Caracas, qué cara me eres

La capital de Venezuela vive días convulsos; las protestas de la oposición se multiplican para exigir un cambio de gobierno al tiempo que se organizan marchas masivas de apoyo al presidente Maduro ...

Venezuela

DIA 1, FEBRERO 18

Hoy fue un día convulsionado, uno más en lo que va de esta larga semana en una revolución que algunos pintan blanca y otros negra. Finalmente la realidad es gris, me recordó un periodista entrevistado. Por la noche se oye a la gente tocar cacerolas en distintos lugares, bocinas, cornetas, instrumentos. El concierto pareciera extenderse por la ciudad y el país, y no es fácil reconocerlo. Quisiera que fuera distinto, creer lo que dicen las noticias oficiales, pero algo no me calza.


***

Caracas amaneció este martes de blanco y rojo.

Blanco. Las camisetas vestidas por los opositores en señal de paz, después de días, meses, años de violencia y desencuentro. Se congregan para apoyar a su líder, Leopoldo López, quien se entregó a la justicia (por las acusaciones en su contra de haber incitado a la violencia en los hechos del miércoles pasado 12 de febrero, que costaron la vida a tres personas y dejaron varios heridos —jornada bautizada como F12—). Es verdad que las camisetas blancas envuelven cuerpos de clase media y media alta, y que los únicos pobres son los vendedores de gorros o camisetas blancas. Pero también es cierto que en democracia es tarea de todos garantizar que el que piensa distinto pueda manifestarse pacíficamente. Si normalmente defiendo el derecho a la protesta y cuestiono el uso de la fuerza, por qué aquí debería ser distinto?

Rojo. Las camisetas de los chavistas que por estos días salen en masa a las calles a apoyar al gobierno en concentraciones masivas y paralelas a las de la oposición. Hoy fue el turno de los trabajadores de la empresa nacional del petróleo PDVSA que marcharon hasta el palacio de Miraflores donde se firmaba el contrato colectivo para este año. Cotidianamente hablo con conductores que me llevan a casa y ratifican vivencialmente lo que las cifras de la CEPAL confirman, en estos 15 años de chavismo la pobreza se ha reducido a la mitad. “Antes había de todo, pero el pobre no tenía para comprar”, dice uno de ellos, ferviente defensor de la revolución. Otro hace suyas las palabras del “comandante” para referirse a los opositores: “escuálidos” que cuidan su figura y por eso son delgados, viven en el Este de la ciudad, en el municipio de Chacao, donde se han concentrado las manifestaciones con quema de neumático, piedras y daños a bancos y a la propiedad pública, y las bombas lacrimógenas. El verdadero Venezuela, alega, está en barrios como Petaré, la favela más grande de América Latina, un cerro en el que se amontonan chozas autoconstruidas en la laderas por el que se interna para demostrar a qué es lo que se refiere. Sin embargo, habitantes de ese barrio me han relatado que ahora ahí también tocan las cacerolas, claro que en forma más moderada y los vecinos no salen a la calle a provocar disturbios, como los “guarimberos” de las zonas más recalcitrantes. Tendré que hacer mi propio diccionario de los términos acuñados por la revolución. La mayoría chavista es relativa si se recuerda que en las elecciones presidenciales de abril pasado Maduro ganó por un estrecho margen de 1.5 por ciento sobre su adversario Henrique Capriles. Obtuvieron el 50.66 or ciento y el 49.07 por ciento respectivamente, y en las recientes elecciones municipales en que el gobierno obtuvo un margen del 4 por ciento se dio un abstencionismo de 42 por ciento.

Blanco y rojo da rosado. La sangre mezclada con el pavimento se ha borrado en el sector de Chacao, donde cayó una de las tres víctimas que se cobró el F12. El diámetro de su cuerpo está marcado con tiza en la calle a media cuadra de la estación de policía. Mi hijo no quería ser un mártir, dijo el padre de Robert Redman al fotógrafo Roberto Mata, quien lo retrato junto a la foto de su hijo, como respondiendo al rótulo con tiza al lado del espacio vacío que dejó su cuerpo: sangre de héroe venezolano.


***

En Caracas no hay silencio. Los caraqueños son de por sí ruidosos. Hablan a gritos en medio de la salsa, las arepas, los hoyos de la calle, el tráfico, el caos, las colas para todo y por todo. Ahora además hay que sumar las ollas, los fuegos de artificio cruzando la noche, y por ahí una bala loca. Un muerto es un muerto, y van tres, cuatro si se suma un estudiante atropellado en una de los manifestaciones. Además de las acusaciones de intento de golpe y la descalificación constante del oficialismo de fascistas hacia parte del movimiento estudiantil que —nos guste o no— se opone al gobierno, hoy la Ministra de Comunicaciones mencionó al pasar un par de muertos más. Sin nombre ni apellido, sin pruebas. Ningún medio los anunció y por lo mismo, disculpen el escepticismo, no me los creo. Esto ocurría justamente cuando el periódico Las Últimas Noticias difunde una investigación con base en fotos y vídeo tomados por aficionados que muestra a funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Serbin) junto a civiles armados que llegan en moto y disparan contra los estudiantes el F12. Las protestas habían empezado antes en provincia y se extendieron a la capital para exigir que los detenidos fueran liberados (lo que fue capitalizado por la oposición). En el video se ve un callejón lateral y un grupo de manifestantes corriendo. De pronto cae uno, es el primer muerto de la jornada. Bassil Dacosta de 24 años, estudiante de mercadeo en una universidad privada. Lo llevan en andas hasta que un vehículo policial accede a trasladarlo al hospital. Entre los chicos que lo llevan está Redman, quien seguiría protestando en otro sector por la tarde, hasta manchar con sangre el pavimento y quedar muerto.

