Chiitas de Oriente Medio celebran la Ashura entre atentados y amenazas

En Irak, al menos 29 fieles de esta confesión musulmana, que hoy celebró su principal festividad, murieron en un ataque suicida, mientras en El Cairo las autoridades egipcias les prohibieron ...
Musulmanes celebran la Ashura en Sanabis, cerca de Manama, capital de Bahrein
Musulmanes celebran la Ashura en Sanabis, cerca de Manama, capital de Bahrein (AFP)

El Cairo

Los chiitas de Oriente Medio celebraron hoy la Ashura, su principal festividad, en un ambiente tenso marcado por la violencia, que causó una treintena de muertos en Irak, y las amenazas lanzadas contra ellos en países como Egipto o el Líbano. En Irak, al menos 29 fieles de esta confesión musulmana murieron y otros 60 resultaron heridos en un atentado suicida en la provincia de Diyala, al noreste de Bagdad.

Fuentes policiales dijeron a Efe que el supuesto suicida iba vestido de policía y detonó el cinturón de explosivos que llevaba adosado cuando se encontraba en medio de un grupo de chiíes que conmemoraban la Ashura en la aldea de Zerkush. En otro ataque, dos artefactos explotaron de forma consecutiva al paso de peregrinos chiitas en la zona de Al Hafariya, al sur de la capital, causando la muerte de ocho personas y heridas a otras 22.

Otros dos chiitas resultaron heridos por el estallido de una bomba dirigida contra ellos en Kirkuk, localidad situada a 250 kilómetros al norte de Bagdad. A pesar de los nuevos ataques, que se suman a los numerosos que ha sufrido en los últimos meses, junto a las fuerzas de seguridad iraquíes, la comunidad chiita en Irak se lanzó hoy a celebrar el día grande de la Ashura.

La fiesta recuerda el aniversario del martirio del imán Husein, nieto de Mahoma, en la localidad iraquí de Kerbala en el año 680 d.C. a manos de las tropas del califa omeya Yazid (líder de la rama sunita del islam). Para evitar un baño de sangre, las fuerzas iraquíes impusieron estrictas medidas de seguridad, sobre todo en las ciudades al sur de Bagdad y en la misma capital, debido a la peregrinación de cientos de miles de chiitas que se dirigieron a Kerbala desde todo el país.

Las amenazas contra estos fieles también condicionaron la conmemoración de la Ashura en otros países de la región. En Egipto, donde son minoría frente a la mayoría sunita y donde muchos de ellos mantienen su confesión en secreto, los chiitas no pudieron celebrar el martirio de Husein en la mezquita que lleva su nombre en el barrio islámico de El Cairo.

Las autoridades cerraron el templo de Al Husein para prevenir posibles disturbios después de que grupos salafistas hubieran advertido de que se enfrentarían a los chiitas que se reunieran en su interior. Pese al malestar mostrado por los chiitas en el momento del desalojo, la policía impidió la presencia de fieles y medios de comunicación dentro de la mezquita y en sus alrededores tras la oración del mediodía, indicaron fuentes de seguridad.

Las autoridades cedieron así a la presión de los grupos ultraconservadores, que criticaron la inusual decisión del Gobierno de permitir a los chiítas llevar a cabo su principal festividad en el interior del templo. La guerra en Siria fue el principal obstáculo para cualquier celebración de ese tipo en ese país, sometido a intensos combates y bombardeos, mientras que el conflicto volvió a influir en el vecino Líbano.

En el sur de Beirut, el jefe del grupo chiita libanés Hezbolá, Hasan Nasralá, apareció hoy por segundo día consecutivo ante miles de sus seguidores y aseguró que mantendrá a sus combatientes en Siria, donde luchan junto a las tropas del régimen de Damasco. "La presencia de nuestros combatientes en suelo sirio está destinada a defender el Líbano, la causa palestina y Siria, columna vertebral de la resistencia, frente a los peligros que acechan la región", dijo el líder chiita libanés.

La conmemoración de la Ashura estuvo empañada en el Líbano por el deterioro de la situación en el este y noreste del país, donde la aviación siria atacó algunas áreas y cayeron obuses en otras zonas de mayoría chiita. En los barrios del sur de la capital, feudo de Hezbolá, decenas de miles de personas desfilaron por la calle coreando el nombre de Husein y golpeándose el pecho.

Mujeres, hombres y niños se vistieron de negro, verde o amarillo, con cintas en la frente con esos colores y con el nombre del imán escrito en las procesiones con las que hoy le honraron a lo largo del Líbano, país en el que se estima que la comunidad chiita es la más numerosa de las dieciocho que existen.

