todos ellos muertos. Solo uno de ellos fue condenado en vida. Videla, autor del golpe de 1976-1983, ya había sido condenado por delitos contra la humanidad y pasó sus últimos días en arresto domiciliario. La última vez que cruzó la puerta de calle fue para declarar en este juicio —el 14 de mayo de 2013— pero falleció tres días después de su declaración.

También llega tarde para algunos familiares de los desaparecidos como el poeta y periodista Juan Gelman, Premio Cervantes de Literatura, fallecido en México en 2014, con 84 años. Él no pudo presenciar la condena de los asesinos de su hijo Marcelo, secuestrado con 20 años tras el golpe de Videla junto a su esposa María Claudia García (19), embarazada de ocho meses. La hija de ambos, María Macarena, hoy activista y política de 39 años, fue hallada por Juan Gelman en Uruguay, en un hogar adoptivo, tras décadas de búsqueda. El cuerpo mutilado de Marcelo fue hallado en 1989 y el cuerpo de María Claudia sigue desaparecido, tras ser asesinada en Uruguay por los militares a poco de dar a luz.

El viernes los condenados oyeron la sentencia en una corte abarrotada donde no faltaron madres y abuelas de Plaza de Mayo, símbolo de la obstinada búsqueda de una sociedad que sigue luchando por memoria y justicia.