En los momentos en que escribo la policía reprime con gases en el barrio El Paraíso, los vecinos denuncian disparos y detonaciones, y la dificultad para entrar o salir del sector. Otra vez cuesta reconocerlo, pero es un sector de clase media y clase media baja. No se trata de “escuálidos”, como bautizó graciosamente Chávez a la clase alta de derecha. En estos días hace falta su humor. “La revolución no se ríe”, oí decir a una compañera de trabajo y me pareció acertado. Todo es serio, grave, extremo. Voy a dormir


DÍA 2, FEBRERO 19

Anoche terminé la jornada con un ron, herencia de una corta relación: al mal tiempo, un buen trago. Eso hace que despierte más temprano y pueda ver a Caracas amanecer desde las alturas, apreciarla. Su verdor, sus montañas desperezándose para enfrentar otra jornada. Algo bueno de todo esto: hay menos colas, las que normalmente son comunes en el supermercado, bancos, transporte público, trámites, compras. Si uno quiere hacer trámites hay que aprovechar estos días. Ayer puede entrar al banco y hablar con un representante sin esperar, hice compras expeditas en el supermercado (gastando la sexta parte de un salario promedio, del mínimo ni hablar. No siento la escasez aunque reconozco que hay cosas que cuesta conseguir.


***

¿Y el pollo? El pollo suele ser un temazo para los caraqueños, tienen citas con los plumíferos. Hace un par de semanas viví la experiencia de ir al Mercal, mercado a precios populares establecido por el gobierno para asegurar que la gente cuente con su canasta básica y como medida para combatir la escasez y especulación. Ese día varios no pueden salir en la noche, pues tienen que ir a dejar el pollo a sus casas.


***

La inflación el año pasado alcanzó el 56.2 por ciento Hay explicaciones de uno y otro lado, la guerra económica ciertamente influye, la restricción y control sobre el dólar también, y el deseo de tenerlos que provoca que en el mercado negro los billetes verdes se transen a un ciento por ciento de su valor oficial. El que tiene dólares está salvado pues mientras los precios se disparan, el dólar también. Hay quienes afirman que la inflación real puede haber superado el 200 por ciento. Los salarios ciertamente no llegaron a un ajuste del 50 por ciento, “y de eso nosotros podemos dar fe”, dicen dos amigos periodistas que me sirven de terapeutas para comprender esta confusa realidad. Intento recoger los fragmentos, pedazos rotos de la vida social y armar una imagen. “¿En qué momento llegamos a ser dos países en que cada uno se siente dueño de la verdad?, dice uno de ellos parafraseando a su jefe. Salgo de ahí en un autobús que se desvía debido a la quema de neumáticos en la calle y la noticia de la quinta muerta en protestas, la Miss Turismo, una joven que fue llevada en moto hasta el hospital, pero no sobrevivió a la bala en el cráneo. Todo huele a neumáticos quemados.


***

El inicio de las protestas estudiantiles en varios estados del país coincidió con la entrada en vigencia de la ley de precios justos, por la cual los negocios serían penalizados si agregaban un margen de ganancias mayor al 30 por ciento a los productos. Los estudiantes protestaban por la inseguridad en los campus universitarios y por el incumplimiento de demandas becas y transporte hasta el interior de los recintos mayor presupuesto y educación de calidad. Ya en mayo habían paralizado actividades 13 universidades públicas de todo el país. Por lo que tampoco me resulta tan fácil aceptar la explicación oficial de que se trata de “fascistas”, ciertamente la mayoría de los estudiantes no está con el dirigente Leopoldo López, del partido Voluntad Popular, pero él ha sabido encauzar el descontento que buena parte de la población siente debido a la inseguridad, la inflación y la escasez de productos que para ellos son considerados básicos: azúcar, carne, papel higiénico, aceite.

“Esto seguirá para largo”, se comenta. “Más bien, esperemos que sea como siempre, en un par de días se calmará la cosa y luego volverán a intentarlo, volverán a intentar sacar al gobierno, así actúan ellos y así hemos estado estos 15 años”, dice un compañero de trabajo comprometido con el gobierno. Llegan noticias de nuevos arrestos y otro muerto. La sociedad se polariza cada vez más. Cierro los ojos y prefiero imaginarlos bailar con un pollo, con la simpatía y el encanto que los caracteriza.