“Bachelet también choca con los grandes poderes”

Aunque el caso de Chile sea diferente al de Argentina y de Brasil, también ahí la presidenta actual libra una “batalla campal” con la oposición, afirma el doctor en ciencias sociales.
El especialista de la Universidad Iberoamericana considera “titánica” la reversión del pinochetismo.
El especialista de la Universidad Iberoamericana considera “titánica” la reversión del pinochetismo. (Ariana Pérez)

Ciudad de México

La presidenta Michelle Bachelet, electa en 2014 con 62% de votos con la coalición de centro-izquierda e izquierda Nueva Mayoría, perdió en Sudamérica a sus aliadas Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff. Y si bien el contexto chileno es otro, también Bachelet libra una "batalla campal con poderosos intereses" ligados al pinochetismo, afirma el doctor Darío Salinas Figueredo, profesor-investigador emérito de la Universidad Iberoamericana (UIA), doctor en ciencias sociales por la misma institución y coordinador del seminario permanente "Gobernabilidad e Instituciones Políticas en América Latina".

Con la reversión del kirchnerismo en Argentina y la "suspensión" de la presidenta Dilma Rousseff en Brasil es inevitable mirar a Chile donde la mandataria socialista Michelle Bachelet pretende anular la Constitución de 1980, heredada del dictador Augusto Pinochet. ¿Cuál es su situación en este segundo mandato?

Lo primero es que su triunfo electoral tiene como base una plataforma con importantes propuestas de reformas ligadas al sentir de la población. Por tanto, hay un compromiso con el contenido de tales reformas. Segundo, la coalición que viabiliza su proyecto, Nueva Mayoría, no es exactamente la misma que hizo posible su primer mandato en 2006-2010, la llamada Concertación. En este marco hay que decir que los dos primeros años de su gobierno han sido de una verdadera batalla campal con los poderosos intereses y sus expresiones institucionales frente a los temas de las reformas. Las acciones de los partidos de la derecha, en especial la Unión Demócrata Independiente, las decisiones del Tribunal Constitucional, el papel distorsionador de los medios, en particular El Mercurio y una docena de emisoras ligadas al grupo Prisa, todo eso ha venido frenando y entorpeciendo el contenido esencial de los cambios en los temas de educación, reforma laboral, tributaria, derechos sociales y el cambio de la Constitución. Si las reformas avanzan y se concretan a favor de una sociedad más justa, seguramente la contraofensiva neoliberal antigubernamental será mucho más radical.

En estos días, la crisis ambiental en el archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, con millares de peces y moluscos muertos, hizo decir a los pescadores que "la marea roja es responsabilidad del sistema, no solo del ambiente"...

En efecto, la marea roja es un desastre ambiental pero es solamente el reflejo de una profunda crisis social y económica heredada de la dictadura, que sentó las bases para una sociedad profundamente concentrada. Millares de pescadores artesanales se ven enfrentados a la pesca de arrastre, ligada a una media docena de grandes consorcios salmoneros en manos de un puñado de empresas nacionales y transnacionales, que también se han beneficiado de las leyes laborales heredadas de la dictadura y de la vigencia, en suma, de un modelo económico desregulado y supeditado a la demanda externa.

La concentración de la riqueza es muy llamativa en Chile...

De hecho, es la sociedad más privatizada de América Latina y el sitio de una de las mayores desigualdades sociales en la región. Para algunos, la situación chilena está muy distante del resto de América Latina, pero por ejemplo el Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) hace de Chile uno de sus eslabones esenciales en el sur de América: hacer más libre aún el libre mercado, desregular aún más la econompia cuando a la vez vemos que el 25% del PIB chileno se concentra en cuatro grandes familias de empresarios –Luksic, Matte, Angelini y Paulmann. El golpe de Estado de 1973 contra Salvador Allende creó las las condiciones económicas, políticas e institucionales para que se diera esta concentración y a 43 años de distancia, revertir esto sigue siendo una tarea titánica. Además, en un contexto donde no solo te enfrentas a estos grandes poderes, incluyendo los poderes fácticos, mediáticos, sino también a una labor permanente de la hegemonía hemisférica ligada a los intereses de la política de Estados Unidos.

¿Hay similitudes con los escenarios de Argentina o de Brasil?

Es posible que hoy el escenario de la lucha en Chile no sea idéntico al que atraviesan otras sociedades como la argentina, la brasileña y también la venezolana, en particular ahora en el marco del juicio político o impeachment a la presidenta Dilma Rousseff. Pero a su medida, la coalición de gobierno de la presidenta Bachelet se enfrenta a esos mismos intereses. Es el modelo neoliberal el que se resiste a ser cambiado.

Para el Nobel de Literatura peruano, Mario Vargas LLosa, el juicio a Dilma Rousseff debe ser celebrado como "un triunfo de la libertad". ¿Qué opina al respecto?

Todo el mundo sabe que Mario Vargas LLosa ha sido siempre un partidario de los esquemas más conservadores. No obstante, es lamentable que la intelligentsia no esté a favor de los argumentos más esclarecedores. No se puede celebrar un golpe de Estado, que es lo que ha ocurrido en Brasil. A las cosas hay que llamarlas por su nombre aunque sea un "golpe blanco". El primer ensayo de esto se dio en el año 2009 en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya y en 2012 se replicó de forma muy similar en Paraguay contra el presidente Fernando Lugo.

"Tampoco se puede olvidar, para los que tenemos memoria, el golpe de Estado del general Pinochet contra Salvador Allende y su paralelismo con el proceso de desestabilización en Venezuela, con escasez de medicinas y alimentos, algo muy sensible para la población.

"Creo también que el escenario de América Latina hoy por hoy es el de mayor confrontación que hemos vivido para infortunio nuestro y también un desafío para el pensamiento latinoamericano, para el pensamiento crítico que quiere entender, que no quiere pasar gato por liebre, y que quiere reconocer los errores para no volverlos a repetir en este proceso de grandes transformaciones que requiere hoy día esta población latino-caribeña de 620 millones de habitantes."