Beatlemanía en México

En el país hay miles de fans del cuarteto y es por ellos que su popularidad se ha seguido por 50 años.

México

Se ha dicho todo de ellos. ¿Qué podría ser relevante en una fecha como ésta y que no se haya mencionado con anterioridad? Este 9 de febrero de 2014 se cumple medio siglo de que el continente americano sufrió una nueva conquista más allá de la que se habla en los libros de historia: la conquista de un gusto musical impulsado por Los Beatles.

Ed Sullivan los presentó por primera vez en la televisión, de donde surgiría un fervor redituado por las siguientes generaciones en millones de dólares, mientras que muchas otras bandas afines y contemporáneas han quedado relegadas. No hay oferta sin demanda y la prueba en México es el más reciente concierto de Paul McCartney, cuyos boletos cotizados en 12 mil pesos, y otros paquetes que incluían asistir al soundcheck valorados en más de 20 mil, resultaron insuficientes. Y todo para que al final el músico terminara ofreciendo una presentación gratuita en el Zócalo capitalino, donde acudieron muchos incapaces de costearse una entrada a precios sobrevaluados. Fue como si las autoridades del DF tuvieran una deuda que saldar con los seguidores del grupo tras la prohibición de quien fuera entonces regente, Ernesto P. Uruchurtu, de permitir un concierto del cuarteto allá en 1965.

En la actualidad, los fanáticos defeños pueden saciar su hambre beatlemaniaca acudiendo al Tianguis Cultural del Chopo, bares que aún tocan sus éxitos con grupos en vivo o tiendas especializadas como Abbey Rock en la colonia Condesa, donde también se imparten clases de música.

Ricardo Calderón, gerente y propietario, ha reunido una colección de discos y objetos adquiridos a lo largo de 40 años en extintas tiendas del barrio de La Merced y otras como Hip 70. Su tienda surgió tras acumular varias cosas repetidas, por lo cual decidiera ponerlas a la venta. Él ha conocido de cerca esa idolatría: "Sé de mucha gente loca, otros que han sido capaces de dejar a un pariente enfermo por salir a buscar a Paul Mc Cartney. Cuando vino en 2002 yo aquí me quedé, algunos de ellos sí fueron, dejaron de ir a trabajar y rentaron una habitación en el hotel donde él estuvo y no lograron nada. Tengo amigos con colecciones muy buenas, 10 veces más caras que la mía, pero no se las enseñan a nadie, ni a su madre. No son coleccionistas, son inversionistas. Yo prefiero que las cosas me caigan del cielo como ha sido hasta ahora".

En su local, los objetos más buscados son los llaveros, playeras, pins, fotografías y, lo menos, los libros que incluso algunos férreos seguidores se resisten a leer. En uno de los recovecos de Abbey Rock puede apreciarse el rarísimo disco Yesterday and today, de 1966, con la imagen censurada en la que posaron como unos carniceros. Una controversia por aquellos años que lo hizo volverse un objeto de colección, pero no de culto, porque, por extraño que parezca, esta portada que pudiera ser uno de los fetiches más atractivos no se vende bien.

En otras situaciones, algunos fanáticos se han enfrentado a momentos adversos o poco racionales, traducidos en obstinación. En el caso de quien escribe estas líneas, acudió una noche lluviosa a un lujoso hotel del Paseo de la Reforma donde se hospedó Paul Mc Cartney en 2012; un admirador mencionó que no le importaba esperar hasta las once y media de la noche con tal de que saliera, "aunque tuviera que tomar el último camión hasta el Ajusco". Eran más de las 10 de la noche y no había atisbo alguno del ex Beatle. A su concierto en el Zócalo acudieron por igual niños, ancianos, familias enteras, gente que viajó de otras partes de la República para instalarse en primera fila desde la mañana. Ese día retumbó una fuerte deserción laboral en la metrópoli, y no precisamente porque fuera Día de las Madres.

