Clinton, candidata natural del Partido Demócrata /y II

Si bien la ex secretaria de Estado tiene a su favor su condición de mujer, tan solo Harry Truman logró la hazaña de asegurar tres presidencias demócratas sucesivas.
Hillary Clinton (der) quiere ganarse “cara a cara” a la clase media.
Hillary Clinton (der) quiere ganarse “cara a cara” a la clase media. (Justin Sullivan/AFP)

Washington

La otra diferencia fundamental con los comicios de 2008 supone, para Hillary Clinton, un temible desafío. En lugar de hacer campaña confortablemente sobre el balance de una presidencia republicana gastada, la de George W. Bush, ella deberá arrancar un tercer mandato demócrata consecutivo defendiendo su singularidad, pero sin poder renegar de la herencia que le dejará Obama. Esta hazaña, solo Harry Truman la realizó para su partido desde la limitación a dos del número de mandatos que podían ser cumplidos por un presidente, y en circunstancias muy particulares. Había sucedido a Franklin D. Roosevelt tras su muerte, en tanto que vicepresidente, antes de ganar la elección de 1948.

En el fondo, la ex secretaria de Estado tendrá problemas para distinguirse de Obama, en tanto su centro de gravedad política es muy cercano al suyo. Después de una campaña virulenta para lograr la investidura presidencial hace ocho años (al punto de que Clinton cuestionó hasta el final la victoria de su rival y senador por Illinois), los dos llegaron a colaborar sin dificultades durante los cuatro años siguientes. Hasta ahora, su crítica más insistente sobre la gestión de Obama, expresada en agosto de 2014 en entrevista con el semanario The Atlantic, se refiere a una política exterior considerada por Clinton como excesivamente precautoria. Un ámbito en el cual incluso sus adversarios le conceden razón.

Por fortuna para la ex senadora, la recuperación económica, que ha permitido a su vez una relativa recuperación de la popularidad del presidente, podrá ser usada a su favor para frenar los ataques republicanos. Clinton deberá igualmente sacar provecho del acento puesto por Obama en la suerte de las clases medias, los olvidados de la recesión de 2008.

Este tema, declinado por el presidente con motivo de sus dos últimos discursos anuales sobre el estado de la Unión Americana, ha sido retomado en parte por el Partido Republicano, aun cuando sea para modificar las prescripciones radicalmente opuestas a las de los demócratas.

Clinton dispone igualmente de otros puntos a favor: la evolución de la sociedad estadunidense amordaza al Partido Republicano en algunos temas culturales, desde el matrimonio homosexual hasta la defensa del medio ambiente.

A la vez, la intransigencia del Grand Old Party sobre la cuestión de la inmigración continúa dividiendo a una comunidad hispano-hablante cuyo creciente peso electoral se ha vuelto cada vez más determinante para la victoria en una carrera presidencial.

La ex senadora por Nueva York podrá sacar provecho de la actual recuperación económica para frenar los ataques republicanos.

Sin embargo, esta conjunción favorable y la perspectiva del ascenso por primera vez de una mujer a la presidencia de Estados Unidos, no dispensa de una visión para Estados Unidos que Hillary Clinton se ha guardado muy bien hasta ahora de revelar.

La campaña de promoción masiva de sus Memorias como secretaria de Estado —durante la primera presidencia de Obama— es también tan conveniente como el contenido de la obra.

Después de la presentación de su libro el año pasado, la ex primera dama –durante la doble presidencia de su marido, Bill Clinton– continuó multiplicando las conferencias generosamente remuneradas durante las cuales ha abordado a menudo el tema del lugar de las mujeres en las sociedades.

El campo republicano, que se esfuerza desde hace años en implicar a la ex canciller en el ataque de la representación diplomática de Estados Unidos en Bengasi, Libia, que costó la vida, en septiembre de 2012, al embajador John Christopher Stevens y a otros miembros de la sede, tiene la intención de impulsar la controversia de los correos electrónicos en su intento de demolición de Clinton.

No obstante, éste no podrá retratarla como una cuasi heredera dinástica y una elitista alejada del pueblo como sí lo es su eventual candidato, el ex gobernador Florida Jeb Bush, hijo y hermano de presidentes.

Si además Hillary Clinton logra economizar en las costosas primarias demócratas tanto en fondos como en energía, ella se convertirá instantáneamente en contrapartida la mujer a abatir por parte de sus adversarios “azules”, antes incluso del resultado indicativo de los caucus de Iowa y de la primaria de New Hampshire, en poco más de nueve meses.