La Comisión Juncker "de la última oportunidad" sigue enzarzada en las crisis

Un año después de que Jean-Claude Juncker asumiera la presidencia de la Comisión Europea que debía revertir el escepticismo sobre el proyecto europeo, crisis como la de Grecia o los emigrantes lo ...
Jean-Claude Juncker sonríe antes de pronunciar un discurso en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia
Jean-Claude Juncker sonríe antes de pronunciar un discurso en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia (EFE)

Bruselas

Un año después de que Jean-Claude Juncker asumiera la presidencia de lo que llamó la Comisión Europea "de la última oportunidad" para revertir el escepticismo sobre el proyecto europeo, el luxemburgués sigue enzarzado en graves crisis, desde Grecia a los migrantes.

Juncker, ex primer ministro luxemburgués, asumió la presidencia del bloque en noviembre de 2014 por cinco años, con la intención de formar una Comisión "política" que insuflara nueva vida a esta maquinaria burocrática.

Un año después, Juncker tiene algunas victorias en su haber, pero sigue teniendo que lidiar con los intereses a menudo divergentes de los 28 países miembros del bloque.

"La Comisión Juncker es más política que las anteriores, trata de actuar allí en donde hay un problema" y no se conforma con hacer propuestas y velar por el respeto de la legislación europea, analiza Daniel Gros, del CEPS, un centro de reflexión en Bruselas, capital de las instituciones comunitarias.

Tuvo un rol crucial en la crisis griega, muy al pesar de Berlín. Juncker se implicó personalmente en las negociaciones para evitar lo que hubiese sido el mayor fracaso de la construcción europea: la expulsión de Grecia de la zona euro, por incumplimiento de las condiciones impuestas por los ajustes presupuestarios.

Militó por el "sí" en el fatídico referendo griego en el que finalmente se impuso el "no" a los ajustes, interpretado como un "no" de los griegos a Europa. En paralelo a la crisis griega estalló la crisis migratoria, con un naufragio en el Mediterráneo que dejó en abril unos 800 muertos.

La indiferencia de los gobiernos frente al drama migratorio ya no era sostenible y la Comisión concentró allí importantes esfuerzos para que el bloque no permanezca impasible.

La Comisión elaboró una "agenda migratoria" con la que buscaba responder en varios frentes ayudando a los países más expuestos al flujo migratorio, como Italia y Grecia, reforzando la búsqueda y rescate en el Mediterráneo de migrantes en dificultades y actuando en los países de origen.

La propuesta faro era la del reparto de solicitantes de asilo entre los miembros del bloque, sobre la base de un mecanismo por cuotas por país, pero el plan chocó con la férrea oposición de algunas capitales que a regañadientes aceptaron la propuesta, aunque rebajando sus ambiciones.

El último ejemplo de los límites a la Comisión más "política" que quería Juncker es el caso de las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) de los vehículos diésel, que estalló con el escándalo Volkswagen.

Una ambiciosa propuesta de la Comisión para limitar las emisiones y modificar la homologación de los motores con pruebas en condiciones reales de manejo fue torpedeada esta semana por los Estados miembros, deseosos de crear altibajos en el sector automotor, que genera doce millones de empleos.

En todos estos temas, Juncker "dio mucho de su persona y supo también asumir sus responsabilidades, a pesar del riesgo de meterse en lo que compete a otros actores", subrayó Jean-Dominique Giuliani, de la Fundación Robert Schuman, un think tank.

Omnipresente

Pero una Comisión con un presidente más proactivo y político se tradujo también en la omnipresencia de Juncker. "El círculo del presidente está en el centro de todo", afirma Daniel Gros.

Sus comisarios tienen dificultades para hacer valer sus carteras, con algunas excepciones como en el caso de la danesa Margrethe Vestager, a cargo de temas de competencia que cargó contra Google o Gazprom.

Vestager también está a cargo de investigar la evasión fiscal de las multinacionales que optimizan sus beneficios fiscalmente, revelado con el escándalo LuxLeaks, centrado en Luxemburgo, el país que Juncker dirigió durante casi 20 años.

Mientras la Comisión se ocupa de las crisis, sus servicios "continúan actuando como antes, arrastrando los pies sin dar cuenta del giro político", agregó Giuliani. Otra dificultad: por gestionar las crisis, la Comisión ya no es más visible en los otros temas.

La Unión de la Energía o la Unión de los Mercados de Capitales, dos proyectos presentados como esenciales, avanzan lentamente. En cuanto al plan de inversiones Juncker, que aspiraba a captar 315 mil millones de euros para relanzar la economía del bloque, la timidez de los Estados miembros lo dejó en veremos.

"Nos prometieron mucho. El riesgo es que se lancen proyectos que habrían sido lanzados de todas formas pero no proyectos adicionales", adelanta el analista del CEPS para quien la solución es "menos crisis, para concentrarse en lo esencial".