Comienza la 'diplomacia' del ron y el habano

Los isleños esperan a los estadunidenses para verder los llamados “frutos prohibidos”. La nueva época supone una guerra de Havana Club contra Bacardí por el mercado de EU.
Turistas en el centro de La Habana.
Turistas en el centro de La Habana. (Alexandre Meneghini/Reuters)

La Habana

Podría llamarse diplomacia del ron y el tabaco: los pocos estadunidenses autorizados para visitar Cuba están ávidos de llevarse a casa por fin los "frutos prohibidos" de la isla comunista.

Mientras Washington y La Habana buscan normalizar relaciones, el presidente Barack Obama autorizó en enero a los viajeros estadunidenses llevarse 100 dólares en ron y tabaco cubanos.

"Esto ha sido una noticia trascendental, después de tantos años tener esta apertura ya es un paso gigante para las dos naciones", afirma Alexis Batista, barman del Museo del Ron de La Habana.

"Es algo muy positivo para la economía, que fluya más el comercio entre los dos países. Es algo que debe beneficiar el pueblo", agrega mientras muele trozos de caña de azúcar para hacer "guarapo" (jugo) para unos turistas europeos.

La compañía de ron Havana Club —copropiedad del gobierno cubano y el gigante francés de los licores Pernod Ricard— está lista para venderles a los visitantes norteamericanos, pero también tiene una estrategia para entrar al mercado estadunidense si termina el embargo a la isla, vigente desde 1962.

Los vendedores de habanos también desean ver a sus vecinos del norte guardando puros Cohiba y Montecristo en sus maletas.

Por ahora tienen que conformarse con venderles a los pocos estadunidenses que visitan Cuba bajo ciertas condiciones, pues el turismo normal seguirá prohibido hasta que el Congreso de EU levante el embargo.

La estadunidense Meryl Cohen, de 29 años y residente de Washington D.C, planeaba comprar habanos y ron en su visita con un grupo judío.

"Es más simbólico que nada, pero muestra que los estadunidenses pueden ser turistas como todos los demás y participar en un gran símbolo de la nación cubana, el ron y los puros", expresa.

Su grupo viajó con licencia religiosa, una de las 12 categorías autorizadas por EU para visitar Cuba, que bajo las nuevas normas no necesitan permiso previo para el viaje.

Robert Raisler, programador de computación jubilado de 78 años y en visita educativa, admite que compraría ron y habanos, pero antes quiere ver los precios. "Cuando recién planeamos este viaje, se nos dijo que no podríamos comprar nada", explica.

"Y cuando el presidente Obama dio su discurso sobre abrir un poco las cosas, supimos que el nuevo límite era de 100 dólares. Pensé, ya era hora", asegura Raisler, mientras recorre la Plaza de Armas, sitio de venta de libros sobre los íconos revolucionarios cubanos.

La guerra de los rones

Mientras Havana Club está lista para surtir a visitantes norteamericanos, también está preparada para exportar algún día a EU, que representa 40% de las compras de ron en el mundo.

"Tenemos disponibilidades de producto, buena capacidad de producción interna y tenemos todas las condiciones listas para entrar en el mercado norteamericano tan pronto como sea posible", dice Sergio Valdés Dorta, director de exportaciones.

"El potencial es muy alto, la marca ya es bien conocida y tiene buena reputación", agrega.

Havana Club es tercero en ventas globales, con 50 millones de botellas al año, detrás de Bacardí —compañía cubana que se fue a Bermudas tras la revolución de 1959— y Captain Morgan de Jamaica.

La guerra contra Bacardí por el mercado estadunidense comenzó hace años. Havana Club creó el nombre "Havanista" para cuando pudiera vender en EU, después de que Bacardí ganara una batalla legal impidiéndole usar su famosa marca.

Bacardí declinó comentar cómo afecta sus negocios el acercamiento entre EU y Cuba, y si reclamará un día lo perdido en la isla tras la revolución.

"Necesitamos esperar y ver cuáles serán los impactos. Esperamos mejoras significativas en la vida del pueblo cubano y seguiremos cualquier cambio con mucho interés", explica la compañía a través de un comunicado.

Los vendedores de puros también esperan sacar provecho.

Bárbara Elías, de 45 años, vendedora de habanos en el mercado de artesanías del puerto de La Habana, dice que nunca entendió por qué los estadunidenses tenían prohibido comprarlos.

"Los fumaban solo aquí pero después no podían llevarlos con ellos", indica, expresando su esperanza de que ahora compren más.

Sin embargo, las nuevas normas sobre tabaco cubano tendrán poco impacto en el mercado estadunidense, porque con 100 dólares no alcanza para mucho (tres Cohiba grandes o 10 Montecristo número 2), y pocos estadunidenses pueden viajar por ahora, destaca David Savona, director ejecutivo de la revista Cigar Aficionado, editada en Nueva York.

"Las noticias sobre Cuba han aumentado el interés por los habanos, porque cuando uno piensa en Cuba, uno no puede dejar de pensar en habanos", afirma Savona. "El fruto prohibido es ciertamente algo muy bueno y la gente lo desea".