Clinton, la tenaz sobreviviente de la política estadunidense

En 2008 compitió con Barack Obama en las primarias, quien la venció recordando su voto de senadora a favor de la guerra de Irak.
En 1969 ingresó a Yale, que ella catalogaba menos misógina que Harvard; ahí conoció a Bill Clinton.
En 1969 ingresó a Yale, que ella catalogaba menos misógina que Harvard; ahí conoció a Bill Clinton. (Reuter)

Filadelfia

Hillary Clinton suele citar a su idolatrada Eleonor Roosevelt, esposa del ex presidente demócrata Franklin Roosevelt: para hacer política cuando se es mujer “debes tener la piel tan gruesa como un rinoceronte”.

En las iglesias, los cafés, en los mítines, Hillary Clinton recurre a contar anécdotas sobre las pruebas a las que ha sobrevivido en cuatro decenios en la política. “Tengo cicatrices para probarlo”, afirma.

Eso sin contar las acusaciones republicanas en su contra de mentiras, fraude, clientelismo e incluso de muertes.

La mayoría de los estadunidenses la considera deshonesta, y carga con la imagen de una persona maquiavélica y manipuladora, en un escenario que tiene todo para empeorar ante la disputa con Donald Trump por la Casa Blanca.

Y sin embargo, a los 68 años, Clinton se convirtió en la candidata del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales de noviembre, primera vez en la historia de Estados Unidos que una mujer tiene esa responsabilidad en uno de los dos grandes partidos políticos del país.

Hillary Diane Rodham nació el 26 de octubre de 1947 en Chicago y creció en el apacible vecindario de Park Ridge en una familia de clase media.

Asegura que adora a su madre Dorothy. De su padre —Hugh Rodham, un pequeño empresario de origen galés— dice haber heredado la tenacidad, la ética del trabajo y el miedo permanente a perder.

Criada en una familia de credo metodista, también fue de su padre de quien heredó sus convicciones republicanas, que ella mantuvo hasta sus años de universidad.

Buena estudiante, en 1965 ingresó a la prestigiosa universidad para mujeres Wellesley College, cerca de Harvard. Esos cuatro años universitarios le abrieron los ojos en temas como la lucha por los derechos civiles, la guerra de Vietnam y la igualdad de géneros.

En 1969 ingresó a la facultad de derecho de Yale, que ella percibía como menos misógina que Harvard, y donde se encontraría con Bill Clinton.

Al terminar los estudios, prefirió trabajar para una organización de defensa de los niños, mientras Bill Clinton se instaló en Arkansas para lanzarse a la política.

Tras un breve paso en 1974 por Washington, en la comisión que investigó el escándalo de Watergate, se reunió de nuevo con Clinton, quien había sido elegido fiscal de su estado y luego gobernador, mientras que ella se unía a un gabinete de abogados. Se casaron en 1975 y Chelsea, su única hija, nació en 1980.

Hillary Rodham abandonó su nombre de soltera y adoptó el apellido de su esposo. Se convirtió en la primera dama de Arkansas y en 1993, de EU tras la elección de Bill.

Su imagen de “copresidenta” en las sombras, alimentada por los republicanos, contrastaba con la tradicional imagen de una primera dama que se ocupaba de asuntos sociales, y su prueba de fuego fue la reforma del sistema de salud, que fracasó en 1994.

Luego de perder esta batalla, la primera dama se refugió en temas menos relacionados con política doméstica para consagrarse a las causas femeninas. Sin embargo, se ocupó de dirigir la batalla legal en el escándalo inmobiliario Whitewater que involucraba a su marido.

Luego, pese a la humillación que significó el adulterio de Clinton, Hillary se batió con uñas y dientes para impedir que fuese destituido por perjurio en el caso Monica Lewinsky.

Cuando se aproximaba su partida de la Casa Blanca, se lanzó a la política y fue elegida en noviembre de 2000 senadora por Nueva York.

En 2008 compitió con Barack Obama en las primarias, quien la venció recordando su voto de senadora a favor de la guerra de Irak.

Obama la nombró secretaria de Estado, donde fue una persona hiperactiva pero sin logros reales, señalan observadores. Los republicanos la acusan de incompetencia tras los atentados contra el consulado de EU en Bengasi, Libia, donde murieron cuatro estadunidenses, entre ellos el embajador.

Su decisión de usar su correo electrónico privado, en lugar de las cuentas oficiales, suscitó un nuevo affaire para Hillary Clinton, que sus enemigos aprovechan para sugerir que se siente por encima de la ley.

Es esa imagen, mezcla de dureza y frío realismo, la que le ha permitido vencer al idealismo de Bernie Sanders y obtener, por fin, la candidatura demócrata.