De igual forma, Calderón sabe de individuos cuya ambición por poseer objetos únicos e inusuales sobrepasa a su cartera, solo por el afán de ostentar piezas únicas, incluso rayando en el fetichismo. Un caso son los discos de vinilo autografiados, muchos de los cuales no son más que fraudes. Un acaudalado amigo suyo obtuvo una edición del Imagine de John Lennon por tres mil dólares y otra del Cloud Nine de George Harrison al mismo precio. "Son caros, pero en realidad muy baratos en comparación a otros; El Sargento Pimienta autografiado puede alcanzar de 50 mil a 200 mil dólares y es casi imposible de conseguir". Además, la inmediatez con la que sus contactos proveen de estos discos vuelve aún más sospechosa su autenticidad. El que representa una rareza extrema es el Abbey Road, del que según sus palabras solo se conocen seis ejemplares en todo el mundo con la firma de los cuatro integrantes. Algo que jamás logró conseguir Calderón es un autógrafo de John Lennon ex profeso para él, aunque conserva un par sin una dedicatoria implícita. "Yo tengo muchas cosas y si me falta algo no me quita el sueño, pero hay muchos otros amigos a los que sí".

Relata que entabló amistad con el músico Tony Sheridan, cercano colaborador de Los Beatles, a quien invitó a México en tres ocasiones para ofrecer conciertos. Él deseaba conocer el país y otro tipo de público diferente al de Europa o Estados Unidos, pero su fuerte temperamento e intensa manera de tocar le provocó dificultades para congeniar con músicos que comprendieran su estilo. Uno de los recomendados por su anfitrión fue el baterista Jaime Sosa, de la banda de covers Morsa, sin ser estrella pero con suficiente experiencia profesional, con quien Tony quedó satisfecho. En su paso por Hamburgo, Alemania, ni Ringo Starr fue capaz de seguirle el ritmo a Sheridan, por muy disciplinado que fuera, pues necesitaba alguien quien supiera improvisar. "En México tuvo otros músicos y no le gustaron. Él tocaba muy raro y había que ir a su nivel", explica Sosa. Durante un ensayo en Puebla enfureció con su banda provisional mexicana a falta de afinidad, hasta que Ricardo Calderón le trajera de vuelta a Morsa. Así Sheridan recorrió otras ciudades como Querétaro y Monterrey donde sufrió las informalidades de unos organizadores que lo defraudaron, y solo gracias a la intermediación de Ricardo se lograron cubrir algunos pagos. Finalmente Sheridan murió el 16 febrero de 2013, en la misma ciudad alemana de Hamburgo, donde germinó su contribución al cuarteto de Liverpool.

Esta especie de cofradía beatlemaniaca tiene otro importante miembro en el locutor de radio Manuel Guerrero, cuya historia personal es más benévola. En 1972 fue el primer niño ganador del programa de concurso El gran premio de los 64 mil pesos. Por ese entonces, y en asociación con Discos Capitol, le obsequiaron un viaje a Los Ángeles donde tuvo la oportunidad de hablar por teléfono, mediante los estudios Apple, con John Lennon y Yoko Ono quienes le enviaron a su domicilio discos autografiados. Su pasión le llevó a buscar a Ringo Starr a Durango en 1980, mientras se encontraba en la filmación de la película El Cavernícola, a George Martin en un hotel de la Ciudad de México, e intentó conocer a George Harrison en su casa de Londres, aunque sin éxito en esta última hazaña. No obstante, su suerte con McCartney fue otra, puesto que el ex Beatle le concedió una entrevista exclusiva en 2002. Manuel conduce desde hace 20 años un programa de radio dedicado a ellos, mismo que hasta la fecha sigue al aire por la estación Universal Stereo.

En ocasión de un viaje a Inglaterra, los británicos le expresaron su sorpresa por un programa de esta categoría en nuestro país; dos emisiones al día era demasiado para ellos. "Me dijeron que estábamos locos, pero ellos los tuvieron de primera mano mientras que en América Latina no". Actualmente, Manuel Guerrero imparte un curso sabatino sobre historia inglesa y del argot utilizado en Liverpool, en la Academia Morsa, ubicada en el interior de Abbey Rock. Los estudiantes varían en rango de edades y acuden por igual niños que adultos mayores; ahí los pequeños se animan más a formar sus propias e incipientes bandas de rock practicando con canciones de Los Beatles. Incluso, existen grupos solo de niñas, como La Strawberry Band.

El cuarteto inglés sigue gozando de popularidad sin fecha de caducidad gracias a sus estrafalarios fans; su devoción no tiene límites. No importa que otros contemporáneos no hayan recibido la misma atención como Los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Deep Purple o Traffic. El solo nombre es sinónimo de fama y fortuna. Esperemos lleguar al aniversario de su centuria a la conquista de América.