[Multimedia] No todos somos Charlie

Charlie Hebdo se apresura ahora para recuperar su posición ante la opinión pública: patanes, rufianes, agresivos y también algo déspotas y prepotentes.
Charlie Hebdo
(Charlie Hebdo)

Los de Charlie Hebdo andan como borrachos de cantina, envalentonados, desorientados, hocicones. Si antes ya era bastante pesadito su sentido del humor, ahora son de verdad insoportables. Se les va la mano empeñados en provocar, en hacer sátiras de las creencias ajenas, en sacarle una sonrisa cómplice a algún lector desprevenido. Aun cubiertos de sangre, como se presumen, dan ganas de mandarlos a la tiznada. La solidaridad masiva que recibieron luego de los atentados que acabaron hace un año con la vida de buena parte de su equipo legitimó su amargoso humor y los puso de pie frente al gobierno francés, que los aborrecía desde siempre. Maliciosos como son, nunca se dieron cuenta de que el presidente Hollande los usaba con su sangre derramada para levantar su alicaída popularidad y legitimar a su vez su política ante la que percibe como la plaga musulmana.

Charlie Hebdo se apresura ahora para recuperar su posición ante la opinión pública: patanes, rufianes, agresivos y también algo déspotas y prepotentes. Tal vez piensan que pueden combinar sordidez con solidaridad. Está difícil. Es posible que muy pronto consigan deshacerse de los millones de lectores que no tenían antes de los atentados de enero de 2015, cuando imprimían unos pocos ejemplares de su hebdomadario burlesco. Ahora exhiben cierta saña, odio, rencor en sus contenidos. Echan sal en las heridas. Uno de sus más recientes chistoretes gráficos da buena cuenta hace unos días de su ánimo: una caricatura del pequeño Aylan, el niño de 3 años ahogado en septiembre pasado mientras con su familia trataba de escapar de la muerte en la convulsa Siria, lo muestra calenturiento, corriendo tras las nalgas de una mujer que huye aterrada. "Esto es lo que haría el niño de haber sobrevivido", asegura el texto que la acompaña.

Mala idea. Pura hiel. Dardos envenenados, blancos equivocados. Las reacciones no se han hecho esperar. Les llueven mentadas. Las manifestaciones de indignación llegan de todas partes. Nadie olvida la dolorosa imagen del inocente niño tirado en la playa boca abajo, con los pulmones llenos de agua, sin vida. Su padre menos que nadie. Llevada por la cólera, Rania, la reina de Jordania, respondió con dignidad en su cuenta de Twitter al humor torpe de Charlie Hebdo: "Aylan podría haber sido un médico, un maestro o un padre amoroso".

Abdallah Kurdi, el padre de Aylan, perdió también a su hijo de 4 años y a su esposa, ahogados en aguas del Mediterráneo mientras intentaban llegar a Europa al lado de una multitud de migrantes. No pudo contener las lágrimas cuando vio en las páginas del semanario los burlones dibujos sobre su pequeño ahogado. El odio sin duda crecerá desde ahora en su corazón. Si no él, alguien en su nombre tomará venganza tarde o temprano en un círculo sin fin. Para entonces muy pocos seguirán siendo Charlie Hebdo más allá de las oficinas del semanario que se ríe del dolor ajeno.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa