Clase media decide entre dos mujeres en un Brasil dividido

Marina Silva quiere ser la primera presidenta negra; según los sondeos, Rousseff no logrará 51% el domingo.
La actual presidenta brasileña y candidata a un nuevo mandato.
La actual presidenta brasileña y candidata a un nuevo mandato. (Ueslei Marcelino/Reuters)

Brasilia

Los sondeos para los comicios del 5 de octubre en Brasil indican que los más pudientes apoyan el cambio que ofrece la opositora Marina Silva y que los pobres prefieren a la actual presidenta y candidata a la reelección, Dilma Rousseff, lo que deja el pleito en manos de la mayoritaria clase media.

A una semana de las presidenciales, todos los sondeos indican que el próximo domingo Rousseff y Silva serán las candidatas más votadas, pero también que ninguna superará 50% de los votos, por lo que deberán definir el pleito en una segunda vuelta que se celebrará tres semanas después, el día 26.

Un análisis detallado de las encuestas muestra una suerte de “lucha de clases” en las preferencias del electorado y también que la “nueva clase media” que emergió con las vastas políticas sociales de Rousseff y su antecesor, Lula da Silva, ambos del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) son hoy el mayor obstáculo para el proyecto que ambos encarnan.

Brasil divide a sus clases sociales en cinco y las califica con las primeras letras del alfabeto, con la A para los más ricos y la E para los menos favorecidos.

Entre las clases A y B, las más pudientes, la ecologista Marina Silva ha construido sus más firmes bases y su intención de voto de casi 40%, mientras que la actual presidenta y aspirante a la reelección no supera 25%. En los estratos más bajos, las clases D y E, el apoyo a Rousseff se dispara de 40 a 50%, y Silva retrocede hasta 30%.

Pero la clave de la balanza está en la mayoritaria clase C, que, según el instituto de estudios sociales Data Popular, agrupa a 56% de los 141.2 millones de votantes y tiene un ingreso medio mensual de unos dos mil 500 reales (mil dólares).

Ese “colchón” de clase media creció en forma exponencial desde hace 12 años y absorbió a casi 40 millones de personas que, según datos oficiales, salieron de la pobreza en ese periodo, con Lula y con Rousseff.

Según analistas, ese ascenso social generó nuevas demandas, aún no satisfechas, que fueron el detonante de las multitudinarias protestas que tomaron las calles de Brasil en junio de 2013 y derrumbaron la popularidad de Rousseff de 70% que ostentaba entonces hasta 40%, según  los sondeos hoy.

Las encuestas dicen que el discurso contra los partidos políticos tradicionales y la oferta de “cambio” que presenta Silva ha calado en la mayoritaria clase C, antes favorable a Rousseff pero ahora partida al medio entre ambas.

Como los manifestantes de 2013, Silva propone una reforma para “adecentar” la política, critica la calidad de los servicios públicos y su propuesta económica de corte más liberal ha cautivado también a los mercados financieros.