Bill de Blasio, enmendar la desigualdad como bandera

El nuevo alcalde electo de Nueva York prometió atender a pobres y clase media, y modular la represión policial.
De Blasio con su esposa Chirlane McCray y sus hijos Chiara y Dante.
De Blasio con su esposa Chirlane McCray y sus hijos Chiara y Dante. (Spencer Platt/AFP)

Estados Unidos

El apoyo abrumador de los votantes de la ciudad de Nueva York al candidato demócrata, Bill de Blasio, es la última señal del cambio hacia una nueva izquierda populista en Estados Unidos.

Bill de De Blasio, de 52 años, le debe el impulso inesperado de su campaña a asuntos que se consideran demasiado polarizasteis como para incluirse en una política ganadora.

Uno de ellos es la promesa del demócrata de enmendar las desigualdades entre los neoyorquinos, un asunto que se hizo popular con el movimiento Ocupa de Wall Street en el año 2011.

El otro es la promesa de De Blasio de desalentar las políticas policiales contra los jóvenes de color negro, unas tácticas ciertamente agresivas favorecidas por una mayoría de los votantes blancos, pero sin embargo abrumadoramente criticada por los votantes afroestadunidenses, latinos y asiáticos.

A pesar de tener a una mayoría de votantes demócratas, en décadas recientes Nueva York ha sido uno de los puntos fuertes del plutocrático alcalde Michael Bloomberg, de 71 años, y antes de Rudolph Giuliani, ambos republicanos con influencia nacional y hasta global.

Hasta ahora, los demócratas habían carecido de la voz progresista en el escenario nacional de la política estadunidense que provee el puesto del alcalde de Nueva York.

De Blasio tendrá un mandato a partir del 1 de enero para la reforma económica y social apoyada por un consejo ciudadano de 51 miembros recién electos, el más progresista en años.

Con la política estadunidense polarizada entre el centro del presidente Barack Obama y el movimiento del Tea Party, la única apertura para la izquierda es a través del federalismo estatal y local sirviendo como “laboratorios de reforma”, para parafrasear al ex juez Louis Brandeis.

Después de la Gilded Age (Edad dorada) y de la Gran Depresión de los años 1920 y 1930, el alcalde de Nueva York Fiorello LaGuardia (1934-1947) y legisladores como Robert Wagner crearon los primeros pilares del Nuevo Acuerdo, antes de que se convirtiese en la plataforma nacional de los demócratas.

Ellos lucharon exitosamente no solo contra los banqueros de Wall Street, sino contra una derecha virulenta y racista.

Bill de Blasio está posicionado para cambiar de manera similar el diálogo, las políticas y las prioridades del país y darles una dirección progresista, asumiendo que cumpla con sus promesas de campaña.

Uno de los primeros desafíos de De Blasio será presionar al gobernador Andrew Cuomo y a la legislatura estatal de Albany con el objetivo de que permitan aumentos a los impuestos locales para financiar las guarderías universales a partir de los 4 años de edad en la ciudad de Nueva York. Pero Andrew Cuomo y la mayoría de los analistas afirman que la propuesta de Bil de Blasio no va a ninguna parte, aunque sin embargo otros no están tan seguros.

De Blasio tiene poder directo sobre el presupuesto de 70 mil millones de dólares de la ciudad de Nueva York y las políticas de zonificación que, bajo el alcalde saliente Michael Bloomberg [inicialmente del Partido Demócrata], favorecieron a una industria de bienes raíces inclinada más por la competencia con Londres y Hong Kong a costa de las colonias residenciales. 

Una de las primeras pruebas para Bill de Blasio será la rezonificación del proyecto del Centro Este, que Michael Bloomberg —quien gobernó la ciudad de 2001 a la fecha, con dos reelecciones sucesivas— dejó inconcluso, y que erigiría rascacielos desde East River hasta el centro.

De Blasio quiere “corregir” la propuesta, mientras que los grupos comunales se oponen totalmente, diciendo que se quedarían bajo una sombra permanente.

¿Cumplirá De Blasio con sus promesas? Después de todo es un operativo del Partido Demócrata, estudioso de la política, que alguna vez dirigió la campaña centrista de Hillary Clinton para el Senado de Estados Unidos. Hace décadas estuvo profundamente involucrado en el Movimiento de Solidaridad con Nicaragua contra la contra-guerra ilegal de Ronald Reagan. De Blasio pareció nervioso cuando, durante su campaña, salió a la luz esta pasada asociación, pero los republicanos no pudieron sacar ventaja de ella.

Las raíces de De Blasio en movimientos sociales pasados, en lugar de los antecedentes habituales que suelen avalar una carrera política, es reconfortante. Si ha vuelto a inclinarse hacia sus raíces de izquierda, es debido a un enojo popular entre los votantes.

Este enojo fue reavivado por la creciente diferencia entre los que tienen y los que no tienen, reforzada por una policía de mano dura, en una ciudad en la que los poderosos están acostumbrados a la opulencia.