Bankia no es más la “oveja negra” de la banca española

El principal banco del país ibérico, con 70% de capital estatal, superó la crisis que obligó al país a pedir ayuda por 40 mil millones de euros a la Unión Europea, en parte por fraudes.
El banco fue saneado y reestructurado, pero una treintena de sus funcionarios enfrentan la justicia por desvío de fondos y otros cargos.
El banco fue saneado y reestructurado, pero una treintena de sus funcionarios enfrentan la justicia por desvío de fondos y otros cargos. (Dominique Faget/AFP)

Madrid

El banco Bankia, que estuvo al borde de la quiebra en 2012, llevando a España a pedir una ayuda europea de más de 40 mil millones de euros, ya no es la oveja negra del sector y se dispone a convertirse en un valor estrella de la bolsa.

Hace 18 meses "era parte del problema de la economía española", confesaba recientemente a la prensa el ministro de Economía, Luis de Guindos, antes de añadir que "hoy es parte de la solución".

La vida de este banco, nacido de la unión en 2010 de siete cajas de ahorros, entre ellas la prestigiosa Caja Madrid, se convirtió en una montaña rusa desde su entrada en bolsa en 2011 hasta mayo de 2012 en que fue nacionalizado por el Estado, forzado a socorrerlo inyectándole unos 20 mil millones de euros. Este rescate histórico llevó a España a pedir una ayuda europea de 41 mil 300 millones de euros para el conjunto del sector.

El 23 de diciembre, el banco, saneado y reestructurado, volverá al Ibex-35, el índice de los principales valores de la Bolsa de Madrid, del que había salido el 2 de enero debido a su remodelación.

Señal de que su evolución es el perfecto reflejo de la situación del país, vuelve a la primera línea del sector un mes antes del fin del programa de ayuda al sector.

Cuarto banco del país con una capitalización de unos 12 mil millones de euros, era un "claro candidato a entrar de nuevo en el Ibex-35", explica Javier Urones, analista de la firma de corretaje XTB.

Deshaciéndose de sus activos inmobiliarios dudosos y vendiendo varias participaciones, volvió a números verdes con un beneficio neto de 161 millones de euros en el tercer trimestre.

Ahora, Bankia, que tiene siete millones de clientes y 70% de su capital es del gobierno español, es "una entidad solvente y bien capitalizada" y "la tenemos que hacer rentable", afirmaba hace poco su presidente, José Goirigolzarri.

Esta revolución tiene un costo social: de tres mil 100 sucursales, el grupo ha pasado a menos de dos mil. De aquí a 2015, espera suprimir 6 mil empleos, 28% de su plantilla. Los accionistas vieron desvalorizarse sus títulos en más de 90% desde la entrada en bolsa. En cada acto, o casi el presidente de Bankia es recibido por decenas de jubilados, que protestan por haber perdidos sus ahorros en acciones preferentes que el banco les había vendido.

"Es un banco que tiene muy mala imagen en España", reconoce Javier Urones, y "le queda todavía bastante recorrido por hacer para al menos ser comparable con los grandes pesos dentro del sector financiero español", dijo, subrayando su "gran punto negativo": "su cartera de inversiones inmobiliarias", del que "casi 100% de la actividad de la compañía está localizado en España", país que tiene una ingente cantidad de viviendas sin vender.

"Todavía queda mucho por hacer", asesgura Alberto Roldán, analista de Lloyds Bank: "terminar la estructuración, vender filiales, reorganizar el tamaño del grupo, optimizar la cartera de clientes, y no olvidemos, en última instancia, devolver el dinero (público) que han inyectado".

Al mismo tiempo, sus problemas judiciales están lejos de haberse terminado, ya que una treintena de responsables están siendo investigados por fraude, desvío de fondos y falsificación de cuentas.