En Irán se vivió la jornada en calma con procesiones de penitentes y representaciones de la batalla de Kerbala. Las procesiones de luto, con decenas de hombres flagelándose la espalda con pequeños látigos o golpeándose el pecho con las manos abiertas al ritmo solemne de un tambor, volvieron a llenar hoy las calles de pueblos y ciudades iraníes, decoradas con blasones y carteles en los que se lee "Ya Husein" y los nombres de los familiares del imán.

Casi todo el mundo vestía de negro de pies a cabeza, en señal de dolor por la muerte del tercer imán del chiísmo y nieto del profeta Mahoma en Kerbala en el año 680 a manos de las muy superiores tropas del califa omeya Yazid (líder de la rama suní del islam). Mientras en otros países en esta festividad se eleva el temor de posibles atentados contra congregaciones chiitas (rama minoritaria del islam), en Irán, donde el 90 por ciento de la población pertenece a esta confesión, la conmemoración transcurrió este año con tranquilidad.

Esta mañana, en casi cada barrio de Teherán se celebraban las tradicionales representaciones o "tasies", en las que se escenifica la batalla de Kerbala y el martirio de Husein. En la plaza de Jayam, cerca del Bazar de Teherán, en el sur de la ciudad, improvisados actores vestidos de verde de los pies a la cabeza eran perseguidos por supuestos árabes con turbantes y pañuelos palestinos, las tropas Yazid, que simulaban maltratarlos y pegarlos latigazos abusando de su superioridad numérica.

Un público enlutado observaba compungido, no pocos lloraban calladamente y otros se golpeaban el pecho o la cabeza repetidamente con la mano abierta. Voluntarios rociaron a la emocionada y apelotonada audiencia con agua de azahar, mientras cientos de policías vigilan que el acto transcurriera sin incidentes.

"Venimos aquí para que los niños conozcan la cultura y aprendan nuestra historia de generación en generación. Y para que los más pequeños sepan que las cosas buenas nunca se olvidan", explicó a Efe Faege Ranchbar, que hizo cola con su familia desde temprano para ver una de las representaciones más apreciadas de Teherán. "Esto no es un día alegre, no es una fiesta. Para nosotros es muy triste recordar esto, pero ver la obra es como un consuelo. Hoy no podemos estar contentos, es un día de gran tristeza", añade.

Según explica esta mujer de mediana edad, a lo largo de los diez días de luto que preceden a la Ashura, su familia no asiste a fiestas, ni escucha música alegre, solo oye y lee el corán y viste de negro "para demostrar incluso con la ropa" su tristeza. Tambores, platillos y trompetas acompañaban con un ritmo fúnebre los gritos de "¡Ya Husein! ¡Ya Husein!" que soltaban los actores, muchos de ellos descalzos absortos en simular la desigual lucha hundiendo sables y dagas al imán y sus seguidores.

Para los chiitas, el martirio de Husein, tercer imán del chiísmo, simboliza la lucha del bien contra el mal, de la justicia sobre la injusticia y la elevación del sacrificio mortal. Según la tradición chiita, Husein y sus 72 acompañantes murieron en Kerbala (el actual Irak) tratando de liberar a los pueblos de la región de la tiranía del califa, que les venció con artimañas (dejándoles pasar hambre y sed), con una fuerza muy superior de 30 mil hombres y matando hasta a los niños, incluido el hijo del imán de tan solo seis meses.

Mientras representaciones de mayor o menor tamaño se repiten en todas partes, en las calles iraníes prosigue el reparto de té y comida gratuito que ofrecen familias pudientes y hermandades de penitentes y se repite ya desde hace tres días. En un patio cercano al Bazar, Hasán Rostami supervisaba una improvisada cocina en la que medio centenar de voluntarios preparan keimé, un guiso iraní de arroz con patata frita hilada, carne, verduras, pistacho y azafrán que repartirán a quince mil personas.

"Hace 25 años que lo hacemos. Este año usaremos dos mil kilos de arroz y 500 de carne", dice este encargado, que cree que este gesto "cuenta para alá como cien acciones buenas". Los que reciben la comida también lo hacen como un gesto de fe y piensan que trae buena suerte comer estos alimentos, que consideran que reciben del propio Husein. Esta noche, a lo largo y ancho del país, miles de procesiones de sufridores enlutados recorrerán las calles con velas en una última muestra de duelo.

En Teherán, una de las mayores concentraciones tendrá lugar en la mezquita Imán Jomeini, en el centro de la ciudad, donde miles de personas segregadas por sexo y vestidas de negro desfilarán con sus velas en la ceremonia "Sham e Ghariban" (noche de los forasteros).